Sonntag, 28. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (835)

 

         Dos dîas despuês del suceso lascîvico en Albula, y barrunte que llegô a los

oîdos de la reina a travês de la lengua del flamen, Dido sanciona a Jancia a labo-

rar  todito un mes en la cocina de palacio, castigo no tan debido a la cuestiôn del

gozo excesivo, sino a la atinente a la de haberle quitado a uno de los caballos [de

los dos prestados por el  magister equitum a raîz del edicto de ella misma el mis-

mo hemêra del suceso] de la guardia bâtara el arreo de cuero grueso ataviado con

la imago de una serpiente estirada, que como ya sâbese es una caracterizaciôn ex-

clusiva de los cuadrûpedos pertenecientes al corpus de vigilancia de la corte. Non

plus ultra de unos siete minutos de haberle (personalmente) dado a conocer a Jan-

cia  la sanciôn, le da al magister equitum la orden de que vaya a la instituciôn con

el objetivo preciso de buscar a Prixeletes, ya que como parcionero de lo aconteci-

do asimismo serîa castigado, siendo la parte que correspôndele la de cômplice.

        La campesina entêrase por Nausica [que lo pudo saber gracias a la lengua de

la signora Lacrusea, su madre], de que el colosero desenfrenadamente dejô que las

manos de êl deleitâranse con la cândidez de la piel de la âcratica concupiscente; y

de tal manera afogarada, programa de êsta tanto pericia como incesantez excitan-

te, que con tan sôlo mirar bastaba para alcanzar una regia complacencia, lo que es

anâlogo  a un estado oponente a una virtud determinada, que de facto como tal re-

chaza acadêmicamente y pone cortapisas---- no gira el trompo de no existir el per-

tinente cordel----. Êste es entonces el momento que comprende el porquê de la re-

pentina  ausencia del colosero, por lo que descartada quedô su idea de que era de-

bida al ûtlimo tropiezo verbal que en el cuarto tuvo con êl, colisiôn que allende de

su acontecer pondrîasele el apellido de fresca, mas no por atrevida sino por recien-

te.  Empero la comprensiôn no bastôle para quedarse en el cuarto, sino que fue ip-

so facto el aliciente (o el empellôn mâgico que al movimiento incita) para que sin

dilaciôn saliera de êl y arrumbara sus pasos adonde Dido estaba: en los pulvinares.

      La comodidad de Dido era tal (en los pulvinares), que de alguien soltar acopas

la interjecciôn "aûpa" seguramente quedarîa sin caso, que si no que expuesto a un 

desdên absoluto, a la que no es indiferencia sabia ( objetivo estoico: ataraxia). Pe-

ro el solaz amigable, repetido e infalible, ethos subrayado con plumbagina que pu-

diera definirse âurea, es interrumpido por la llegada del cibiosactes, quien aparece

con su porte y aspecto alejandrinos para acentuar un recado:

----Me ha dicho el magister equitum que le dijera que Prixeletes no estâ en la Kos-

mona, cual no es êste otro el motivo de mi aparecer, que perjudicô su descanso.

----Y por quê no vino directamente el magister equitum a decîrmelo?-----pregunta

Dido cambiando de posiciôn: de la horizontal a la vertical.

----El porquê no lo sê, majestad, lo ignoro, lo desconozco.

---Le dejo saber entonces, para que lo conozca, que muy pronto estarâ en la cocina

Jancia durante todo un mes, asî que usted es el encargado de darle a hacer lo que us-

ted crea.

----A su edicto majestad, al suyo!! Ya puedo retirarme?

----Puede ya, cibiosactes, puede!---responde Dido que a su vez le pregunta a la cam-

pesina que acêrcasele: y quê le pasa a mi nieta portadora de un semblante triste?

----Que no sê dônde estâ el colosero, aunque sê por Nausica ya lo que hizo...

----Ya estoy enterada por el flamen, y por eso sancionê a Jancia a trabajar en la coci-

na. Pero sabes una cosa?

----Cuâl?

----Que Prixeletes no estâ en la Kosmona...

----Y quê significa eso?

----No lo puedo asegurar cien por ciento, pero sospecho que ambos de acuerdo se pu-

sieron para desaparecer.

----Usted cree, y por quê?

----Por lo que hicieron y fueron descubiertos. Pero no desesperes, que ya mandarê a la

guardia bâtara a que haga un recorrido por todo Bedriaco; y ven, acomôdate aquî a mi

lado, que si las cosas pasan un objetivo tienen. 



Samstag, 27. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (834)

         Amplificô Kosmos, que no quedarîa blanco de la tercelona la mascarada

de un gentilicio, el artificio (si no que maula) por razones repasadas, a raîz de

que el cazador atisbara la estatua pequeña  [ de Hermes cargando al niño Dio-

nisio]; y dijese, seguido a un hallazgo de la vista, que el nombre del artîfice no

estaba grabado a su pie.

-----Entonces, Kosmos, la tercelona de la verba, no?---fisga el cazador.

-----Câspita!!, que dêjame usted jovial, cazador, por la comprensiôn sûbita de

la transposiciôn cuasi obligatoria, de ahî que no falte o se ausente de mi parler

sans accent---dice Kosmos mezclando pincelada con ironîa.

