Mâs por las cincuenta veces que (diariamente) fecunda a la gallina que por su in-
defectible y temprano canto encima de la verja es que a su gallo aprecia Francisco So-
tolongo Almendrades (Francis), el general actual frente al mando de la academia mili-
litar construida encima del Karakorum. No asombrôme que fuera lo anterior lo prime-
ro que amplificôme mi tîo en el cementerio del Cerâmico, y debido, ostensible estâ, a
que êl sabe de que en mi novelôn el gallo simbôlicamente ludicô un rol destacado, por
lo que la frase "el canto de un gallo encima de la verja" sale a puesto, a colocaciôn en
mâs de una ocasiôn. En lo atinente al aprecio, cômo no pensar entonces o que el gene-
es amante de los huevos, o que a la zaga del telôn vêndelos al por mayor? Por la cues-
tiôn de sensatez este pensar no dîjeselo a mi tîo, empero sî hîcele la siguiente pregun-
ta: quê pinta un general en el entierro de un zapatero? Al canto mîrame mi tîo, pîde-
me que sîgalo, y despuês de estar separados unos pocos metros de los presentes dîce-
me que la respuesta a mi pregunta la sabrê con lo que me contarâ de forma corta.
Francisco Sotolongo Almedrades estuvo en Âfrica; por aquel entonces tenîa la po-
quîsima edad de veintidos años y su grado era el de sargento. Tres meses despuês de
su llegada a una zona de conflicto de gran consideraciôn fue alcanzado por una bala
que le atravesô el tobillo derecho, motivo por el cual fue trasladado al hospital mâs
cercano para una intervenciôn quirûrgica. Despuês de ser operado el cirujano que lo
operô le dijo que como mînimo deberîa permanecer en el hospital dos semanas, ade-
mâs de asegurarle de que êl mismo encargarîase de hablar con el superior en el pues-
to de mando. Una semana despuês llega al hospital Cliôn por lo de la explosiôn de
la mina, es operado, y cuando sale del salôn va a parar nada mâs y nada menos que
al mismo cuarto donde estaba Francisco. Al estar una cama al lado de la otra tuvie-
ron la posibilidad de conocerse y de entrar en verba, de contarse historias, de inge-
rir dos porciones de comida en el caso de que uno de los dos no quisiera la suya por
la razôn de la parvîfica cantidad de sal o de especias Y en fin, que despuês del hos-
pital pasaron dos años, y al coincidir los regimientos de ambos en la susodicha zo-
na de conflicto pudiêronse volver a ver, oportunidad que aprovecharon para despe-
dirse a continuaciôn del triunfo logrado frente a la hueste enemiga, ya que al cum-
plir Cliôn su tiempo de servicio militar retornarîa a casa en cuarenta y ocho horas.
Nueve años despuês entêrase Cliôn [por alguna lengua que jamâs dîjome de quiên]
de que Francis habîa enpezado a trabajar en la academia mas ya con el grado de ca-
pitân, pero como êl siempre tuvo pavor por las alturas nunca subiô al macizo mon-
tañoso, a lo que agrêgase su cojera que ya tenîa desde que se fue de Âfrica. Y pun-
to final.
---Entêrome ora de lo del pavor a las alturas.
---Bueno, ya estâs enterado.
---Êsa es la res, êsa!! Mas ora me es menester hacerte otra pregunta: si no viêronse
mâs cômo supo el general del sucumbiento del zapatero Cliôn?
---Eso no lo sê, Kosmos, pero si quieres saberlo pregûntale al general.
---Câspita!!
---Ya sê de tu rechazo por todo lo que sea militar, por cualquiera que lleve puesto un
uniforme verde.
---Y aun asî me dices que si quiero pregûntele a uno uniformado con el color verde?
---Creo que estâ de mâs lo que te dije.
---Y otra pregunta: cômo tû supiste lo del gallo del general?
---Kosmos, como representante de la senecta guardia de esta ciudad tengo la posibili-
dad de tener mâs de un conocido que conoce a Francis.
---Y por quê no me dijiste antes lo del gallo?
---Porque al ver al general me acordê de eso.
---Seguro que no lo has visto antes?
---Kosmos, primera vez que lo veo, asî que saca de tu testa cualquier tipo de duda o
sospecha, que nada tengo que ver ni con la iglesia ni con los militares. Ah, que ya y
como que se me olvidaba, no demorarê mucho en devolverte la pâgina que al estudio
de arqueologîa le falta.
---La con la numeral nueve. Y por quê no me dijiste que la arrancaste?
---Y quê importancia tiene eso? Te lo digo ahora?
---Y de olvidarlo cômo me lo dirîas ora?
---Kosmos, deja de hacer preguntas y mejor regresemos al punto del que nos separa-
mos, que ya estâ la caja metida en el hueco.
---Age en plural, age!!
