----Pero, Kosmos, en todo caso tu joven sordera, no sordidez, no?----fisga Perra-
siestes.
----Câspita, al fin alguien diose cuenta de mi no muy lejano error cometido...
----Y yo que estaba preguntando por Martin, menos que por esa badomîa tuya.
----Badomîa, Kosmithôs?
----Sî, vate!!, por quê la pregunta?
----Por nada, para celebrârtelo, que estâs aprendiendo palabras serias....
----Es que de una pâgina que leîa cada noche, ahora leo dos y mâs concentrado
en la pâgina....
----Y risas del vate.
----Yo no creo en esa badomîa seriamente; o mejor decir, que Kosmos la haya en
serio cometido---dice el didâscalos filosôfico mirando a Perrasiestes, mas que de
soslayo a Kosmos para no reîrse.
----Es que usted sabe, domina, conoce, didâscalos, que como no estaba consciente
de lo que buscaba, sucediô una inesperada expresiôn....
----Hasta con tus mismas palabras tu juegas, y no tan sôlo con las de los demâs..
----Perrasiestes, y para entrar en fiesta no es mejor ser un buen paradigma que sû-
bito nôtese?
----Kosmithôs, Martîn no tiene importancia; su presencia es breve; llegô a puesto
para que otro logos se la llevê----clara el didâscalos filosôfico.
----Y punto a la raya y que continûe la letra.
(en el templo de Jano Quirino)
Seguido a echarle una miradita a los originales poemas neronianos traîdos por
la signora Lacrusea; mas someramente, porque si profunda hubiêrase olvidado de
la señora presente, el flamen guarda la ballesta engrasada en el estuche correspon-
diente sin haber dilucidado el porquê de su tenencia, ya que al no insistir en saber
Lacrusea en la explicaciôn pertinente en lo atinente a la pregunta por ella formula-
da, de la que saldrîa la respuesta que dejarîa inteligible el motivo por el cual en su
poder tiene un flamen un arma tan perniciosa, la dilucidaciôn debida carecîa de re-
levancia o si no que (ya) no era menester, aunque analizândolo por otro lado dete-
nidamente, a la postre y al cabo no tendrîa que ser Lacrusea tan chismosa como re-
galadamente dejôlo demostrado que era, sin que nadie se lo pidiera, de forma gra-
tuita; o sea, sin que por lo menos unos denarios o sestercios pagaran por extensiôn
una parte de su calaña que caracteriza a su persona, a un pedazo de êsta que siendo
es lo que es; y entonces: pudiera ser diferente?
----Señora Lacrusea, desea usted beber una copita de vino o de leche?
----Cômo que una copita de leche, flamen, no serîa muy aburrida?
----Cada cual es dueño de sus propios adjetivos, aunque tambiên selecciona lo que
considera ambrosîa...
----Pues sabe usted una cosa?, me quedo con la copita de vino.
----Y estâ usted famêlica, señora Lacrusea?; que tengo, como manjar, tortas de tri-
go y queso.
----Carezco de selecciôn, asî que ingiêrolos a los dos, a la torta y al queso...
----Pues regreso enseguida, no se aburra---dice el flamen yendo en busca de lo que
ofreciô.
Dândose cuenta de que el paso del flamen era lento, de lo que sale el pensar lô-
gico de que su regreso no serîa en seguida, como acababa de decir, abandona la si-
lla la signora Lacrusea y dirîgese a la mesa donde leîa aquêl. Interesada mâs y por
el logos spermatikos que por el aureaum solidum, por sonarle êste demasiadamen-
te un nombre quîmico, allende que por asociaciôn jamâs relacionôse con laborato-
rista instrumentaria o algo parecido, sus retinas concentrâronse en leer un burujôn
de escritos y apuntes deslavazados, algo que como tal resultôle un caos tremendîsi-
mo, pero a su vez no carente de atracciôn seductiva; y posible, sobre todo êsta, por
eso de la participaciôn de cada palabra en el verbo universal. Mas si algo no pudo
eludir, a pesar de la susodicha atracciôn, fue el hacerse la pertinente pregunta: Cuâl
es el verbo universal?
---Señora Lacrusea, eso que usted estâ haciendo no es correcto, porque no contô ni
con mi aprobaciôn ni con mi beneplâcito para que lo hiciera--puntualiza el flamen.
----Disculpe usted mi atrevimiento, flamen, pero como usted me dijo: no se aburra,
pensê que libremente podîa entretenerme.
----No es que usted haya pensado mal, sino de que mâs bien no entendiô justamen-
te lo que quise decirle con lo que le dije---dice el flamen a la vez que pone sobre la
mesa la bandeja con la copa de vino, las tortas de trigo y el queso.
----Su manera de expresarse, flamen, es muy parecida a la de Pempeo Noncola.
----Y por quê usted cree, entre otras cosas, que êramos compinches?
----Pero quê bueno estâ este vino; toda una ambrosîa; se puede comprar aquî en al-
gûn lugar, flamen?----indaga Lacrusea a raîz del primer sorbo.
-----Lamento decirle que no, porque se trata del conditum paradoxum, que sôlo es
posible beberlo en la corte, pero como soy buen amigo de Dido, una que otra vez
me da una botellita, me la obsequia como regalo.
-----Sabe usted la composiciôn que tiene, porque debe de ser buena?
----Pimienta negra, laurel, lentisco, azafrân, colofonia y brea.
----No digo yo cômo no va a tener un sabor asî: delicioso!!
----Ambrosîa sin parangôn y sin posibilidad de compra.
----Privilegio el de usted de ser buen amigo de la reina, no?
----Eso deberîa de llevar un signo de afirmaciôn, no de pregunta.
----Tiene usted razôn, flamen, la tiene toda, completa. Y dîgame, flamen: el verbo
universal cuâl es?
----Pues vuêlvase a sentar, señora Lacrusea, pôngase cômoda, que con deleite ma-
yûsculo inmediatamente se lo digo.
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