----Kosmos, no llegô a mi katalêpsis lo ûltimo de lo que dijiste, mas no sê por

quê me parece que es una de tus artilugios expresivos---señala del didâscalos.

----Yo sôlo sê que dîjelo!!---afirma Kosmos que dîcele al cazador: la estatua es

un trabajo de Prixeletes, el artîfice es êl, ese mismo.

----El artîfice se ausenta por su presencia, en otro lugar, amorosa---versa el va-

te.

----Por lo que entiendo, Kosmos, que el no grabar su ônoma fue un câlculo an-

ticipado por Prixeletes, no?---indaga Asonis.

----Mâs o menos estâ usted, Asonis, captando la emisiôn---dice Kosmos.

----Cômo le irâ a Prixeletes en busca de inspiraciôn?---pregunta Vercingetorix.

----En busca de inspiraciôn êl?, quê va!!, que lo conozco---dice Kifisodoto.

----Estâ usted, Kifisodoto, seguro?

----Un druida acudiendo a una de las tres drîadas!!

----No hace falta que me expliques, Kosmos---dice Vercingetorix.

----Drîada, no es âcratica Jancia?----pregunta Perrasiestes.

----Cenutrio no complîquese gratuitamente, abra la puerta del magîn---suelta y

Kosmos.

----La que no tiene sobrenombre!!----afirma el didâscalos filosôfico.

----Cômo, cômo?----fisga Perrasiestes.

----Thyrepanoiktês!!, êsa es la res!!----clara Kosmos.

----Cômo, quê tû has dicho?----pregunta Kosmithôs.

----Y quê dîceme de la divisa, cazador?

----Que me callo, Kosmos, por no comprender.

----Y risas de Kosmos que amplifica: quê bien que côjale el gusto a la fiesta.

----Est res magna tacere!!---exclama el tîo de Kosmos.

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!---afirma Kosmos.

----Bueno, me retiro, que es hora de cacerîa---anuncia el cazador.

----Age, cazador, age!!, al avîo, flecha y arco!!


      Simultâneamente el flamen y la signora Lacrusea bâjanse de la albarda y del

caballo perteneciente a la guardia bâtara, ya que aquêl sometîa al cuadrûpedo a y

una velocidad tan lenta, que hasta la mismo caballo tenîa la necesidad de humec-

tar su lengua. Seguido al acto desmontable, el flamen agarra el arreo y conduce a

pie al animal hasta Albula. La signora Lacrusea un tanto cansada, sudando, venti-

lâbase su jeta con un movimieno de mano continuo; como si êsta fuera, con vari-

llaje de caña, un abanico propicio (calaña); a medida que caminaba no podîa [ ni

volitivamente] tachonar de forma breve a la sûmula correspondiente a la que lle-

gaba  su edad, razôn por la cual o motivo justo de que su cansancio descollara, si

no que notable hiciêrase en tropel. Ser de rigor el autoembrisado entonces, el ali-

vio cosiato, el deleite corto por un alivio menester, elixir que no impedîale a la y

signora Lacrusea clasificar los pasos del flamen de con suma pachorra, aunque y

tambiên  de parsimônicos, siendo tal clasificaciôn no tan de su agrado, empero a

la postre no era imposible como tal, o sea, que como era (clasificaciôn) en su ôn-

tico pensar sucedîa. Ya estando en Albula, y aunque clasificarlo de esta forma re-

sulte supergrande, de tal guisa que por enorme no ocasiona pejigueras en un ines-

perado sueño, perînclito denominô el grito el flamen que ineludiblemente por sus

oîdos penetrô con vigor subrayado, lo que entonces diole pâbulo de hacer una râ-

pida pesquisa; la que basôse, utilizando la vista, en dirigir sus retinas en varias di-

recciones en busca y hallazgo del porquê del susodicho grito. A continuaciôn, se-

guido a una observaciôn coralina es testigo visual de la concupiscencia de Jancia

sometida a los toques acicateantes de nada mâs y nada menos que de cuatro luju-

riosas  manos, y que no eran otras que las dos de Prixeletes y las dos de el colose-

ro. Esta detectaciôn a su vez por la signora Lacrusea, pero de forma favorable por

la razôn que hîzole retornar a un remoto pasado, dejôla un tanto emocionadîsima,

granada causante del tempestivo suspiro que padeciô su organismo, hasta el pun-

to de que su magnanimidad fuera la magia que provocôle un olvido de su cansan-

cio tenido, aunque multiplicârase (su)dor que no extinguirîa ninguna calaña.







 











  

Freitag, 26. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (833)

    

         Dentro del liber La vida erôtica de los griegos antiguos encuentra la campe-

sina lo dos siguientes versos: Del pezôn cuelga una gota/ la que no quiere caer pa-

ra no romperse. Pensô que habîan sido escritos por la propietaria del liber (Sunev)

en un dîa de emociôn o de inspiraciôn regalada, mas si de algo queda atônita si no

que con la boca abierta, fue el ver la firma del compositor de los versos: la de Kos-

mithôs.  A raîz de verla con la boca abierta, como si por antojo o deseo de un espe-

cîfico tipo quisiera transmitir o dejar saber una necesidad apremiante, no dilaciona

el colosero en hacerle la pregunta adecuada y con el objetivo de raudo satisfacerla,

pero al penetrar por sus oîdos el porquê de no tener su boca cerrada, algo que indu-

dablemente eludirîa que las retinas visualizaran dientes y lengua dentro de un orifi-

cio que pudiera hospedar o acoger a la fruiciôn de una intimidad compartida, entre

dos en un instante mâs al servicio del agitamiento que de la soprosine, entonces dî-

cele:

----Pero tû seguro que lo olvidaste, porque tu hermano te dijo hace tiempo ya de la

escritura de esos versos.

