Por el aureaum solidum y por el logos spermatikos comenzaba a interesarse el
flamen, razôn por la cual aprovechaba su tiempo libre, que era posible por la total
ausencia en el templo de Jano Quirino de criaturas que iban a confesarse, en nada
mâs y nada menos que en leer escritos breves sobre ellos, a su vez que sacados de
una monografîa por un cartulario desconocido, segûn dijo con palabras dejadas el
astrôlogo Sula tres dîas antes a las siete de la noche. Como unas castañuelas goza-
ba con la actividad de la lectura, con esa fruiciôn tîpica de los que prefieren sacar
de la verba lo mâximo posible en lo atinente a la gnosis, menos que los que posee-
dores ya de êsta utlilizarla para echar las habas con un propôsito determinado o si
no que con una funciôn especîfica en alguna reuniôn oculta, en algûn terreno pro-
picio o dispuesto para la magia o en el aquelarre------de verse las escobas volando
posibilidad no descartada; senectas fêminas y no lindas, en cotorreo o disputa por
el dominio de la cazuela hirviente, por la burbuja que salta para alcanzar conquis-
tas pudientes, tambiên. Mas si habrîa que sacar otra cosa a puesto, a colocaciôn, y
que no es otra que la ballesta recientemente aceitada, pero que menos con el obje-
tivo de colocarle una flecha sino que mâs bien por razones de conservarle en buen
estado su mecanismo, resalta como la un tanto impresionante, que si no como y la
causante de una pregunta lôgica que hacerse podrîa cualquier persona que detalla
con sus ojos, que escruta con su mirada a cada objeto que ocupa espacio, que posi-
ciona su forma [igual si horizontal que vertical] a raîz que su propietario en un lu-
gar la colocô, siendo por esto que (entonces) la interrogativa soltada por la señora
Lacrusea no fue nada intempestiva, mâs bien que la justa de acuerdo a la infaltable
captaciôn de sus retinas:
----Y desde cuândo un flamen tiene como propiedad una ballesta?, lo que no enca-
ja con su oficio.
----Me ha sacado usted acopas de mi lectura, me ha dado un susto tremendo, seño-
ra. Quê, viene a confesarse?---pregunta el flamen poniêndose de pie.
----No he venido para eso, sino para otra cosa.
----Y cuâl es êsa por la que usted ha venido a este templo de Jano Quirino?
----Se acuerda usted de Pempeo Noncola?
----Cômo no me voy (a)cordar de mi compinche teôlogo senecto del colegio de los
sacerdotes Salios, cômo olvidarlo?
----Pues mire, flamen, esto que tengo aquî es para usted de su parte, algo que me y
dio hace ya una buena cantidad de años, y discûlpeme que no haya venido antes.
----No lo puedo creer!!, originales de los poemas neronianos?, esto sî que es una în-
gente dâdiva divina, un regalo del cielo, quê maravilla, majorem esse causam ad fe-
licitatem eam quae est ex nobis eâ quae ex rebus oritur!!, pero esto que no descansa
en mî mayor acarrea felicidad.
----Cômo, flamen?
----De Metrodoro, el primer alumno de Epicuro....
----No sê quiên es êse!!
----No creo que diga mentira al decir que no lo conoce, porque acaba (de)cir que no
sabe quiên es. Pero, señora, quiên es usted?
----Yo soy Lacrusea, flamen, Lacrusea!!
----Cômo que Lacrusea, y usted no estaba muerta, no se habîa clavado el secespita?
----Es cierto que me lo clavê, pero no morî, aquî estoy no?
---Disculpe usted, es que eso fue lo que me dijo Pempeo Noncola, de ahî mi pregun-
ta.
----Muchos creen lo mismo que usted a partir de ese suceso, pero lamentablemente
con esos tantos que lo creen no me he vuelto a encontrar para que sepan que aûn viva
estoy, que respiro despuês del horadamiento con la punta afilada.
----Sabe usted una cosa?, que es interesante que usted haya venido un dîa como hoy.
----Por quê interesante?
----Porque hoy estamos en los Idu, el mismo dîa de cada mes que yo visitaba el senil
colegio de los sacerdotes Salios.
----Verdad que sî!!, hoy es el trece del mes de Febrero, que por cierto no es Viernes.
----La entendio a usted, señora Lacrusea, la entiendo perfectamente.
----Y entonces, flamen, por quê usted tiene esa ballesta?
----Tendrîa usted paciencia para escuchar la explicaciôn?
----Si la tuve para soportar los abusos continuos de Tircano Cilatino, cômo no para
oîr el porquê?
----Pues entonces, a ver, siêntese en esta silla, acomôdose, que muevo mi lengua y le
digo.
----Toda oîdo, flamen, toda!
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