Freitag, 22. Januar 2021

La cazuela de Vitelio (798)

    Sin tiempo que perder y a raîz de la conversa con celeridad y breve tenida con

Dido, con el objetivo de que êsta supiera cuâl era el precio a pagar por la sûmula

de arcos y flechas de Tublides de Malamonta, tanto êste como Kîntlico de Kostâ

arrumban sus pasos hacia el puerto de Bedriaco, donde comprarîan el pasaje con

destino al estrecho de España. Empero a mitad de camino, precisamente donde el

cartel que anunciaba la direcciôn a tomar para llegar a la Kosmona sobresalîa co-

mo una señal imprescindible, encuêntranse con el cazador, quien al recibir acopas

la noticia (deplorable) de la venta de todos los arcos y flechas de Tublides dice:

----Por un lado me alegro de que usted, Tublides, a partir de muy pronto cuente y

con un capital considerable; pero por el otro, que es el que tiene que ver conmigo,

la jovialidad no es tanta porque directamente me afecta.

----No se ponga melâncolico, cazador, que de hecho tanto los arcos como las fle-

chas quedaran mâs cerca de su alcance, ademâs que ya no tendrîa que viajar tan y

lejos para realizar la compra, ya que podrâ hacerla aquî mismo en Bedriaco.

----Quiere decir usted que directamente con Dido, Tublides de Malamonta?

----A lo mejor no directamente con ella, porque no creo que dedîquese personal-

mente a vender arcos y flechas, pero si algo queda seguro es que usted no tendrâ

ningûn tipo de problemas por ser cazador, ademâs que conocido.

----Ya verê, entonces, cômo serâ la cosa.

----Hablando de ver, cazador, ve usted a esa señora que viene hacia nosotros tan y

arreglada y vestida de etiqueta?----pregunta Kîntlico de Kostâ.

----Claro que la veo, y por primera vez, y cômo no voy a verla con mis ojos de ca-

zador?

----Proposiciôn: el cazador ve!---dice Tublides de Malamonta.

----Ya escucho el contagio adquirido en la Kosmona.

----Disculpen la interrupciôn, pero le pueden decir una cosa?

----Estamos a su disposiciôn, señora, quê desea saber?---pregunta el cazador.

----Si este es el camino correcto que conduce al templo de Jano Quirino?

----Es que no hay otro, asî que êste es el ûnico.

----Y aûn queda mucho para llegar al templo?

----Cuestiôn de minutos, señora, de minutos.

----Menos mal, porque ya me siento cansada [....] ese viaje en el navîo como que y

me ha dejado con algo de extenuamiento...

---Ya le creo a usted, porque yo hace ya bastante tiempo era el encargado de contro-

lar la disciplina en la embarcaciôn, y como tal conozco ese cansancio.

----De controlar la disciplina?, y desde cuândo en un navîo se controla eso?

----En êste sî porque es especial, ûnico y sin parangôn con otro; por tener, como ca-

pitân, a uno orcivo.

----Pero a tal capitân yo nunca lo vi...

----Nadie lo ve, ni yo con mis ojos de cazador.

----Y risas de Tublides y Kîntlico.

-----Y por quê se rîen ustedes?

----Porque dijo que no veîa con sus ojos de cazador---responde Tublides de Malamon-

ta.

----Pues sabe usted una cosa, señora?, si usted acaba de bajarse del navîo; nosotros su-

biremos en êl---dice Kîntlico de Kostâ.

----Y cuâl es el destino?

----El estrecho de España!

----Entonces es usted vendedor?

----Somos vendedores, êste que estâ a mi lado y yo---responde Kîntlico señalando y a

Tublides de Malamonta.

----Y usted quiên es, señora, que por su porte y aspecto no encaja aquî en Bedriaco?

----Yo soy Lacrusea, me llamo asî.

----Ah, es usted entonces la señora que visitaba el colegio de los sacerdotes Salios?

----Y cômo usted sabe eso?----pregûntale Lacrusea al cazador.

----Porque lo contô el flamen del templo al que usted se dirige en el ûltimo âgape en

palacio.

----Y quê mâs contô de mî?

----No mucho, sôlo que iba a consultarse con un amigo de êl, Pempeo Noncola, por y

motivo de los abusos de su novio Tircano Cilatino.

----Vaya memoria que usted tiene, cazador, ni me acordaba de eso---dice Kîntlico.

----Sî asî fue!!, ya que Pempeo Noncola sabîa demasiado sobre las ofrendas destina-

das al hijo de Juno; y yo, como siempre tenîa conflictos con Tircano Cilatino, necesi-

taba informaciôn.

----Y pudo usted solucionar tales conflictos con tan sôlo ofrendas?---indaga Tublides

de Malamonta.

----A decir verdad no del todo, pero sî algo que me ayudô bastante.

----Y a quê se debe su visita, si se puede saber, a Bedriaco, sôlo para ir al templo de y

Jano Quirino y ver al flamen?---pregunta el cazador.

----Es que desde hace años deberîa de haber venido, aunque no le dije la verdad a ese

controlador peonio, que no me pareciô de confianza.

----Deberîa, y por quê?

----Porque Pempeo Noncola, y en una de las consultas, me pidiô de favor que le entre-

gara al flamen los originales de unos poemas neronianos de su gusto, ya que êl por ra-

zones de salud no podîa hacer un viaje tan largo, y como yo le resulte confiable me los

dio con esa finalidad.

----Y nosotros le resultamos confiables, y por eso nos dice la verdad?---fisga Kîntlico

de Kostâ.

----Asî es!!, me parecen asî.

----Y quê usted le dijo al controlador peonio?---pregunta Tublides de Malamonta.

----Que venîa a ver al flamen por cuestiones de ayuda teolôgica.

----Siendo flamen eso es creîble, no lo contrario...

----Pero ademâs de no parecerme de confianza el controlador peonio, tambiên no dejê y

de pensar, que si le decîa lo que yo portaba, los originales de los poemas neronianos, tal

vez me los quitaba...

---Hasta cierto punto puedo entenderla, porque como vendedor en el estrecho de España

sê el valor que tienen las cosas originales; que no es bajo, a decir, y como tal pudieran re-

sultar funcional el intento por apoderarse de objetos o escrituras que una vez en venta ga-

rantes son de una cantidad de monedas considerable.

----Pero el flamen ya tiene una colecciôn de tales poemas---dice el cazador.

----Lo acaba de decir: una colecciôn!, que no son los originales---dice Lacrusea.

----Una colecciôn nunca tiene el mismo valor que los originales---destaca Kîntlico.

----De acuerdo totalmente, de acuerdo!!

----Bueno, señora Lacrusea, le deseo una buena estancia en Bedriaco, que yo debo irme,

ya que si no cazo no como, y a ustedes---continûa diciendo el cazador a los mâsculos---,

buen viaje al estrecho de España.

----Gracias, muchas gracias!!---afirma Lacrusea.

----Y a usted le deseo que tenga una buena caza para que su estômago no tenga carencia

sustancial---dice Tublides de Malamonta.

----Y yo le deseo lo mismo---dice Kîntlico de Kostâ. 





 










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