----Verdad que me lo dijo, verdad?

----Pues sî, claro que te lo dijo; y ademâs, que al parecer tambiên lo olvidaste, es-

tando tû en la Kosmona mâs de una vez esos versos salieron a colocaciôn, a pues-

to, como dice los contertulios.

----Creo entonces que mi memoria, para algunas cosas, estâ fallando. Pero igual y

dime: quê te parecen estas imâgenes, que dices?

----Vaya pregunta que me haces siendo yo el colosero que ya conoces y no que te

lo imaginas, ya que son dos cosas diferentes [...] creo que te encanta provocarme

con un ataque muy sutil....

----Pero no para herirte, sino para comprobar mi propia fuerza de naturaleza fe-

menina.

----Y por quê necesitas comprobar esa fuerza, si ya sabes, conoces que la tienes?

----Dêjame a mî la comprobaciôn que yo sê porque la compruebo.

----Quê pesada que te pones cuando no logras tu objetivo. Me voy, que no estoy y

para tus malas respuestas, salgo a dar una vuelta...

----Vaya quê pretexto para escaparte un ratico, liberarte por un tiempo breve de la

cobertura de onda de mi dominio...

----Cobertura de onda de tu dominio, verdad?

----No estoy para discusiones, que estâ mucho mejor el liber.


      Media hora despuês cuasi que estaba el colosero llegando a Albula. Un agrada-

ble pneuma de un viento de paso engendrâbale un olvido, el motivo de que su pen-

samiento no concentrârase en imâgenes de corte taciturnas, sino mâs bien en lo to-

talmente contrario que es dador (beneficiantemente) de algo mâs que de alegrîa de

apellido efîmera, que dura lo que un brinco de sapo en una hoja de malanga (como

dirîa Kosmos), ya que como toda causa tiene su efecto, todo lo posible es corto por-

que otro posible le sigue como consecuencia. En fin, que de sopetôn o acopas sus y

retinas captan a un individuo que agâchase para recoger algo del suelo; al que reco-

noce, seguido a mirarlo bien, como no a otro que al hijo de Kifisodoto.

----Pero, Prixeletes, quê es eso que usted recoge del suelo?

----Ah, colosero, eres tû [....] un arreo de un caballo de la guardia bâtara.

----Cômo que un arreo...

----Ven, acêrcate, que te explico, que no quiero que lo oiga Jancia.


     Dilucidado lo preciso y acentuado lo correcto dice entonces el colosero:


----Conozco muy bien que esas âcraticas son amanantes de nudos o lazos, cômo y

no, si yo salî por eso repleto de arañazos estando atado a ese ârbol...

----Arañazos, y por quê?

----Porque se ponen como leonas al servicio del sexo oral...

----Cômo, que te....

----Eso mismo, Prixeletes, eso mismo!!

----Y cuânto hace de eso?

----Eso es igual, la cosa es que sucediô.

----Y cômo hiciste para que la campesina no viera los arañazos?

----Si le cuento no me a creer, nadie me creerîa.

----Colosero, si quieres puedes agregarte, que se forma el trîo----dice Jancia espe-

rando en el ârbol a Prixeletes.

-----Y quê usted dice, Prixeletes?---pregunta el colosero.

----Que para mî es algo nuevo, una no tenida experiencia...

----Quien prueba todo tiene una gran experiencia. Pero dîgame: cômo es que estâ

aquî, en el camino, un arreo de un caballo de la guardia bâtara?

----Te doy la respuesta yendo hacia donde estâ Jancia. Y dime: fue de tu parte pro-

gramado el encuentro con las âcraticas?

----No no!!, vine a este lugar a buscar unas pechinas que querîa la campesina, y las

vi que bañâbanse desnudas; tambiên estaban Klonariôn y Nausica.

----Ah, eso! Bueno, respecto al arreo es que....






















Donnerstag, 25. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (832)

      

         Continuada la dialogizaciôn entre Kosmos y el cazador, êste ya barruntado 

sobre la presencia de Incitato y el gato (su gato) en el senecto pasadizo, a su vez

que analizândolo desde su punto de vista de viejo taumaturgo, ostensible quedâ-

bale el mecanismo subrepticio que algunas veces utiliza el tiempo, menos que y

con palabras con imagos, para sacar a funciôn partes formativas de una alcherin-

ga que tuvieron relevancia en el proceso existencial de cada criatuta, pero que a

su  vez es un mecanismo con cierta tendencia al ludus y con infantil caracterîsti-

ca, de ahî que dîgase: el tiempo es un niño que juega en serio

----Aquî yo encuentro indefectiblemente la conditio sine qua non del tiempo pa-

ra mover las fichas de un tablero a otro, fichas que a su vez confluyen empero y

en un punto fijo que no es otro que el actual...

