Y entonces digo en voz alta: es mi tîo, el que tiene los resortes de la acciôn ocultos
en el thymôs, donde ni la razôn ni la piedad pueden alcanzarlos.
---Cômo, Kosmos, cômo?
---Cratino, no tiene relevancia, no-la-tiene.
Cuando le abrî la puerta, y debido a la velocidad con la que ascendiô por los pel-
daños, estaba mâs sofocado que alguna criatura que hubiese corrido delante de un toro,
motivo por el cual tuve que decirle:
---Quîtate el sombrero y êchate aire.
---Tû como siempre, Kosmos, incesante con las ocurrencias. Puedo pasar?
---Câspita!! Y desde cuândo pregûntasme si puedes o no pasar?
---Desde ahora. Estâs a punto de soltar la risa. Voy adentro.
Seguido a quitarse el sombrero y el gabân los presentes saludan a mi tîo, y dîcele
Aspasia a êste que se puede sentar en el sofâ, que donde uno caben dos; y clarîsimo es-
tâ, que una posiciôn inadecuada frente a ôculos conservadores puede acarrear si no la
querella el decir con eufemismo para hacer menos dolorosa una indefectible verdad, a
continuaciôn de sentarse correctamente, o sea, de estirar las piernas.
---Y quê tal el cepillo de fibra de carbono que compraste en la feria?
---Kosmos, de muy buena calidad, por lo que no se pudieran quejar mis discos de mû-
sica clâsica.
---Señor, y desde cuândo se puede quejar un disco?
---Muchacho, que te llamas Aristarco, no?
---Asî es, êse es mi nombre.
---No debes entender taxativamente lo que digo, mis palabras.
---Parecido a lo que dice Kosmos.
---Kosmos, me preparas mi bebida favorita?
---Aspasia, puedes ocuparte tû de hacerle tê a mi tîo?
---Cômo no, Kosmos, un deleite. Me voy a la cocina.
---Gracias, Aspasia!
---De nada, tîo!
---Y barrûntame, tîo, a quê dêbese el honor de tu visita?
---Dos palabras que pudieran ser el motivo de tu prôxima risa: Tîo y honor.
---Que te conoce bien tu tîo, Kosmos.
---No te creas que tan bien, Aristarco.
---Sobrino..
---Câspita!! Ora sî que rîome, porque por cosas de ponderamiento...
---Kosmos, deja el ponderamiento y la risa, que soy portador de una noticia taciturna.
---Amplifica cuâl es, amplifîcala!!
---Falleciô el zapatero Cliôn hace pocas horas.
---Amên que taciturna patêtica. Y quê pasôle, de quê feneciô, porque estaba bien la y
ûltima vez que lo vi?
---Segûn me contô Diopeites, el que por cierto se encargarâ de la correspondiente mi-
sa pasado mañana, muriô de un infarto despuês de abrir un hueco con la pala, pero sa-
bes dônde cayô su cuerpo sin vida? En el mismo hueco que abriô.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Entonces el hueco abierto no
es pequeño.
---No he visto el hueco; pero sî, que tiene que ser asî porque de lo contrario cômo ca-
berîa el cuerpo completo, debe ser grande. Pero me alivia algo frente a la muerte y de
mi viejo amigo: el poder haber hablado con êl no hace mucho.
---Mas tû en la catedral barroca?
---No no!! Diopeites me lo contô por telêfono, y de paso me dijo que no podîa hacer
nada con la esquela escrita por mi hermano, tu difunto padre Tircano Cilatino.
---Mire tîo, aquî tiene su taza de tê. Quê, que falleciô Cliôn? Quê deplorable! Êl que-
rîame mucho.
---Gracias, Aspasia! Bueno, cosas de la vida. Y Kosmos, me dejas ver ese estudio re-
ciente de arqueologîa que te prestô el difunto?
---Estâ encima de la mesa de mi estudio. Por quê te interesa?
---Aûn no lo sê, pero me gustarîa echarle una mirada.
---No hay problema. Ya sabes dônde estâ.
---Voy a tu estudio entonces.
Empero en lo que mi tîo miraba el estudio reciente de arqueologîa, Aspasia pre-
gûntame el porquê de que el sombrero moviêrase de un lado a otro en el piso, siendo
entonces que despiêrtase mi curiosidad y, sin dilaciôn, voy a ver quê pasa. Como no
hacîa falta pericia alguna por tratarse de una acciôn hacedera, agarro el sombrero por
la parte de arriba, pôngomelo y quêdome mirando una crecidita cucaracha blanca, la
que a pesar de ya no tener protecciôn quedôse inmôvil.
---Kosmos, por quê te quedas mirando la cucaracha? Mâtala, mâta ese insecto asque-
roso.
---No, Aspasia, no!! Y por quê? Porque aunque sea un insecto dictiôptero tiene vida.
---Pues entonces côgela con un papel y bôtala por el balcôn.
---Aspasia, que puede ser que regrese volando.
---Ah, pero para colmo es voladora? Pues haz algo râpido, que si no le caigo a chan-
cletazos.
---No te has fijado en una cosa?
---En quê, kosmos, en quê?
---En que la cucacracha es blanca y el sombrero es negro.
---Ya me puedo imaginar por dônde viene la cosa.
---Cratino, me importa poco eso.
---Verdad que no quieres saberla, Aspasia.
---No, Cratino, no! Boten esa mierda!!
---Quê es lo que estâ pasando aquî?
---Señor, que su sobrino estâ mirando esa cucaracha como si fuese un delfîn.
---Aspasia, que las cucarachas no muerden.
---Pero son asquerosas.
---Kosmos, y por quê tienes puesto mi sombrero?
---Porque la cucaracha estaba debajo.
---A ver, dame acâ la cucacracha.
---Côgela, aquî la tienes. Êsa es la res, êsa!!
---Señor, y adônde usted va con la cucaracha?
---A ponerla en la escalera.
---Eso!! Sâquela del apartamento.
---Câspita Aspasia!!, que estâs peor que Gregorio Samsa.
---Kosmos, y quîên es ese Gregorio?
---Un personaje de "La metamorfosis", del artîfice Kafka.
---Sigue haciêndote el gracioso, sigue, que ya tû verâs.
---Kosmos, pônte circunspecto, que si no te van a castigar.
---Eso, Cratino, muy bien que se lo recuerdes.
---Aspasia, que a mî pocas cosas se me olvidan.
---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero...
---Mas la cucaracha ya estâ en la escalera.
---Vaya, quê alivio!!
---Ya cumplî con uno de los doce trabajos sin ser Hêrcules.
---Señor, que me parecîa usted una persona seria.
---Mi tîo una persona serîa parecîate? Nôtase bien que no lo conoces.
---Contra, Kosmos, traicionando a la familia? Quê vergüenza, que êsa no fue la edu-
caciôn que te dio mi hermano.
---Amplifîcote una observaciôn celebêrrima: nada hay vergonzoso si el pensamiento
tal no hâcelo.
---Cambiemos de perîstasis, y entonces dime: de quê se trata la sûmula de palabras
escritas en una hoja que estâ en tu mesa del estudio?
---A que estuve ocupado con la paranomasia.
---Ah, estâ bien, eso.
---Y quê me dices tû del estudio que viste?
---Que vi el estudio pero que no entendî nada. Te puedes reîr, si quieres.
---Suena el timbre de la puerta. Tû esperas a alguien, Kosmos?
---A nadie, Aspasia, a nadie. A quiên voy a esperar?
---Tal vez a Esmeralda.
---Voy a la puerta.
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