Sin corneta, cornamusa o gaita terminô el entierro del zapatero Cliôn, De extra-
ñarme una cosa no fue otra que la ausencia de Aspasia, la que allende de ser la vecina
predilecta del difunto fue por êste querida como una hija. Como despuês, mâs tarde la
pregunta al respecto no faltarîa, no dejarîa de ser la forma mâs rauda de saber el por-
quê de no venir, de quê valdrîame en este instante calentar mi testa con un pensar ince-
sante, amên que traerîa como consecuencia el ampulamiento de mi sorprendimiento y,
con êste, o la pejiguera con resonancia o el claveteo con extensiôn.
---Kosmos, se puede saber quê fue lo que te dijo tu tîo?
---Cratino, contôme sobre el dônde conociêronse el general y el zapatero Cliôn.
---Dônde?
---En Âfrica.
---Lo que claramente explica la presencia del general, no?
---Cratino, hace falta el signo de interrogaciôn?
---Ni que yo fuera Sôcrates para saber lo que no hace falta.
---Cratino, y cuândo Sôcrates tomô un signo de interrogaciôn como algo que puede
comprarse?
---Te explicas, Kosmos?
---Escucha. Puêdese adquirir un signo de interrogaciôn?
---No!!
---Y si de no adquirirse puêdese encontrar en el mercado?
---Tampoco!!
---Y si tampoco cômo es que Sôcrates lo pudiera mirar para considerarlo como algo
que no hâcele falta paseando por el âgora?
---Como que entiendo esta mayêutica como un querer llegar a la conclusiôn de que
estoy equivocado con lo que dije.
---No estâs muy lejos de la res.
Acopas acêrcaseme el general, y con su voz anâloga al sonar de un trueno jupi-
teriano dîceme:
---Hay un acta en la academia con tu foto y en la que lêese que fuiste expulsado de ês-
ta por cuestiones disciplinarias, y que por las mismas mâs de una vez te sancionaron a
quedarte sin pase los fines de semana.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Dêjole revelado a usted que ha-
ce tantîsimo de eso, y como tal cuasi que ni me acordaba, Mas dîgame: cômo usted pu-
do reconocerme, porque la susodicha foto que estâ en el acta es de hace mâs de treinta
años?
---Kosmos, desde que te vî te reconocî; no ha cambiado mucho tu jeta; pero eso sî, que
sale a relucir y como tal nôtase bastante, la blancura de tu pelo te hace mâs viejo de lo
que eres.
---Mondo lirondo que frente al espejo no me pongo!
---Quien te escuchara pensarîa que eres poeta.
---Pues no pensarîa al escucharme mal; aunque eso sî, por ser realidad que no mentira,
lo poêtico ha crecido en mî con el tiempo que no que el tiempo haya sido el causante y
de que poetice con crecimiento.
---Mi hija no se equivocô al decirme que expresas con total dominio de la palabra.
---Su hija?
---Esmeralda, Kosmos, Esmeralda es mi hija, y por lo mismo ya estoy enterado de la y
relaciôn que tienes con ella, pero te dejo claro que ella nada tuvo que ver con el que yo
viniera a convensar contigo.
---Vaya res la de la vida. Quiên me dirîa a mî que estarîa con la hija de un general.
---Kosmos, tienes algo contra los generales?
---Señor, eso serîa una conversaciôn de facto larga; no carecerîa de una perîstasis espe-
cîfica, concreta, y que asegûrole que podrîa molestarle.
---Kosmos, ya con mi edad, con la experiencia que tengo poquitîsimas cosas me moles-
tan; y te digo mâs, decir que tal vez te servirîa de algo porque en mi juventud tanto la
rebeldîa como el rechazo fueron Pi constante, me encantan las conductas que no enca-
jan en lo que por comûn mantiene un obedecimiento por no violar reglas de conducta
subrayadas o establecidas.
---Señor general, usted me ha dejado con la boca abierta, porque no esperaba de usted,
un militar con alto grado y al frente de una academia militar, tales palabras.
---Kosmos, estas palabras quedan entre tû y yo.
---Señor, yo tambiên las escuchê.
---Muchacho, si tû eres amigo de Kosmos no lo serâs por gusto.
---Su ônoma es Cratino, señor general, y es un amigo mîo desde hace una sûmula de
años; es tan tumba como yo.
---Kosmos, por eso decîa de que si es amigo tuyo en êl confîas, porque un amigo y de
tantos años no se mantiene por sôlo una cantidad de tiempo, sino porque es garante de
cierto mutismo que si no por caracterizarle la prudencia. Y hablando de amigos acabo
de ver el entierro de uno: del zapatero Cliôn.
---Sentimos la pêrdida, usted y yo, del mismo amigo.
---Muy humano, Kosmos. Y bueno, que ya debo regresar a la academia por la respon-
sabilidad que tengo, me despido y te deseo un bonito dîa, aunque tambiên a tu amigo,
mas antes de irme te digo algo: trata bien a mi hija Esmeralda, la que ademâs de y ser
una destacada farandulera tiene un buen corazôn.
---De facto, señor, asî es el trato, es la forma con la que de ôrdago hâgola feliz como
mujer.
---Cômo como padre no sentirme conforme con tus palabras? Y adiôs, y que dure la re-
laciôn.
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