---Sî, Kosmos, es una forma de traslado, de trasponer en otra cuadratura el juego

que cada cual debe jugar.

----Usted no lo ve como un lûdico sempiterno, cazador?

----Claro que sî!!, y sabes por quê?, porque a pesar de que cada cual deba jugarlo

nunca se aprende a jugarlo bien...

----Câspita!!, pero en algo mejôrase de muchitanto jugarlo, no?

----Lo acabas de decir: en algo, pero no en todo: el niño tiene gran imaginaciôn...

----Mejôrase pero el juego cambia incesantemente por el magîn del niño?

----El tablero no es diferente, pero siempre es otro..

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, no es diferente y siempre

es otro?

----A quiên mejor para dejarle este axioma que a ti?

----Axioma o aporîa?

----Aporîa, aporîa!!, confundî la palabra.

----Raudo la confusiôn captê!!, mas clarê para que no quedârase Confucius...

----Cômo?

----No invento, sôlo que la reminiscencia no estâ bien.

----Reminiscencia, de quê?

----De la palabra aporîa!

----No me extrañan estos jueguitos tuyos, que no son del tiempo.

----Êsa es la res!!, porque ya soy adulto..

----Y risas del cazador que seguido pregunta: Y entonces, el turilupino y el begardo,

de los que me hablaste, te condujeron al final del pasadizo?

----De repente apareciô un fenômeno y fastidiôse la conducciôn: la antorcha se apa-

gô.

----Fenômeno, cuâl?, no me habîas dicho...

----Un movimiento de tierra!!

----De nuevo un movimiento de tierra en Bedriaco?, pero yo no lo sentî..

----Y cômo, si usted no estaba en el pasadizo?

----Ah, local y no general: entiendo!!

----Ve usted aquella pêtrea en el centro de la mesa y al lado de la estatua pequeña y

de Hermes cargando al niño Dionisio?

----Cargando al tiempo?

----Y risas de Kosmos que dice: fascînanme, encântanme estos lûdicos verbales!

----Vaya, quê noticia!!, no la sabîa.

----Siempre es temprano si la dicha es mala!, pero el niño la mejora...

----En fin Kosmos, quê hay con la piedra? 

----Que es de esteatita y tiene una divisa grabada.

----Cuâl divisa?

----Qui non intelligi aut discat aut taceat.



Mittwoch, 24. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (831)

       Insôlitamente y, por primera vez, el guacamayo retorna a la casa con la nu-

meral 460, creyendo Konfuza que tratâtabase totalmente de un milagro, y como

tal hecho factible por el garbo divino de alguna deidad de Heliôpolis, ciudad de

donde ella era oriunda; y con razôn,  como su ônoma indica, lumbrada muy bien

naturalmente por la redondez de un astro. En cambio, cual diferencia radica cla-

ramente en cuestiones creenciales, Antîmaco de Ocamitân no le resta ni le subs-

trae al suceso la parte crîpitica que correspôndele; mas sin llegar, como Konfuza,

a considerarlo absolutamente un milagro, sino mâs bien algo que en su momento

tempestivo tendrîa que pasar, lo que pudiera revelar ( o traducir) que al verlo asî,

desde esta perspectiva, mâs bien la forma de entenderlo es musical, la que preci-

sa, justa y exacta encaja con el oficio que tiene. Gaye Macinas daba calaña de in-

diferencia total, lo que es lo mismo a decir que importâbale tres quênices el cômo

Konfuza creîalo y Antîmaco lo valoraba, muestra que no era la misma si hablâra-

se de tagarnas, las que de facto fumarlas significaba imprescindible e ingente pla-

cer. La signora Lacrusea estaba de acuerdo con Konfuza, pero pensando en un dî-

sîmil panteôn de deidades, ya que el de la ciudad del ocio no era el mismo que el

de Heliôpolis. Indubitablemente la creencia del flamen, por lo que entonces sobre

ella hablar serîa una perogrullada, un subrayar lo que evidente no necesita trazos

rojos, un punto a la raya para que continûe la letra. Seguido a esta llovizna cosia-

ta de letras, el flamen le dice a la signora Lacrusea que ya era hora de regresar al

punto de partida, a palacio con los caballos, ya que no podîa darse el lujo de per-

manecer mucho tiempo fuera del templo de Jano Quirino; que êl, como teolôgico

oficio, tiene uno que cumplir de suma responsabilidad y relevancia. Por parte de

la signora Lacrusea no hubo oponencia de ningûn tipo, un decir: no, vâyase usted

que yo me quedo un rato mâs acariciando y al guacamayo. Non plus ultra de siete

minutos de lo anterior dicho, mas no antes de la despedida que por educaciôn dê-

bese dar, âbrese de nuevo la puerta de la casa y salen la signora Lacrusea y el fla-

men arrumbando sus pasos adonde estaban los caballos. Al llegar a êstos despuês

de caminar el tramo que mediaba separable entre ellos y la casa, la signora Lacru-

sea menos que ser testigo de un milagro, lo es visual de que al cuadrûpedo de ella

faltâbale el arreo de cuero grueso, por lo que sûbito pregûntale al flamen:

----Y ahora quê hacemos, tiene usted una idea?

