Empero el honor que yo hâgole a Cratino bien sabe êl que aunque hâgaselo en mo-
mentos tempestivos nada tiene que ver con una laya juguetona de verbalismo forzado en
funciôn de sobresalir como reconocimiento, que [dudas no quêdanme] convencido estoy
que por ser un gran lector la pericia no fâltale para hacer con palabras lo que antôjesele
o quiera. Por el tiempo que hace que conôzcolo sê perfectamente que no es una criatura
dependiente del honor, arraigada a la creencia de que el halago es hontanar de estimula-
ciôn, creencia que tienen muchos aun habiendo comprobado que deplorablemente no es
asî sino que mâs bien una forma de lenificar la fuerza de lo que solivianta.
---Kosmos, no me vayas a decir que tû conoces al sepulturero.
---Cratino, te dilucidas? Age!!
---Es que el sepulturero viene hacia nosotros. Mira hacia allâ.
Mirê entonces hacia donde señalaba el dedo îndice de la mano derecha de Cratino
y efectivamente hacia nosotros venîa, amên que con una pala que descansaba sobre y el
hombro derecho. Al estar a dos metros de nosotros detiene su paso, deja caer la pala al
suelo y dîceme:
---Kosmos, si el zapatero Cliôn fue siempre un buen amigo tu padre, Tircano Cilatino,
tambiên.
---Hoy parece ser el dîa que deben pasar cosas inesperadas. Señor, y como acaba de de-
cir, mi progenitor fue un buen amigo, mas cômo usted sabe mi ônoma, porque es prime-
ra vez que lo veo?
---No, Kosmos, la primera no es, pero sî la primera despuês de hace bastante tiempo, y
fîjate si es asî que tû tenîas la edad de cuatro años.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Señor, que de allâ a acâ he cam-
biado bastante. Cômo es que, entonces, usted me reconociô?
---Por tu tîo que me dijo no hace mucho: mira, Yelas, êse que estâ allî es Kosmos, que
yo sê que tû y mi hermano hicieron linda amistad.
---Su ônoma entonces es Yelas.
---Sî, Kosmos, me llamo Yelas.
---Yelas, y mi tîo y usted son asimismo amigos buenos?
---A tu tîo lo conozco por ser parte de eso que llaman "la vieja guardia", de cuando en
esta ciudad los tiempos eran otros.
---Yelas, no cree usted que tanto un taxista como un sepulturero conocen a un montôn
de gente?
---Kosmos, eso es posible, pero dime: quieres saber si yo conozco a alguien?
---Aplausos, Yelas, que es usted una criatura inteligente.
---Gracias, Kosmos, gracias!!
---En lo atinente a su pregunta respôndole que sî. Conoce usted al general Francis?
---Sî, Kosmos, lo conozco, y si êl estuvo aquî en el entierro fue gracias a mî que le di-
je por telêfono lo del fallecimiento de Cliôn.
---Queda respondida la pregunta que hîzole a mi tîo.
---Cuâl pregunta fue?
---Cômo supo el general de la muerte de Cliôn?, porque segûn contôme mi tîo êstos
no viêronse mâs despuês de la estancia en Âfrica.
---Y cômo supo tu tîo eso, Kosmos.
---Yelas, porque Cliôn dîjoselo. Sabe usted que Cliôn fue un buen amigo de mi tîo?
---No , Kosmos, ya que Cliôn jamâs me hablô de tu tîo.
---Yelas, y cuândo fue la ûltima vez que usted vio a Cliôn?
---Si mal no recuerdo hace dos semanas en su zapaterîa.
---Tan poco tiempo y ha dicho usted: si mal no recuerdo?
---Recuerdo bien que me dio una llave de su casa y me dijo: mete esta llave en tu lla-
vero que mi casa es la tuya.
---Este dar es bastante crîptico, Yelas, aun sabiendo yo que hay cosas que pasan...
---No hace falta que lo digas, que yo soy sepulturero.
---Yelas, y de quê sirve tener la llave de la casa de un amigo que ya no estâ en el primer
sistema?
---Kosmos, no te dije que me dijo Cliôn que su casa era la mîa? Pienso comprar su ca-
sa, pero primero necesito un abogado.
---Câspita!! Vaya bueno que es el salario de un sepulturero!!
---Kosmos, bueno no es, pero sî que he ahorrado todo lo que he podido desde que em-
pecê con este trabajo.
---Yelas, disculpe la interrupciôn, mas como ha fluido la conversa me olvidê de decir-
le que êl es mi amigo Cratino.
--Contra, Kosmos, al fin me presentas.
---Ah, asî que te llamas Cratino, un nombre con destacada antigüedad.
---Asî es, Yelas. Encantado de conocerle.
---Seguro que estâs encantado de conocer a un sepulturero?
---Sî, Yelas, encantado estoy.
---Ya de hecho comenzô el hechizo.
---Puêdome reîr?
---Kosmos, la risa es tuya.
---Yelas, si usted lo conociera como conozco yo a Kosmos...
---Ya sê, Cratino, ya sê que bien que me conoces, mas no lo repitas que...
---Sigan con la conversa, que yo escucho.
---Câspita!! No me digas que te pusiste circunspecto, que tû me conoces.
---Kosmos, no me acabas de decir que no lo repitiera?
---No se fajen, que ustedes son amigos.
---No pasa nada, Yelas, ya estoy acostumbrado. Pero en serio, sigan conversando.
---Bueno, Kosmos, y como te decîa, que primero necesito un abogado, pero ninguno
conozco, aun siendo sepulturero.
---Yo tampoco, Yelas, pero tal vez sî Metôn.
---Y quiên es Metôn. Kosmos?
---Un banquero retirado y mi vecino.
---Y tû me puedes hacer el favor de preguntarle, Kosmos?
---Ostensiblemente que sî, Yelas. Tiene usted telêfono?
---No, Kosmos, no tengo, pero yo siempre estoy aquî hasta las ocho de la noche.
---Perfecto. En cuanto hable con Metôn paso por aquî. Y dîgame, Yelas: estâ interesa-
do usted en los libros?
---No!! Por quê preguntas?
---Porque algunos de los que hay en la librerîa de Cliôn me interesan.
---Hacemos una cosa, Kosmos.
---Cuâl, Yelas?
---Mira, aquî tienes la llave, asî que coge todos los libros que tû quieras, y cuando ven-
gas a decirme quê te dijo tu vecino Metôn me la devuelves.
---Gracias muchitantas, Yelas, gracias mâs de una!!
---De nada, Kosmos, de nada! Y me despido de ustedes, que aûn me queda tierra y en
mâs de un hueco que echar.
---Al avîo, Yelas, al avîo!! En cuanto sepa algo vengo a decirle.
---Aquî estoy, Kosmos, aquî y hasta las ocho, como te dije.
---Adiôs, Yelas!!
---Adiôs, Cratino!
---Kosmos, y tu tîo se fue sin desperdirse?
---Nada nuevo, Cratino, que ni aun por senecto serîa relevante.
---Y quê hacemos ahora?
---Se te olvidô que tengo la llave que abre la puerta de la casa del difunto?
---Entonces vamos por los libros que te interesan?
---Êsa es la res, êsa!! Y andando, que entramos en calor.
---Tû hablando de entrar en calor?
---Y acaso tû no me conoces?
---Contra, Kosmos, contra, que te encanta fastidiarme. Claro, que si no? Rîete!!
---El fastidio conduce a la ataraxia que [...]
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