Freitag, 22. März 2024

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         Cuando llegamos a la casa del difunto zapatero Cliôn, y como la puerta estaba del

todo abierta, nuestros ôculos abriêronse porque Aspasia limpiaba con un trapo rojo el pi-

so en cuatro patas, [allende que llevando puesta una saya corta], posiciôn que diome pâ-

bulo de amplificar afirmativamente lo siguiente : Iaco, oh Iaco!!

---Quê Kosmos, el querido de la fêmina no quisiera asperjar el jardîn de Babilonia?

---Cratino, yo sê que tû estâs plenamente consciente de a quiên pertenece lo que acabas

de preguntar.

---Kosmos, no te preguntê a quiên pertenecîa.

---Kosmos, eso de Iaco, oh Iaco, es el refrân lanzado por las ninfas que iban a los mis-

terios de Eleusis, segûn lo que lêese en tu novelôn.

---Aspasia, sabes lo que maravîllame?

---Quê?

---Que te aprendas de memoria lo que conviênete o gûstate.

---Y eso no serîa una razôn suficiente como para aprendêrmelo asî?

---Iaco no es otro de los nombres de Dioniso, Kosmos?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Aspasia, y por quê tû limpias el suelo de una casa en la que ya no vive nadie?

---Cratino, por una vieja creencia que ahora no estoy para explicarla.

---Tû la conoces, Kosmos?

---No idea de la creencia de la que ella habla.

---Y cômo ustedes supieron de que yo estaba aquî?

---Aspasia, de nosotros estar aquî no es por otra cosa que por la de los libros que inte-

rêsanme del librero.

---Kosmos, y cômo entrarîas a la casa, por la ventana como yo?

---Tengo una lleva, Aspasia.

---Ah sî? Ya te la habîa dado Cliôn? Por quê no me lo dijiste?

---Me la dio el sepulturero Yelas.

---Cômo?

---Aspasia, Yelas fue un buen amigo no sôlo de Cliôn sino asimismo de mi padre; la

ûltima vez que me vio yo tenîa cuatro años.

---Y cômo pudo reconocerte despuês de tantos años?

---Por mi tîo que dîjoselo.

---Entonces tu tîo estuvo presente en el entierro?

---Intempestiva pregunta, Aspasia, porque tû sabes que Cliôn fue un buen compinche 

de mi tîo. Pero si te digo a quiên conocî, o mejor dicho, quiên me reconocîô, y el que

allende es el padre de Esmeralda..

---Kosmos, no pero si, sino que dilo de una vez.

---Al general Francisco Sotolongo Almendrades (Francis), el militar actual al mando y

de la academia militar.

---Cômo, que el padre de Esmeralda es general? Y por quê dijiste me reconocîo, acaso

te conocîa?

---No directamente sino que a travês de una foto pegada a un acta, y donde estân unos 

cuantos problemas mîos de disciplina en la academia acumulados como sardinas en la-

ta.

---Que tû pasaste por esa academia?

---Êsa es la res, êsa!! Y amên de la que me expulsaron.

---Cômo no expulsarte con tales problemas.

---Mas hay otra cosa.

---Escucho , Kosmos, escucho.

---El general tiene un gallo, y el que aprecia mâs por los beneficios que apôrtale que y

por su canto.

---Kosmos, cômo no tener en cuenta que el gallo es eterno sîmbolo de lo erôtico.

---Y cômo yo no creerte el cômo de tenerlo en cuenta.

---No empieces con tus acusaciones directas. Y quê mâs hablaste con el general?

---Cosas someras que ya no tienen relevancia.

---Seguro que tales cosas, Kosmos?

---Si no me crees pregûntale al general.

---Kosmos, cambia el mêtodo, que este explorativo ya no funciona, por conocerlo de

sobra, asî que ya sabes. Y quiên mâs estuvo en el entierro?

---Helade y Efîaltes, que trajeron una corona de margaritas cândidas, pero con ellas

no hablê, por lo cual no pude imitar el rol fuerte de Elio Arîstides.

---Kosmos, quiên es Elio Arîstides?

---Cratino, un neurôtico interesante.

---Kosmos, ese rol no te pega, asî que dêjate de jueguito. Miren, yo sigo con la limpie-

za.

---Y nosotros, koritzîa, vamos al librero.

---Kosmos, quê significa koritzîa?

---Aspasia, significa muchacha.

---De saber cômo se dice muchacho te lo dirîa, Kosmos.

---No hace falta, porque ya dejê de serlo.

---Mira, si tû no quieres que te dê un trapazo, ponte en funciôn de coger los libros de

tu interês.

---Cratino, al avîo!! Al librero, que un golpetazo con ese trapo rojo duele doble.

---Y por quê duele doble?

---Te explico despuês, mâs tarde.

         Acopas la sirena de un vehîculo policial deja de sonar precisamente al frente de

la puerta de la casa, la que aûn estaba abierta. No demoran en penetrar en la vivienda

dos criaturas arropadas con una tela del color que yo detesto, siendo la mâs jayana de

êstas  la que amplifica en voz alta que se presentaran  en la sala todos los que estaban

dentro de la casa, allende que con la mano derecha puesta encima de un pistolôn den-

tro de la cartuchera que colgaba de la parte izquierda. Seguido a estar los tres al fren-

te de los representantes de la autoridad, mas que no tan rectos como estacas clavadas,

yo pregunto cuâl era el problema y sin dilaciôn muestro la llave, siendo entonces que

el policîa quita la mano de donde la tenîa y dice:

---Recibimos una llamada por el motivo de que esta casa, de la que su dueño acaba y

de ser enterrado, habîa sido ocupada por tres personas.

---Oficial, si yo tengo la llave no cree usted...

---Ciudadano, nosotros no estamos aquî para creer nada sino para cumplir con la in-

violable orden de llevarlos a la estaciôn, lugar donde estarân hasta que se aclare del

todo el asunto, asî que los tres môntense en el vehîculo, y no traten de escapar si es

que no quieren buscarse un problema mayor.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---Quê usted acaba de decir, ciudadano?

---Pensaba en voz alta oficial, sôlo eso.

---Pues controle su pensamiento, que si le toca ir a juicio podrîase utilizar êste no a

favor sino en contra de usted mismo. Entendido?

---Tan transparente como el cuerpo de carâmbanos colgantes.

---Ciudadano, dêje de hablar cosas que no se entienden y escuche lo que voy a decir:

Usted siêntese en la parte delantera del vehîculo, o sea, al lado de mi compañero que

es el chofer, y ustedes dos conmigo en la parte trasera. Alguna duda? Igual, que y de

todas maneras estân arrestados.













  






 


































    

















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