----Vaya pregunta que usted me hace, ni que yo fuera jinete, pero me parece que y

podemos hacer algo. 

----Quê, flamen, quê?

----Trêpese usted en el mîo, detrâs de mî, y nos vamos a palacio...

----Y quê hacemos con este caballo?

----Dejarlo aquî, y yo le digo al magister equitum que envîe a un soldado bâtaro a

buscarlo.

----Sî, me parece que es lo ûnico que podemos hacer..

----Y si lo sabe por quê me preguntô quê hacer?


      Ya estaban en Albula Jancia y Prixeletes. Êste abre los ôculos como si corusca-

ra frente a êl una perla de Constantinopla, ya que aquêlla, semidesnuda, exhibîa su

valor cândido sin estar en un mercado. Sin dilaciôn alguna, y por la razôn de que y

la sangre no pegârase a la tela de su vestido, como ya habîa anticipado, es que rau-

do Jancia mete en el agua su ropa con el fin de quitar la macula. Una vez cumplida

con la tarea, y para que secârase, cuelga el vestido en la rama de un ârbol, el que no

era otro que el mismo donde ella y sus amigas âcraticas amarraron al colosero, cual

ya sâbese en funciôn de quê fue el hecho (de)jarlo inmôvil. Esta reminiscencia acti-

vô la idea de una posible fruiciôn, de entrar en gozo, en deleite, en humedad, segui-

do a que las manos del concomitante la tocasen de norte a sur. Como unas castañue-

las por lo que tenîa en mente, Jancia recostada al tronco del ârbol pregûntale, enton-

ces, a Prixeletes:

----Antes de que me hagas el busto no te gustarîa amarrarme a este ârbol y disfrutar

de tu modelo con las manos, no con la vista?

----Nunca me habîan hecho una pregunta como êsa, pero si es lo que deseas...

----Yo sî!!, tû no?

----Quê hombre se resistirîa a una beldad como la tuya, a dejar sin tocar esos sobre-

salientes elementos...

----Ah, entonces te gustarîa, no?

----Claro, pero con quê te amarro?

----Regresa al lugar donde me ayudaste a bajar la cremallera y allî encontraras una

cosa: el arreo de cuero que le quitê a uno de los caballos.

----Cômo, y cuândo tû hiciste eso que no te vi?

----Olvîdate ahora del cuândo y ve en busca de êl.









 














 


Dienstag, 23. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (830)

 

       Cambiando de ubicaciôn para que la verba afogarada por un momento men-

gue su potencia temperatural, regrêsase a Jancia y a Prixeletes que ya estaban un

tanto cerca de Albula. Pero antes de centralizarlos a ellos llega a barrunte lo que

sucediô seguido a que el dûo saliera del barrio de los Sigilarios.

      La ventana exenta de cortina de la casa con la numeral 460, en el barrio suso-  

dicho, flagrantemente diole la posibilidad a Jancia [como ya sâbese] de echar una

miradita a la intimidad del recinto; mas asimismo otra cosa, que el guacamayo se

convirtiera en testigo visual de la presencia a hurtadillas de Jancia, algo no tenido

en cuenta por êsta ni imaginado, que aquêl empezaba a dar calaña de sordera mas

no de confusiôn o trastorno visuales. Ahora bien, y debido a la abertura de la ven-

tana misma por Antîmaco de Ocamitân, no siendo otro el motivo (especîfico) que

por la cantidad de humo concentrado de mâs de una tagarna--tanto Konfuza como 

Antîmaco ni tan siquiera fumaban chicha otomana, como el alquimista Epîdea de

Acopio, por lo que resultaba innecesaria la tenencia de un cenicero de cristal [ de

Murano?], pero lo que como consecuencia trae consigo que al piso llegue la grisa-

lla de las pavesas----fumada por Gaye Macinas, el guacamayo aprovecha la opor-

tunidad  para escaparse, ya no esta vez con el telos definido de volar un ratico pa-

ra entretenerse, sino para salir en busca de Jancia igual dônde estuviera, y asî ha-

cerle saber, a su manera, que para êl ella no pasô desapercibida.

      Dentro del improvisado recorrido de la vuelta, sin un plan previo a manera y

de programa que la hiciese mâs divertida, o tal vez cien por ciento lo suficiente-

mente acogedora y grata, incluyôse la compra de los elementos menesteres para

Prixeletes  y en funciôn pôstuma de realizar el trabajo artîstico (el busto), la que

posible fue en el mismo barrio de los Sigilarios pero en sus arrabales, sitio donde

moraba un senil compinche de Euticô y con ingentes reservas de materiales para

confecciones de trabajos de tal jaez. Prixeletes ni conocîa el sitio ni al nombrado

compinche, pero sucediô que con ambos dio sin pensar demasiado si tratâbase de

casualidad o de causalidad, Jancia, con su tîpica contentura, su soltura destacada

y seductora por su caminar bonito, siêntese ademas poseîda por un conspicuo en-

tusiasmus, ya que Albula para ella significaba algo suntuoso por el beneficio que

