Mirândolo con mejor lumbre, ya que la proporcionada por la antorcha no fue
basta como para hacerlo notar, Kosmos se da cuenta de que el huevo encontrado
en el pasadizo parecîase a otros vistos por êl en alguna parte, empero esta vez su
nemôsine no llegô tan lejos como para saber en cuâl.
----Esto sî que es una novedad!!, sî que lo es [....] un fallo de tu memoria indubi-
table que es algo nuevo, fresco, acabado de suceder---señala el didâscalos filosô-
fico.
----Pues bien-venida la novedad, êsa es la res!!
----Esto tiene su enigma, su oscuridad, su misterio, quê, un huevo que no se rom-
pe?----pregunta el tîo de Kosmos.
----Pero usted pregunta y ya sabe el porquê?---pregunta el didâscalos filosôfico.
----Câspita!!, la respuesta antes de la pregunta...
----Te explicas, Kosmos?----pregunta Perrasiestes.
----Espêrense un momento que yo expuse un considetarivo, que no es respuesta.
----Por quê el huevo no se rompe, no es porque tiene un enigma, su oscuridad, su
misterio?, mas si usted a eso le llama un considerativo no estâ considerando bien,
porque un considerativo se acerca, roza, mas no llega a exactitud.
----Si ustedes creen que êsa es la respuesta, entonces crêanlo---dice el tîo de Kos-
mos.
----No tuve que dilucidarme, Perrasiestes, porque ya quedô dilucidado---Kosmos
puntualiza.
Vercingetorix trasladado (a pesar de no ser su mundo, mas no por eso del todo
desconocido) a fijezas asiâticas, las que inmôviles por significancias con firmeza
sostenîan el corpus de un acervo con su medida y brillo, no escapôsele el dato de
formaciôn, o si prefiêrese el de una inveterada incunabula con tremenda resonan-
cia por su presencia sempiterna, por su dadorîa infinita en lo referente al origen y
la seguidilla continental de un rabo ontolôgico, que tanto para la hermenêutica co-
mo para el cientificismo es de suma relevancia en el instante preciso en que el en-
tender es apremiante y la implicaciôn (superlativa) discreta, ya que tantîsimo para
aquêlla como para êste, porciento subrayado con razones englobadas, lo que defî-
nese jamâs carece de un punto central del cual se parte, allende que baricentro de
una sûmula extendida de aforismos y de disimilitud de silogismos, y en activismo
o funciôn representativos, madriguera del sîmbolo que despuês araña a la piel de
un verbo con candidez de espuma. De alguna forma la interpretaciôn y el trabajo
incesante de bûsquedas concretas a partir de un empîrico especîfico, si no quedan
entrelazados acentûan formalmente sus triunfos y conquistas, lo que demuestra y
de facto que la separaciôn no es funcional, ya que es ser de rigor, indefectible, la
complementaciôn que agrega lo que con pudiencia aporta diamantinos resultados,
o lo que con reciedumbre algo mâs que resistencia repasada; garante, a su vez, de
lo suntuoso que sobresale con canto y pureza magnas, posibilidad pinacular de en-
gordar a los sistemas, culmen agradable o producto gayo.
Volviendo a Kosmos, el que sabîa por los vericuetos en los que estaba metido
Vercingetorix, y menos que por sospecha por su revelante posiciôn, que por ya y
conocido nomos deja saber que piensa, no cavilô sobre la cuestiôn de poner y el
huevo al lado de la estatua pequeña obra de Prixeletes, la de Hermes cargando al
niño Dioniso, el que junto a la divisa grabada en la pêtrea de esteatita, darîale al
centro de la mesa redonda algo mâs que un pâbulo del gustillo de los contertulios
que desean alimentarse, sustento mâs bien venido de la proteîna sîlâbica, de la po-
tencialidad reservada a la corona verbal; sîmbolo mayestâtico, in casu, de un con-
secutivo expresivo poder con impredecible final.
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