Non plus ultra de veinte minutos llegamos a la academia militar. Ni bombos ni
trompetas, claro estâ, mas que sî el cortejo de ocho cadetes que nos concomitô hasta
llegar al edificio central donde estân tanto las oficinas de los militares con mayûscu-
la charretera como los cuartos de êstos, aunque asimismo el departamento de control
donde la vigilancia es incesante, o sea, las veinticuatro horas. Para mî fue como traer
el pasado al presente, y como tal verme caminando por los pasillos angostos, largos e
impolutos, con la diferencia de que en vez de como visitante como un insuborninado
que serîa sancionado nueva y severamente, porque la rebeldîa, en un lugar como êste,
pâgase carîsimo, mas que un precio que a mî dâbame lo mismo, porque o me fugaba
o entraba en atingencia con Fonia, como ya dije. Estuve a punto de reîrme cuando el
general detuvo el paso debido a que un cadete no saludô militarmente, y al que sobre
el pucho pidiôle la libreta de disciplina para apuntar, con su puño y letra, la cometida
indisciplina, siendo entonces cuando Cratino pregûntame:
---Kosmos, me puedes decir el porquê de que casi que te rîes?
---Cratino, porque si te digo las veces que yo fui castigado por lo mismo hasta tû mis-
mo te vas a reîr.
---Y el cadete quê pinta en este edificio?
---O tiene algûn problema o es uno en funciôn de la limpieza.
---En funciôn de....no entiendo.
---Escucha. Cada mes cada batallôn tiene una semana dedicada a la guardia en las di-
mîles postas y a la limpieza tanto de los armamentos como a la de este edificio.
---Entonces este cadete forma parte de algûn batallôn que esta semana se dedica a ta-
les cosas.
---Cratino, tû me fastidias?
---Eso creo, Kosmos, creo que sî, que te fastidio.
Y entonces dice el general:
---Ya podemos seguir con el paso. Sîganme, que no falta mucho para llegar a mi ofici-
na.
Y cômo no ladear mi testa hacia la izquierda al pasar por la oficina donde Fonia
trabajaba como secretaria y acomodaba su tafanario en una silla lujosa? Ella fue para
mî la incunabula de mi experiencia en el mundillo cupidoso; sus besos acarreâbanme
un temblor; sus manos quemaban, y sus caricias y abrazos transportâbanme a una has-
ta el momento no muy conocida galaxia donde pastichâbanse todos estos estimulantes
como componentes en una caldoza.
---Kosmos, y quê hay con esa oficina?
---Aspasia, quê hubo.
---Y quê fue?
---Te cuento despuês, mâs tarde.
---Por lo que es de esperarse que no me cuentes nada, porque cuando tû dices eso, y
ademâs de un decir muy repetido en tu novelôn, es que...
---Todo en su justa medida, en el momento oportuno y con la persona precisa.
---Ay, quê gracioso!!
---Con garbo es que canta el gallo encima de la verja.
Seguido a decir el general: hemos llegado a mi oficina, sacô del bolsillo el lla-
vero del que colgaba el sîmbolo de los tres zarcillos, razôn por la de yo preguntarle:
---General, interêsale a usted la triple diosa y la energîa de la numeral tres?
---Kosmos, el hecho de que sea general no quiere decir que carezca, que no tenga y
preferencias. Pasen, acomôdonse.
A continuaciôn pensê que si las "preferencias" del general son por las del mun-
dillo celta, serîa imposible con êl tener una interesante amistad? Mas quedôme claro
que no era un general muy comûn, por lo que empecê a entender el porquê de que êl
dijêrame, y en la conversa en el cementerio del Cerâmico, cierta cosa que hîzome re-
flexionar, y que, allende, dejôme resonancia. Y otra res: cômo no acordarme de una
criatura novelada? El cocinero de Irlanda. Con este acicateante personaje tuve la po-
sibilidad de mantener viva mi atingencia con Escandinavia, aunque especîficamente
con el paîs del que es oriundo un artîfice que escribiô una novela que dos veces he
leîdo, la que saca a puesto, a colocaciôn una historia que pasa en veinticuatro horas
mas que el autor necesitô once años para escribirla. Insôlito empero cierto: es cierto
porque es imposible? No Tertuliano, ora te nombro mas no hâgote caso, mas el cau-
dal no pierdo de tu dadora sentencia que de facto sustenta como una cesta atiborra-
da de alimentos imprescindibles. Por extensiôn Meli, Meli-melosa, un adjetivo con
existencial dulzura, edulcorado porque lo considerê propicio para establecer defini-
tivamente una conexiôn entre ella y el cocinero de jaez lujurioso, de pandemûnica
fiesta por lo caracterizante entre ambos que a su vez harîa posible lo correspondien-
te, lo que enlaza, atiza o deja nudo, que no hay sufragio para lo que semejante atrae
porque no hay urna para tal cual e întimo voto.
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