le proporcionaba y la sensaciôn que garantizâbale al hundirse en el agua transpa-

rente, instante de contemplaciôn de su piel a toda flor, con su anâlogo ampo al de

una especiosa orquîdea con lozanîa atrayente y tonalidad impoluta. Mientras mâs

cerca de Albula mâs crecîa su emociôn, su corazôn latîa pudiente, su respiraciôn

acelerâbase y a punto estuvo de soltar una sonrisa, la que posible no fue eyectada

por lo que sucediô acopas: el guacamayo posôsele en el hombro izquierdo brutal-

mente y con el pico pinchôle el cuello acarreândole un ligero sangramiento. La y

que como reacciôn tuvo Prixeletes, fue la de ipso facto agarrar el guacamayo con

sus dos manos sin vacilar si hacerlo de la manera indebida; o sea, si haciêndolo y

como lo harîa fuese responsable de un desprendimiento de plumas o de algûn da-

ño que resultara fatal. Non plus ultra de unos segundos dêjalo libre y el guacama-

yo levanta vuelo y piêrsede de sus vistas. A continuaciôn dice Jancia:

----Se me ha manchado el vestido de sangre, por lo que tengo que lavarlo antes y

que la sangre se pegue a la tela. Ya Albula estâ cerca, apurêmosnos.

----Y êse no es el guacamayo que vimos en el âgape de palacio?

----El mismo, Prixeletes, el de Konfuza----responde Jancia que le pregunta a Pri-

xeletes: me puedes ayudar a bajarme la cremallera?

----El cierre por detrâs?

----Hay algûn otro? 





 



 




Montag, 22. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (829)

  

      Kosmos, y a raîz de la pregunta del cazador, saca su verba a puesto, a colo-

caciôn, ya un tanto enriquecida por el lascamiento que fue haciendo durante el

tiempo que durô el discurso del interlocutor. Empezô a ultranza desentrañando

la madeja por la punta mâs resonante, lo que a la postre es lo cofrâdico y prefe-

rido por selecciôn. Dândole una forma compositiva al corpus de su discurso, lo

que resultarîa su testa no era otra cosa [a todo trance la dirigente y a hurtadillas

la diamantina], que la atinente a un capitân orcivo con danza por ahî en la som-

bra. Abogando por la susodicha danza, ya que sin ella quedarîan sin baile gran

cantidad de pinceladas semânticas [las que a su vez enlazadas conducen al con

movimiento ludus] sin estatismo escolero, destaca que los que la conocen voli-

tivamente han sîdole fiel en el salôn de la Kosmona, de lo saliente que tachada

queda la felonîa, empero asimismo la guasonerîa sin causa o justificaciôn, gra-

tuita o barata, de lo que depende una valorizante prôxima que desarrôllase con

êxito o fluencia tanto como perîstasis que llevada a polêmica. Estas dos posibi-

lidades de alongamiento no quedan desprotegidas; estân muy que bien resguar-

dadas por la sombra capital que mantiene fresca a una cuadratura, por lo que y

decirse pudiera que no periclita la madera de la mesa redonda, y de lo que con-

clusionado obtendrîase la sentencia: los brazos que no caliêntanse disfrutan de

una posiciôn: la de cruzados encima de la mesa, lo que a su vez es un mirîfico

garante de que la disposiciôn a hablar de sus frutos y sus auroras, sus martilla-

zos coloreados; ya que la incomodidad, un factor a tener en cuenta a la hora de

tratar acentuaciones con un fin o una meta, pudiera resultar ôbice con su debi-

da o correspondiente consecuencia: interferir en la facundia que pônele punto

a la raya para que continûe la letra. Dando un salto de mis preferidos, que sig-

nifica tomar distancia del punto que dejê atrâs, lo de  Hecatebeletes dejarîame

el magîn como los flamîgeros producto del fuego dado por Erôstrato al templo

de Artemis, que no trâtase por analogîa de buscar una semejanza con una inte-

rior carencia de valoraciôn [la que engendra la llamada de atenciôn a travês de

un acto determinado], sino de un sîmil por la adecuada potencia, lo que podrîa

entenderse entonces, que mi magîn derruirîa cualesquier cosas con pudiencia y

de flamas, o si no que tan prendido lo cercano correrîa pernicio, basta razôn de

que olvîdeme del epîteto doble y pase a mis predios otra lasca sacada de la ma-

sa de su discurso. Con êsta entrarîa a funciôn, a escena, sin tramoya que la res-

palde ni histrionismo que la codifique, la parte inicial (o preludiante desde mi

punto de vista) de su exposiciôn revelante, de que aquellos tiempos eran de in-

tensa magia y de la disciplina imprescindible en el navîo; tildante, y ostensible

estâ, de una sûmula de transformaciones y de una constancia rigurosa de mon-

tones de exigencias, de êstas muchitantas como granos arenosos en el espacio

de una playa: pudiera quedar exento de la presencia de un cangrejo?----conflu-

yen los tiempos con garbo sempiterno---. Ahora bien, que ya sê que resuena y

como matraca china, educiendo por costumbre y amplificando por ser gustoso

y placer, si la intensa magia consta de una disciplina, la disciplina pasa por una

intensa magia, porque nadie puede escapar de los ajustes de un programa ônti-

co atiborrado de filtros y azufres en el laboratorio de la conciencia, sitio preci-

so y sui gêneris destinado a cambios menesteres, y que nada tienen que ver con

los externos heraclitanos, aunque tambiên tengan que ver con un programa jus-

to y exacto, pero in casu por la parte de la naturaleza. Empero sabe usted cosa?

