Mittwoch, 20. März 2024

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        Empero el honor que yo hâgole a Cratino bien sabe êl que aunque hâgaselo en mo-

mentos tempestivos nada tiene que ver con una laya juguetona de verbalismo forzado en

funciôn de sobresalir como reconocimiento, que [dudas no quêdanme] convencido estoy 

que  por ser un gran lector  la pericia no fâltale para hacer con palabras lo que antôjesele

o quiera. Por el tiempo  que hace que conôzcolo sê perfectamente que no es una criatura

dependiente del honor, arraigada a la creencia de que el halago es hontanar de estimula-

ciôn, creencia que tienen muchos aun habiendo comprobado que deplorablemente no es

asî sino que mâs bien una forma de lenificar la fuerza de lo que solivianta. 

---Kosmos, no me vayas a decir que tû conoces al sepulturero.

---Cratino, te dilucidas? Age!!

---Es que el sepulturero viene hacia nosotros. Mira hacia allâ.

          Mirê entonces hacia donde señalaba el dedo îndice de la mano derecha de Cratino

y efectivamente hacia nosotros venîa, amên que con una pala que descansaba sobre y el

hombro  derecho. Al estar a dos  metros de nosotros detiene su paso, deja caer la pala al

suelo y dîceme:

---Kosmos, si el zapatero Cliôn fue siempre un buen amigo tu padre, Tircano Cilatino,

tambiên. 

---Hoy parece ser el dîa que deben pasar cosas inesperadas. Señor, y como acaba de de-

cir, mi progenitor fue un buen amigo, mas cômo usted sabe mi ônoma, porque es prime-

ra vez que lo veo?

---No, Kosmos, la primera no es, pero sî la primera despuês de hace bastante tiempo, y

fîjate si es asî que tû tenîas la edad de cuatro años.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Señor, que de allâ a acâ he cam-

biado bastante. Cômo es que, entonces, usted me reconociô?

---Por tu tîo que me dijo no hace mucho: mira, Yelas, êse que estâ allî es Kosmos, que 

yo sê que tû y mi hermano hicieron linda amistad.

---Su ônoma entonces es Yelas.

---Sî, Kosmos, me llamo Yelas.

---Yelas, y mi tîo y usted son asimismo amigos buenos?

---A tu tîo lo conozco por ser parte de eso que llaman "la vieja guardia", de cuando en

esta ciudad los tiempos eran otros.

---Yelas, no cree usted que tanto un taxista como un sepulturero conocen a un montôn

de gente?

---Kosmos, eso es posible, pero dime: quieres saber si yo conozco a alguien?

---Aplausos, Yelas, que es usted una criatura inteligente.

---Gracias, Kosmos, gracias!! 

---En lo atinente a su pregunta respôndole que sî. Conoce usted al general Francis?

---Sî, Kosmos, lo conozco, y si êl estuvo aquî en el entierro fue gracias a mî que le di-

je por telêfono lo del fallecimiento de Cliôn.

---Queda respondida la pregunta que hîzole a mi tîo.

---Cuâl pregunta fue?

---Cômo supo el general de la muerte de Cliôn?, porque segûn contôme mi tîo êstos

no viêronse mâs despuês de la estancia en Âfrica.

---Y cômo supo tu tîo eso, Kosmos.

---Yelas, porque Cliôn dîjoselo. Sabe usted que Cliôn fue un buen amigo de mi tîo?

---No , Kosmos, ya que Cliôn jamâs me hablô de tu tîo.

---Yelas, y cuândo fue la ûltima vez que usted vio a Cliôn?

---Si mal no recuerdo hace dos semanas en su zapaterîa.

---Tan poco tiempo y ha dicho usted: si mal no recuerdo?

---Recuerdo bien que me dio una llave de su casa y me dijo: mete esta llave en tu lla-

vero que mi casa es la tuya.

---Este dar es bastante crîptico, Yelas, aun sabiendo yo que hay cosas que pasan...

---No hace falta que lo digas, que yo soy sepulturero.

---Yelas, y de quê sirve tener la llave de la casa de un amigo que ya no estâ en el primer 

sistema?

---Kosmos, no te dije que me dijo Cliôn que su casa era la mîa? Pienso comprar su ca-

sa, pero primero necesito un abogado.

---Câspita!! Vaya bueno que es el salario de un sepulturero!!

---Kosmos, bueno no es, pero sî que he ahorrado todo lo que he podido desde que em-

pecê con este trabajo.

---Yelas, disculpe la interrupciôn, mas como ha fluido la conversa me olvidê de decir-

le que êl es mi amigo Cratino.

--Contra, Kosmos, al fin me presentas.

---Ah, asî que te llamas Cratino, un nombre con destacada antigüedad.

---Asî es, Yelas. Encantado de conocerle.

---Seguro que estâs encantado de conocer a un sepulturero?

---Sî, Yelas, encantado estoy.

---Ya de hecho comenzô el hechizo.

---Puêdome reîr?

---Kosmos, la risa es tuya.

---Yelas, si usted lo conociera como conozco yo a Kosmos...

---Ya sê, Cratino, ya sê que bien que me conoces, mas no lo repitas que...

---Sigan con la conversa, que yo escucho.

---Câspita!! No me digas que te pusiste circunspecto, que tû me conoces.

---Kosmos, no me acabas de decir que no lo repitiera?

---No se fajen, que ustedes son amigos.

---No pasa nada, Yelas, ya estoy acostumbrado. Pero en serio, sigan conversando.

---Bueno, Kosmos, y como te decîa, que primero necesito un abogado, pero ninguno

conozco, aun siendo sepulturero.

---Yo tampoco, Yelas, pero tal vez sî Metôn.

---Y quiên es Metôn. Kosmos?

---Un banquero retirado y mi vecino.

---Y tû me puedes hacer el favor de preguntarle, Kosmos?

---Ostensiblemente que sî, Yelas. Tiene usted telêfono?

---No, Kosmos, no tengo, pero yo siempre estoy aquî hasta las ocho de la noche.

---Perfecto. En cuanto hable con Metôn paso por aquî. Y dîgame, Yelas: estâ interesa-

do usted en los libros?

---No!! Por quê preguntas?

---Porque algunos de los que hay en la librerîa de Cliôn me interesan.

---Hacemos una cosa, Kosmos.

---Cuâl, Yelas?

---Mira, aquî tienes la llave, asî que coge todos los libros que tû quieras, y cuando ven-

gas a decirme quê te dijo tu vecino Metôn me la devuelves.

---Gracias muchitantas, Yelas, gracias mâs de una!!

---De nada, Kosmos, de nada! Y me despido de ustedes, que aûn me queda tierra y en 

mâs de un hueco que echar.

---Al avîo, Yelas, al avîo!! En cuanto sepa algo vengo a decirle.

---Aquî estoy, Kosmos, aquî y hasta las ocho, como te dije.

---Adiôs, Yelas!!

---Adiôs, Cratino!

---Kosmos, y tu tîo se fue sin desperdirse?

---Nada nuevo, Cratino, que ni aun por senecto serîa relevante.

---Y quê hacemos ahora?

---Se te olvidô que tengo la llave que abre la puerta de la casa del difunto?

---Entonces vamos por los libros que te interesan?

---Êsa es la res, êsa!! Y andando, que entramos en calor.

---Tû hablando de entrar en calor?

---Y acaso tû no me conoces?

---Contra, Kosmos, contra, que te encanta fastidiarme. Claro, que si no? Rîete!!

---El fastidio conduce a la ataraxia que [...]




















 


































































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