Freitag, 8. Januar 2021

La cazuela de Vitelio ( 786)

     Ve de nuevo el mismo huevo que rompiô la tela del bolsillo de su pantalôn,

mas al agacharse para otra vez apoderarse de êl, oye Kosmos una conversa en

lontananza. Aberturando bien sus oîdos, y de las tres voces que en un tono ba-

jito intercambiaban verba, el reconocimiento de dos de êstas le fue posible: la

de Cornelia y la de su abuela Lolia Paulina. A raîz de preguntarle a sus conco-

mitantes si tambiên escuchaban lo mismo que êl, y de recibir la respuesta que

no, Kosmos entonces posiciona su tafanario encima de una de las raîces, agre-

gândole a esta acciôn la de colocar la antorcha frente a êl sujetândola con fije-

za con la mano derecha. Entregado por completo a la correspondiente escucha,

a dejar que cada palabra penetrase por sus oîdos como perlas divinas, un senti-

miento de nostalgia apodêrase de êl al amplificar Cornelia las siguientes pala-

bras: Yo tuve que hacer lo que hice, tener en secreto a la campesina, parirla a

mi modo y en la casa que vino al mundo, porque no me quedô otra salida, que

jamâs me pasô por la testa interrumpir el embarazo, no, quê va!, eso nunca se

me ocurriô ni en sueños. Sabe usted, Lolia Paulina, que su nieto Kosmos por y

aquel entonces era tan testatudo, que convencerlo de algo era sumamente difî-

cil, por no decir imposible; cuando se aferraba a cualquier cosa costaba un tre-

mendo trabajo dirimir el aferramiento, la aplicaciôn de una paciencia enorme,

la que no estaba en mî ni en porcientos reducidos. Pero en fin, que asî la cosa

fue como decidî que fuera. Bueno, Cornelia, suelta Lolia Paulina,  aquî no es-

toy para juzgar o condenar, sentenciar lo que hiciste, mas sî como bisabuela y

que fui encontrar un gayo apoyo que refuerce mi orgullo pasado, porque con-

fiêsote que por aquellas edades lo tuve un tanto endeble, Pero sabes una cosa?

Si tû diste en adopciôn a tu hija, yo dejê de ver a la mîa durante largo tiempo,

etapa de mi vida de dolor y continuo llanto, por no decirte de sumas vigîlicas,

como si las deidadess, como condena, me hubiesen puesto êsta, lo que quiere

decir que por no poder dormir los pensamientos eran dobles respecto al tema

del que vêngote hablando. Pero Loliia Paulina, dice la tercera voz no conoci-

da por Kosmos y que es la de Cotisôn Alanda Coto, eso que dices del orgullo

dêbil me causa risa, porque hasta donde recuerdo era tremendîsimamente du-

ro, fuerte, o es que ya se te olvidô las seguidas riñas que tuvimos, los bofeto-

nes que nos dâbamos gracias a êl, a su reciedumbre? Pues no creo que bien y

recuerdes, dice Lolia Paulina, tu memoria no es la adecuada, la correcta ni y

tampoco la justa; tiene fallos y no es precisa, que las broncas y las bofetadas

no eran por eso, sino por celosîa, porque en las noches salîas del cuarto para

irte a encontrar con tus amiguitas de la corte, lo que despuês justificabas con

(unas) argumentaciones increîbles, si no que indignas de un rey: quê, se te ol-

vidô? Llegado a este punto de la conversa vêse en la necesidad Kosmos de y

sûbito abandonar la posiciôn que tenîa; y no debido a otra cosa, que no fue y

corta sino alargada, que a la de un pudiente movimiento de tierra que todo el

pasadizo removiô, asimismo que la causante del corte de la dialogizaciôn en

pleno desarrollo. A continuaciôn apâgase la antorcha, y ostensiblemente sin

dilaciôn alguna dîcele el turilupino a Kosmos: 

----Esto es como una señal de que ya debes regresar al punto de partida, re-

tornar a la puerta de entrada del pasadizo, a la que podrâs llegar siguiendo la

mancha dejada por la flama de la antorcha en la parte superior del angosto y

paso.

----Quê, pertenece tambiên a su oficio la creencia en supersticiones?, câspi-

ta!!, que esto es tan sôlo un fenômeno natural, el que repîtese en Bedriaco.

----Kosmos, que sê lo que te digo, regresa, regresa!!, que aparenta ser fenô-

meno natural pero no lo es....

----Sî, Kosmos, es mejor que retornes, que pudiera periclitar tu vida, eso!

----Y ustedes quê van a hacer?---pregunta Kosmos.

----Quedarnos en nuestro oikos, quedarnos!!---responde el begardo.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, dônde estân el ga-

to e Incitato?---pregunta Kosmos.

----Te das cuenta de que el fenômeno no es natural?---pregunta el turilupino.








  




 



 












    



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