Esto cuenta con un mutismo tremendo, que no es muy disîmil del que debîase

con certeza saber que poseîa alguien previo a la revelaciôn de detalles y datos,

de barruntarle sobre algo precisante de una condiciôn: sine qua non?


  

Sonntag, 21. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (828)

     Dilucidâbale el cazador a Kosmos, que cuando conociêronse en el navîo eran

tanto los tiempos de intensa magia, como asimismo los mâs fuertes en lo atinen-

te a la disciplina del navîo---la actual no es endeble, mas por parangôn tiene una

gran diferencia----, de la que êl responsable era, como sabe Kosmos, por tanto y

debido a lo cual tanto detalles como datos les estaban vedados darlos, a no ser o

bajo la condiciôn de que con el tripulante que entrara en contacto tuviese la con-

fianza basta, o la certeza suprema de que su mutismo fuese como el de una tum-

ba. Ahora bien, que dentro de lo factible funcionaba a las tres mil maravillas, sa-

cando de circulaciôn la cantidad como algo imprescindible, que en realidad mâs

bien funciona como un pedûnculo, tanto la magia como la disciplina eran garan-

tes de mantener las conductas exentas de alteramientos, de que la menester tran-

quilidad sostuviesen sin imitaciôn alguna con las de forâneas deidades---quê de-

cîr de entre êstas una de las mâs destacadas; que a saber no es otra, que la que y

por sapiencia fue destinada al portador del epîteto (doble) hecatebeletes: tañedor

de cîtara y que arroja lejos sus tiros: de flecha?---que incitan lo mismo a la emo- 

ciôn que al rompimiento de la calma, Esta forma especial de metodismo, que asî

puede considerarse ( o la considero), fue subrayada y aceptada por el capitân or-

civo, por lo que la exigencia de ella latente resonaba en mis oîdos cada dîa y con

vigor, por lo que podrâs entender que violarla para mî mismo resultarîa pernicio-

so, porque entrarîa en lûdico igual que mi funciôn en el navîo el no poder dormir

a consecuencia de lo plûmbeo de un regaño del mismîsimo capitân. Tû has dicho

siempre: Incitato, el que encontrô al gato; mas te puedo asegurar, por lo mismo y

que vas escuchando, que el gato se dejô encontrar por Incitato, que no es lo mis-

mo, si suena igual, pero igual es lo mismo que lo sigas creyendo, que creyêndolo

sigas amplificando lo igual: no queda entonces plausible el hecho de que tanto la

magia, como la disciplina, forman parte de un mêtodo que por extensiôn resuena

fortuito, de tal guisa que no estâse en el navîo? Previo a mi trabajo en el navîo, y

aûn con edades frescas en el ârbol arraigado a una diseñada tierra, que no era otra

que la de la aldea de Kôrcha, yo leîa bastante sobre polêmica, sâtira, ironîa y pa-

rodia, mêtodos literarios o formas tîpicas que me fueron conduciendo al ampulo-

so estudio de la magia, por quê?, porque en ellos el cambio, si no que la transfor-

ciôn, me fueron despertando ciertas y determinadas inclinaciones dormidas, algo

como decir tildantes dadas que en el silencio descansan hasta dar con lo que y de

sopetôn saca de un solaz que no es eterno, que sôlo tiene duraciôn mientras que y

no reluzca la aurora de  los pudientes predicados, amanecer que le da al sujeto un

colorido mayor, de relevancia formal sin astillas en el camino, el que otro no pue-

de ser que el que a uno le toca, que entonces la participaciôn en las riquezas de la

conductual ni puede prorrogarse ni quedar expuesta a los contingentes sellados a

la superficie de los ajenos desvîos, y que asî no son los nuestros por si acaso unas

razones o quereres escondidos, por la voliciôn per se deslizândose al desafîo que

invitan a tener las piedras, que ni saben de magia ni tampoco de disciplina, menos

aûn de un capitân con danza por ahî en la sombra: tû me entendiste, Kosmos?

       

Samstag, 20. Februar 2021

La cazuela de Vitelio ( 827)

    

       Retomando Kosmos su amplificativo d(e)l inveterado ideal con ingente reso-

nancia en la înclita Academia de tiempos impolutos, sûbito recuêrdase de la ima-

go de un morus que repetidamente aparecîa en los onîricos de un integrante de la

susodicha Academia. Este integrande, a su vez, encantâbale la cacerîa, razôn por

la cual en sus horas ociosas; o sea, en las que el repaso no constituîa una tarea re-

levante (o conspicua) a realizar ni el pensar un esfuerzo para retocar o bruñir una

sûmula de sentencias destacadas, colgâbase el arco y cogîa las flechas arrumban-

do  sus pasos hacia el bosque seleccionado en la aldea de Kôrcha. Un hemêra de-

cide comunicarle a sus compinches acadêmicos sobre tales onîricos, mas ni al ra-

so ni con el techo encima de su testa obtuvo de aquêllos una aclaraciôn verosîmil,

