(monôlogo de Kosmos)
Sîmbolos adultos que muêvense, que raudo traslâdanse de un plano horizontal
al colchôn de una nube, donde de hecho no periclita el mâs crecidito un tanto en
funciôn hiperbolativa, aunque tambiên donde rebota una pelota lanzada por y un
brazo bien que largo, guisa ludicativa de un continuo proyectar florecimientos y
asuntos con colores y ornamentos, igual si por aborregamiento una oveja en po-
ca edad deba seguir al pastor que por temporada de invierno dormir mucho en el
aprisco, destino señalado a lo mejor desde un Principio cuando acarreô Prometeo
problemillas circunspectos, aunque Hefestos beneficiârase con la adusta dadorîa,
elemento fundamental de entre los que son conspicuos. Afuera la badomîa al ha-
ber siempre un telos, una meta repasada, un centrillo en lontananza con serpenti-
nes y caramelos que estimula a que sea aplicada la valiosa perseverancia, el em-
pellôn concienzudo que dase a tiempo per se la ôntica voliciôn de un nombrado
por creatividad vigîlico marinero, allende que buscador de los paliativos contun-
dentes para la sinfonîa triunfal que resuena una y mil veces en la esfera diaman-
tina de la constelaciôn de un sistema, formaciôn alîcuota que posible un suspiro
hace seguido al disertamiento de un temilla capital, la aurora y el rosicler en dûo
indefectible y libres de la batuta o del corifeo senil, asimismo que del transeûnte
que apellîdase badulaque y tocando una matraca china a las dos de la madrugada;
hora que sâbese, por un barroco juglar con pudiencia y tenoridad magnas, que es
la propicia para el despertar de los monjes que no son cartujos de un templo olvi-
dado en la misma ciudad donde bâilase la capuchina.
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