Dienstag, 5. Januar 2021

La cazuela del Vitelio (784)

 (en el otro sistema)

     Sonaba una flauta sin que viêrase quiên la tocaba en el "instante" preciso en

que preguntâbale Flacius Ilyricus a su hermano Atabân:

----Sabes hasta dônde llegan las raîces ingentes que tienen su punto de incuna-

bula en la frontera de Irsû?

    Mas a raîz de la pregunta y del NO! dicho por Atabân, el capitân orcivo ines-

peradamente satisface el querer saber de Flacius Ilyricus diciendo:

---Se alongan hasta la roca Tarpeya y ocupan espacio en un pasadizo que termi-

na en la corte derruida de su arcaica majestad Vologeso; funcionan como un ca-

rril de transporte de entidades, 

----Como un carril de transporte de entidades?, no me diga usted.

----Poêticamente se lo digo, Flacius, de tal manera y no de otra.

----Y usted que lo sabe todo, capitân orcivo, puede decirme quiên toca la flauta

que se oye?----indaga Atabân.

----Esa pregunta mejor deberîasela responder Esopo, que sabe mejor que yo y a

quiên le vende sus flautas.

-----Aunque tambiên Ardalo pudiera tener una respuesta---agrega Casandra.

-----El que estableciô un culto a las musas en Trecene---señala el capitân orcivo.

----Segûn la historia de Plutarco se le atribuye la inventiva del instrumento suso-

dicho, que me lo dijo mi padre "el de los buenos pies".

-----Ya sê, Casandra, ya sê que asî los tiene----dice el capitân orcivo mirando al 

piso.

    

    De alguna manera el ônoma de Vologeso estaba vinculado con enfrentamientos

senectos en antiguas parasangas, con una sûmula de colisiones entre huestes de 

dos bandos oponentes, algo que tanto Atabân como Flacius Ilyricus sabîan ostensi-

blemente, y cômo no si ellos mismos participaron con la tribu germânica en busca

de triunfos y conquistas de terrenos con significancia relevante, no sôlo o debido a

razones estratêgicas, ya que al tener ciertas y determinadas caracterîsticas ofrecîan

la posibilidad conspicua de tender funcionales celadas a un ejêrcito completo, sino

tambiên por el hecho de alguno de ellos ser baricentro para las madrigueras de los

grifos, saliendo como consecuencia de esto la presencia de los "arimaspi, los que y

tenîan un solo ojo y robaban el oro desenterrado por los grifos.

----Entonces ustedes enfrentaban a esa raza arcaica y se quedaban con el oro que y

era hurtado?---pregunta Casandra.

---Pero el objetivo fundamental, Casandra, no era tanto el oro sino el de combatir y

con los arimaspi, enemigos declarados---aclara Atabân.

----Mas te podemos decir, Casandra, que no siempre podîamos vencer con la tribu

a los arimaspi, y como tal no siempre nos quedâbamos con el oro---agrega Flacius

Ilyricus.

-----De mis viajes por el mundo supe de esos expedicionarios, escuchê de ellos va-

rios relatos, comentarios espeluznantes----dice el capitân orcivo.

-----Segûn mi padre hay mucho de mentira en lo que se cuenta de los arimaspi; di-

ce que êl mismo no cree en la existencia de ellos...

-----Casandra, nosotros te podemos decir que si existieron, o es que acaso no oîste

lo que acabê de decir al respecto?

-----Claro que lo oî, Atabân, claro!

-----Casandra, a pesar de tu padre tener buenos pies, le faltô caminar mundo, salir

mâs de un rato de su curul mayestâtico y tomar conciencia de lo que sucedîa, pasa-

ba afuera---cuestiona el capitân orcivo.

----Olvîdense ahora de mi padre y dîganme: los grifos no se defendîan?

----Hacîan lo posible, Casandra, pero cuasi siempre terminaban con la testa cortada.

----No me diga usted eso, Flacius, verdad?

----Como lo acabas de escuchar, asî mismo!!


     Acopas ûnense al cuarteto los pintores Parrasio y Parresio, mas no para participar 

de  la temâtica en curso, en fluencia y desarrollo, sino por la atracciôn acarreada por 

la escucha de la palabra Trecene.

----Saben que una de mis primeras pinturas la hice en Trecene?---pregunta Parrasio.

----Y de las mîas, una de las primeras, fue del mismo lugar---dice Parresio.

----Algo extraño que siendo pintores no pinten?---pregunta Atabân.

----Nos enteramos ahora, Parrasio; digo, por lo menos yo no lo sabîa--- dice Casan-

dra.

----Usted carece completamente de sensibilidad, Atabân---dice Parresio.

----Yo no soy artista sino guerrero; bueno, lo fui.

----Y quê usted dice, capitan orcivo?----fisga Flacius Ilyricus.

----Que de las primeras pinturas ya sabîa.

----Esperaba ese decir!

----Y por quê usted pregunta lo que espera?

----Una pregunta que no esperaba!

----No empiecen con el dale para atrâs y para delante, que no estamos en la institu-

ciôn del nieto de Lolia Paulina---dice Casandra.

----Cômo le estarâ yendo a mi viejo aûn en bombeo amigo?----pregunta Parresio.

----Respôndale, capitan orcivo, respôndale---pide Casandra.

----Parresio, su inveterado amigo estâ ahora mismo dentro del pasadizo y creyên-

dose concomitado por su can Incitato y el gato del taumaturgo.

----Pero el turilupino y el begardo no son ilusiôn---dice Casandra.

----No me asombra que sepas eso por lo que ya he oîdo de ti---dice Parresio.

----Esos que nombraste, Casandra, son las guîas para que no se pierda Kosmos.

----Capitân orcivo, de todas maneras tiene una antorcha que va marcando con su

flama una lînea en la parte superior del pasadizo, no?

----Y de quê le sirvirîa eso si se apaga la antorcha?

----Buena pregunta la acabada de hacer, lôgica---dice Flacius Ilyricus que agrega:

pero creo que aun asi, Kosmos resolverîa salir del pasadizo, 

----Me parece que calculaste a Kosmos con tan sôlo verlo una vez---dice Atabân.

----Cierto!, la primera y la ûltima, en la cena en la corte de Dido, de su madre.

----Quê le pareciô, Parresio, el corpus de Dido?---pregunta el capitân orcivo.

----Lo pregunta usted por la pintura que le hice desnuda?

----Por quê si no, porque que yo sepa usted con ella jamâs tuvo una relaciôn se-

creta?

----Verdad que usted le hizo a la reina una pintura en tal condiciôn?

----Asî fue, Flacius Ilyricus, pero cuando la pintê ni pensaba en ser reina---dice

Parresio.

----Yo sê que pintarla costô su trabajo de convencimiento, cual recompensa fue y

el vaso murrano que usted le dio---dice el capitân orcivo.

----Quê memoria la de usted, grande!---afirma Parresio.

----Bueno, los tengo que dejar por las ocupaciones con el navîo, asî que hasta la y

prôxima---dice el capitân orcivo.

----De acuerdo, capitân orcivo, de acuerdo!----afirma Casandra.

----No se han dado cuenta de algo?---pregunta Flacius Ilyricus.

----De quê cuenta nos tenemos que dar?----indaga Casandra,

----De que la flauta ha dejado de sonar.

----No significa otra cosa que la finalizaciôn del acompañamiento de un culto.

----Cômo?

----Ya lo sabrâ, Flacius Ilyricus, que aûn estâ fresco, acabado cuasi de llegar al y

este sistema.

























 





 








    

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