Sonntag, 17. März 2024

50 (cap 5)

         Mâs por las  cincuenta veces que (diariamente) fecunda a la gallina que por su in-

defectible y temprano  canto encima de la  verja es que a su gallo aprecia Francisco So-

tolongo Almendrades (Francis), el general  actual frente al mando de la academia mili-

litar construida encima del  Karakorum. No asombrôme que fuera lo anterior lo prime-

ro  que amplificôme mi tîo en el cementerio del Cerâmico, y debido, ostensible estâ, a

que êl sabe de que en mi novelôn el gallo simbôlicamente ludicô un rol destacado, por

lo que la frase "el canto de un gallo encima de la verja" sale a puesto, a colocaciôn en

mâs de una ocasiôn. En lo atinente al aprecio, cômo no pensar entonces o que el gene-

es amante de los huevos, o que a la zaga del telôn vêndelos al por mayor? Por la cues-

tiôn de  sensatez este pensar no dîjeselo a mi tîo, empero sî hîcele la siguiente pregun-

ta: quê  pinta un  general en  el entierro de un zapatero? Al canto mîrame mi tîo, pîde-

me que sîgalo, y despuês de estar separados unos pocos metros de los presentes dîce-

me que la respuesta a mi pregunta la sabrê con lo que me contarâ de forma corta.

      Francisco Sotolongo Almedrades estuvo en Âfrica; por aquel entonces tenîa la po-

quîsima  edad de veintidos años y su grado  era el de sargento. Tres meses despuês de

su  llegada a una  zona de conflicto de gran consideraciôn fue alcanzado por una bala

que  le atravesô el tobillo  derecho, motivo por  el cual fue trasladado al hospital mâs

cercano  para una intervenciôn  quirûrgica. Despuês de ser operado el cirujano que lo

operô le dijo que como mînimo deberîa permanecer en el hospital dos semanas, ade-

mâs de asegurarle de que êl  mismo encargarîase de hablar con el superior en el pues-

to de mando. Una  semana despuês  llega al hospital  Cliôn  por lo de la explosiôn de

la mina, es operado, y cuando  sale del  salôn va a parar  nada mâs y nada menos que

al  mismo  cuarto donde estaba Francisco. Al estar una  cama al lado de la otra tuvie-

ron la  posibilidad de conocerse y de entrar en verba, de  contarse historias, de  inge-

rir dos  porciones de comida en el caso de que uno de los dos no quisiera la suya por

la razôn de la  parvîfica cantidad de  sal o de especias Y en fin, que despuês del hos-

pital  pasaron dos años, y al coincidir los  regimientos de ambos en la susodicha zo-

na  de conflicto pudiêronse  volver a ver, oportunidad que aprovecharon para despe-

dirse  a continuaciôn del  triunfo logrado frente a la hueste enemiga, ya que al cum-

plir Cliôn  su tiempo de  servicio militar  retornarîa a casa en cuarenta y ocho horas. 

Nueve años despuês entêrase Cliôn [por alguna lengua que jamâs dîjome de quiên]

de que Francis habîa enpezado a trabajar en la academia mas ya con el grado de ca-

pitân, pero como êl  siempre tuvo pavor por las alturas nunca subiô al macizo mon-

tañoso, a lo que  agrêgase su cojera que ya tenîa desde que se fue de Âfrica. Y pun-

to final. 

---Entêrome ora de lo del pavor a las alturas.

---Bueno, ya estâs enterado.

---Êsa es la res, êsa!! Mas ora me es menester hacerte otra pregunta: si no viêronse

mâs cômo supo el general del sucumbiento del zapatero Cliôn?

---Eso no lo sê, Kosmos, pero si quieres saberlo pregûntale al general.

---Câspita!!

---Ya sê de tu rechazo por todo lo que sea militar, por cualquiera que lleve puesto un

uniforme verde.

---Y aun asî me dices que si quiero pregûntele a uno uniformado con el color verde?

---Creo que estâ de mâs lo que te dije.

---Y otra pregunta: cômo tû supiste lo del gallo del general?

---Kosmos, como representante de la senecta guardia de esta ciudad tengo la posibili-

dad de tener mâs de un conocido que conoce a Francis.

---Y por quê no me dijiste antes lo del gallo?

---Porque al ver al general me acordê de eso.

---Seguro que no lo has visto antes?

---Kosmos, primera vez que lo veo, asî que saca de tu testa cualquier tipo de duda o

sospecha, que nada tengo que ver ni con la iglesia ni con los militares. Ah, que ya y

como que se me olvidaba, no demorarê mucho en devolverte la pâgina que al estudio

de arqueologîa le falta.

---La con la numeral nueve. Y por quê no me dijiste que la arrancaste?

---Y quê importancia tiene eso? Te lo digo ahora?

---Y de olvidarlo cômo me lo dirîas ora?

---Kosmos, deja de hacer preguntas y mejor regresemos al punto del que nos separa-

mos, que ya estâ la caja metida en el hueco.

---Age en plural, age!!

