Sin tiempo que perder y a raîz de la conversa con celeridad y breve tenida con
Dido, con el objetivo de que êsta supiera cuâl era el precio a pagar por la sûmula
de arcos y flechas de Tublides de Malamonta, tanto êste como Kîntlico de Kostâ
arrumban sus pasos hacia el puerto de Bedriaco, donde comprarîan el pasaje con
destino al estrecho de España. Empero a mitad de camino, precisamente donde el
cartel que anunciaba la direcciôn a tomar para llegar a la Kosmona sobresalîa co-
mo una señal imprescindible, encuêntranse con el cazador, quien al recibir acopas
la noticia (deplorable) de la venta de todos los arcos y flechas de Tublides dice:
----Por un lado me alegro de que usted, Tublides, a partir de muy pronto cuente y
con un capital considerable; pero por el otro, que es el que tiene que ver conmigo,
la jovialidad no es tanta porque directamente me afecta.
----No se ponga melâncolico, cazador, que de hecho tanto los arcos como las fle-
chas quedaran mâs cerca de su alcance, ademâs que ya no tendrîa que viajar tan y
lejos para realizar la compra, ya que podrâ hacerla aquî mismo en Bedriaco.
----Quiere decir usted que directamente con Dido, Tublides de Malamonta?
----A lo mejor no directamente con ella, porque no creo que dedîquese personal-
mente a vender arcos y flechas, pero si algo queda seguro es que usted no tendrâ
ningûn tipo de problemas por ser cazador, ademâs que conocido.
----Ya verê, entonces, cômo serâ la cosa.
----Hablando de ver, cazador, ve usted a esa señora que viene hacia nosotros tan y
arreglada y vestida de etiqueta?----pregunta Kîntlico de Kostâ.
----Claro que la veo, y por primera vez, y cômo no voy a verla con mis ojos de ca-
zador?
----Proposiciôn: el cazador ve!---dice Tublides de Malamonta.
----Ya escucho el contagio adquirido en la Kosmona.
----Disculpen la interrupciôn, pero le pueden decir una cosa?
----Estamos a su disposiciôn, señora, quê desea saber?---pregunta el cazador.
----Si este es el camino correcto que conduce al templo de Jano Quirino?
----Es que no hay otro, asî que êste es el ûnico.
----Y aûn queda mucho para llegar al templo?
----Cuestiôn de minutos, señora, de minutos.
----Menos mal, porque ya me siento cansada [....] ese viaje en el navîo como que y
me ha dejado con algo de extenuamiento...
---Ya le creo a usted, porque yo hace ya bastante tiempo era el encargado de contro-
lar la disciplina en la embarcaciôn, y como tal conozco ese cansancio.
----De controlar la disciplina?, y desde cuândo en un navîo se controla eso?
----En êste sî porque es especial, ûnico y sin parangôn con otro; por tener, como ca-
pitân, a uno orcivo.
----Pero a tal capitân yo nunca lo vi...
----Nadie lo ve, ni yo con mis ojos de cazador.
----Y risas de Tublides y Kîntlico.
-----Y por quê se rîen ustedes?
----Porque dijo que no veîa con sus ojos de cazador---responde Tublides de Malamon-
ta.
----Pues sabe usted una cosa, señora?, si usted acaba de bajarse del navîo; nosotros su-
biremos en êl---dice Kîntlico de Kostâ.
----Y cuâl es el destino?
----El estrecho de España!
----Entonces es usted vendedor?
----Somos vendedores, êste que estâ a mi lado y yo---responde Kîntlico señalando y a
Tublides de Malamonta.
----Y usted quiên es, señora, que por su porte y aspecto no encaja aquî en Bedriaco?
----Yo soy Lacrusea, me llamo asî.
----Ah, es usted entonces la señora que visitaba el colegio de los sacerdotes Salios?
----Y cômo usted sabe eso?----pregûntale Lacrusea al cazador.
----Porque lo contô el flamen del templo al que usted se dirige en el ûltimo âgape en
palacio.
----Y quê mâs contô de mî?
----No mucho, sôlo que iba a consultarse con un amigo de êl, Pempeo Noncola, por y
motivo de los abusos de su novio Tircano Cilatino.
----Vaya memoria que usted tiene, cazador, ni me acordaba de eso---dice Kîntlico.
----Sî asî fue!!, ya que Pempeo Noncola sabîa demasiado sobre las ofrendas destina-
das al hijo de Juno; y yo, como siempre tenîa conflictos con Tircano Cilatino, necesi-
taba informaciôn.
----Y pudo usted solucionar tales conflictos con tan sôlo ofrendas?---indaga Tublides
de Malamonta.
----A decir verdad no del todo, pero sî algo que me ayudô bastante.
----Y a quê se debe su visita, si se puede saber, a Bedriaco, sôlo para ir al templo de y
Jano Quirino y ver al flamen?---pregunta el cazador.
----Es que desde hace años deberîa de haber venido, aunque no le dije la verdad a ese
controlador peonio, que no me pareciô de confianza.
----Deberîa, y por quê?
----Porque Pempeo Noncola, y en una de las consultas, me pidiô de favor que le entre-
gara al flamen los originales de unos poemas neronianos de su gusto, ya que êl por ra-
zones de salud no podîa hacer un viaje tan largo, y como yo le resulte confiable me los
dio con esa finalidad.
----Y nosotros le resultamos confiables, y por eso nos dice la verdad?---fisga Kîntlico
de Kostâ.
----Asî es!!, me parecen asî.
----Y quê usted le dijo al controlador peonio?---pregunta Tublides de Malamonta.
----Que venîa a ver al flamen por cuestiones de ayuda teolôgica.
----Siendo flamen eso es creîble, no lo contrario...
----Pero ademâs de no parecerme de confianza el controlador peonio, tambiên no dejê y
de pensar, que si le decîa lo que yo portaba, los originales de los poemas neronianos, tal
vez me los quitaba...
---Hasta cierto punto puedo entenderla, porque como vendedor en el estrecho de España
sê el valor que tienen las cosas originales; que no es bajo, a decir, y como tal pudieran re-
sultar funcional el intento por apoderarse de objetos o escrituras que una vez en venta ga-
rantes son de una cantidad de monedas considerable.
----Pero el flamen ya tiene una colecciôn de tales poemas---dice el cazador.
----Lo acaba de decir: una colecciôn!, que no son los originales---dice Lacrusea.
----Una colecciôn nunca tiene el mismo valor que los originales---destaca Kîntlico.
----De acuerdo totalmente, de acuerdo!!
----Bueno, señora Lacrusea, le deseo una buena estancia en Bedriaco, que yo debo irme,
ya que si no cazo no como, y a ustedes---continûa diciendo el cazador a los mâsculos---,
buen viaje al estrecho de España.
----Gracias, muchas gracias!!---afirma Lacrusea.
----Y a usted le deseo que tenga una buena caza para que su estômago no tenga carencia
sustancial---dice Tublides de Malamonta.
----Y yo le deseo lo mismo---dice Kîntlico de Kostâ.
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