Arrobado Kosmithôs por el halamiento de las âcraticas, allende que muy pa-
recido al de las ninfas con potencia distinguida, sentîase como en un sueño donde
todo es posible, el beneficio es absoluto y la fruiciôn ilimitada, motivo por el cual
y suficiente de no querer abandonar Albula. Su cuerpo al alcance de las seis adus-
tas manos transformose en un objeto con el que podîase jugar libremente, por lo y
que la negaciôn no fue de momento palabra recordada, como tampoco pertinentes
reacciones calaña (de)sagrado, ya fuese por un pellizco acopas que por un dejado
soplo en el hueco de una oreja. Olvidôse hasta del mundo con todos sus reglamen-
tos, de los reclamos y exigencias, de que debîa madurar para enfrentarse al porve-
nir con sus adecuadas contingencias, de las pesadeces indômitas de Sunev a las 3
de la mañana acosada por la vigilia, y por no decir que hasta de su nombre con su
resonancia justa en el espacio debido que lo hospeda o acoge exento del sumulôn
de musarañas.
Simultâneamente Kosmos salîa [ sin atisbar hacia atrâs] del removido pasadi-
zo, empero no con las manos vacîas: con la izquierda agarraba el huevo; con la y
derecha, la pêtrea (de esteatita) con la divisa grabada "qui non intelligi aut discat
aut taceat", la que resultâbale un tanto pesada por contener tres infinitivos para su
gusto cupulares: comprender, aprender y callar. Ser de rigor, entonces, que su po-
siciôn prôxima no fuera otra que la horizontal en la mesa redonda de la Kosmona,
y al lado de la pequeña estatua de Hermes cargando al niño Dionisio, trabajo rea-
lizado por el escultor Prixeletes, hijo de Kifisodoto. Mas si algo activô el pensar y
de Kosmos fue el aroma que sintiô de Betônica, el que râpido le dio pâbulo de ha-
cer un examen cêltico, pero esta vez impreciso en lo atinente a la matematizaciôn,
al câlculo tempestivo y al detalle ocasional, y mâs dedicado a la significancia bâsi-
ca. Como (con)secuencia no pudo faltar la de una "deformaciôn" de las palabras y
cêlticas bew ( cabeza) y ton (probar), dirimiento de una esencia y forma originales
que atizô la llama de su magîn, aurora capital o solvento imprescindible para darle
a un verso arropamiento conspicuo, si no que necesaria longevidad a la que la me-
moria recurre en el instante oportuno que es apremiante una brillosa o diamantina
dadorîa. Sin caer en hipertêlicos raramente concedidos, descendiô a una finalidad
de corte creativo, y es que entonces Kosmos triunfa con la conquista en terrenos y
propicios para el hallazgo de la definiciôn; y que claro, pincelada, al placer habrîa
que ver cuânto y de mucho le ampula su medida no trazada por un esbozo o plani-
ficaciôn anterior, acento previo al coruscar de las prendas mâs valiosas que por în-
clitas y preferentes lumbran como estrellas fijas, dando igual la constelaciôn a la y
que por anankê pertenecen, que el carro del Sol pase como sîmbolo repasado, pro-
ducto piramidal sin oponentes de hipotenusa; o sea, sin la sombra acotada de un y
triângulo fantaseado contrario al ângulo que apellîdase recto.
Una efîmera pausa del halamiento de las âcraticas posibilîtale a Jancia decirle
a Kosmithôs:
----Mira, mira, tu padre ha llegado, pero sin traer la antorcha que no hace mucho le
prestamos.
----Creo que entonces debo vestirme para recibir, sin desnudez, al progenitor--dice
Kosmithôs acudiendo a sus ropas.
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