          Sin corneta, cornamusa o gaita terminô el entierro del zapatero Cliôn, De extra-

ñarme una cosa no fue otra que la ausencia de Aspasia, la que allende de ser la vecina

predilecta del difunto fue por êste querida como una hija. Como despuês, mâs tarde la

pregunta  al respecto no  faltarîa, no dejarîa de ser la forma mâs rauda de saber el por-

quê de no venir, de quê valdrîame en este instante calentar mi testa con un pensar ince-

sante, amên  que traerîa como consecuencia el ampulamiento de mi sorprendimiento y,

con êste, o la pejiguera con resonancia o el claveteo con extensiôn. 

---Kosmos, se puede saber quê fue lo que te dijo tu tîo?

---Cratino, contôme sobre el dônde conociêronse el general y el zapatero Cliôn.

---Dônde?

---En Âfrica.

---Lo que claramente explica la presencia del general, no?

---Cratino, hace falta el signo de interrogaciôn?

---Ni que yo fuera Sôcrates para saber lo que no hace falta.

---Cratino, y cuândo Sôcrates tomô un signo de interrogaciôn como algo que puede

comprarse?

---Te explicas, Kosmos?

---Escucha. Puêdese adquirir un signo de interrogaciôn?

---No!!

---Y si de no adquirirse puêdese encontrar en el mercado?

---Tampoco!!

---Y si tampoco cômo es que Sôcrates lo pudiera mirar para considerarlo como algo

que no hâcele falta paseando por el âgora?

---Como que entiendo esta mayêutica como un querer llegar a la conclusiôn de que

estoy equivocado con lo que dije.

---No estâs muy lejos de la res.

          Acopas acêrcaseme el general, y con su voz anâloga al sonar de un trueno jupi-

teriano dîceme: 

---Hay un acta en la academia con tu foto y en la que lêese que fuiste expulsado de ês-

ta por cuestiones disciplinarias, y que por las mismas mâs de una vez te sancionaron a

quedarte sin pase los fines de semana.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Dêjole revelado a usted que ha-

ce tantîsimo de eso, y como tal cuasi que ni me acordaba, Mas dîgame: cômo usted pu-

do reconocerme, porque la susodicha foto que estâ en el acta es de hace mâs de treinta

años?

---Kosmos, desde que te vî te reconocî; no ha cambiado mucho tu jeta; pero eso sî, que

sale a relucir y como tal nôtase bastante, la blancura de tu pelo te hace mâs viejo de lo

que eres.

---Mondo lirondo que frente al espejo no me pongo!

---Quien te escuchara pensarîa que eres poeta.

---Pues no pensarîa al escucharme mal; aunque eso sî, por ser realidad que no mentira, 

lo poêtico ha crecido en mî con el tiempo que no que el tiempo haya sido el causante y

de que poetice con crecimiento.

---Mi hija no se equivocô al decirme que expresas con total dominio de la palabra.

---Su hija?

---Esmeralda, Kosmos, Esmeralda es mi hija, y por lo mismo ya estoy enterado de la y

relaciôn que tienes con ella, pero te dejo claro que ella nada tuvo que ver con el que yo

viniera a convensar contigo.

---Vaya res la de la vida. Quiên me dirîa a mî que estarîa con la hija de un general.

---Kosmos, tienes algo contra los generales?

---Señor, eso serîa una conversaciôn de facto larga; no carecerîa de una perîstasis espe-

cîfica, concreta, y que asegûrole que podrîa molestarle.

---Kosmos, ya con mi edad, con la experiencia que tengo poquitîsimas cosas me moles-

tan; y te digo mâs, decir que tal vez te servirîa de algo porque en mi juventud tanto la

rebeldîa como el rechazo fueron Pi constante, me encantan las conductas que no enca-

jan en lo que por comûn mantiene un obedecimiento por no violar  reglas de conducta

subrayadas o establecidas.

---Señor general, usted me ha dejado con la boca abierta, porque no esperaba de usted,

un militar con alto grado y al frente de una academia militar, tales palabras.

---Kosmos, estas palabras quedan entre tû y yo.

---Señor, yo tambiên las escuchê.

---Muchacho, si tû eres amigo de Kosmos no lo serâs por gusto.

---Su ônoma es Cratino, señor general, y es un amigo mîo desde hace una sûmula de

años; es tan tumba como yo.

---Kosmos, por eso decîa de que si es amigo tuyo en êl confîas, porque un amigo y de

tantos años no se mantiene por sôlo una cantidad de tiempo, sino porque es garante de

cierto mutismo que si no por caracterizarle la prudencia. Y hablando de amigos acabo

de ver el entierro de uno: del zapatero Cliôn.

---Sentimos la pêrdida, usted y yo, del mismo amigo.

---Muy humano, Kosmos. Y bueno, que ya debo regresar a la academia por la respon-

sabilidad que tengo, me despido y te deseo un bonito dîa, aunque tambiên a tu amigo,

mas antes de irme te digo algo: trata bien a mi hija Esmeralda, la que ademâs de y ser

una destacada farandulera tiene un buen corazôn.

---De facto, señor, asî es el trato, es la forma con la que de ôrdago hâgola feliz como

mujer.

---Cômo como padre no sentirme conforme con tus palabras? Y adiôs, y que dure la re-

laciôn.


 














 










   



 



 















 









 










 


  





 






 


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