ya que muchitanto mâs doctos en explayarse con verborrea diamantina al entrar y

en materia el ideal inveterado,, la imago del morus pasaba entre ellos como la de

una plumela que deslîzase sobre una superficie plana por causa del empellôn que

un pneuma le da, sin vaya quiên a saber adônde llegarîa. Apremiândole entonces

una respuesta a la pregunta autohecha del porquê de tal cosa, la causante ademâs

del engorro y de mâs de una vigilia, no quedôle otro solvento que el de acudir sin

dilaciôn al ûnico taumaturgo con el que contaba la aldea de Kôrcha, Êste, y preci-

samente por el ûnico ser, habîale dedicado tanto tiempo al pertinente estudio de la

magia, que llegô a conformar una especie de sistema tan pudiente y eficaz, algo y

un tanto insôlito para aquellos tiempos con hileras de plegarias y soflamas con ar-

gumentaciones mîticas, que llovîanle los consultantes en busca del necesitado eli-

xir, de la receta ponderante al desajuste ocasionado por una caterva de anomalîas

o  de la conclusiôn definitiva a raîz de un anâlisis de la situaciôn ôntica con recie-

dumbre o soterrado garbo....

----Kosmos, que esto sî que totalmente era inesperado; ni se pensarîa como perîs-

tasis porque es parte de tu reminiscencia; pero ya que lo sacaste a puesto, saber lo

dejaste con una dilucidaciôn a tu manera,  cuâl fue la respuesta dada por ese ûnico

taumaturgo de la aldea de Kôrcha?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Câspita, Temîganes, que si usted me interrumpe, cômo va a saberlo?

----Sî, tienes razôn, pero a veces que invaden motivaciones compulsivas....


     Empero acopas aparece en la Kosmona el cazador, y dejando un atônito dice e

ipso facto:

----Ese taumaturgo de la aldea de Kôrcha soy yo, kosmos, yo mismo.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, jamâs supe de usted que

era usted mismo el que dio la respuesta: por quê no dîjomelo en el navîo?

----Porque todo a su momento, en el instante tempestivo.

----Esto es un milagro!! Cômo usted supo, cazador, de lo que se hablaba?

----Kosmithôs, eso es una explicaciôn compleja, y como tal bastante larga, por lo y

que mejor te recomiendo que no hagas tal tipo de pregunta a quien fue taumaturgo...

----Verdaderamente impresionante!!, quedo sin palabras---dice Perrasiestes.

----Como si la palabra fuera un eco, una emisiôn que puede captarse a distancia.

----Asonis, no estâ usted muy lejos de concisos y determinados funcionamientos--y

dice el cazador.

----Para la katalêpsis, cazador, a quê debîase la mîmesis del morus en ese integran-

te de la Academia que gustâbale cazar?---fisga el tîo de Kosmos.

----A que terminarîa en morus no tanto por acadêmico, sino que por cazador.

----No me diga, verdad que ese puede ser el final de un cazador, y por quê?

----Por la concentraciôn profunda en un objetivo determinado...

----Pero usted no estâ morus, no?

----Precisamente porque nunca la tuve; ni la tendrê, porque cazo por la punterîa..

----Si usted lo dice, que caza...

----Kosmos, tengo que, ademâs, decirte otra cosa.

----Amplifîquela, cazador, amplifîquela!!

----Que Tublides de Malamonta me barruntô de nuevos sucesos en la taberna de y

de Apragôpolis.

----Câspita!!, sucediô un suceso en la ciudad del ocio?

----Sarambo, gracias al lictor, se librô de pagar una sûmula de peculio pedida gran-

de por Pandolfo Colunnecio, un tipo de venganza planificada por Anaxîmetro....

----Anaxîmetro de Apolonîa haciendo venganza?

----Asî es!!

----Y quiên ese Pandolfo?

----Kosmithôs, el nuevo jefe de la tribu germânica.

----Entonces, cazador, Tublides y Kîntlico estân en Apragôpilis; no iban al estrecho 

de España?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Es que el navîo hace escala en la ciudad del ocio antes de llegar al estrecho...

----Ah, entonce el navîo no ha cambiado de ruta..

----Si câmbiala serîa otro milagro, êsa es la res, êsa!!, con el capitân orcivo al man-

do la perseverancia en la direcciôn o en la ruta es siempre igual---dice Kosmos.

----Pero acêrcate, Kosmos, que debo hablarte de la aldea de Kôrcha, informarte de

aquel pasado---dice el cazador.que agrega: en donde habîan una gran cantidad de y

gatos.

----Tempestivo el hablar, que le hablarê de su gato y de Incitato, los que vi en el pa-

sadizo.

----Hay cosas que simplemente suceden, mas no carecen de objetivo..

----Y punto a la raya y que continûe la letra! 

  



  



 

Freitag, 19. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (826)

   

       Resultô una motivante, o si no que un aliciente, lo amplificado por el didâs-

calos filosôfico: kalôs kaî agathôs, para que Kosmos activara su magîn y decla-

rara lo siguiente: 

---El inveterado ideal con ingente resonancia en la înclita Academia de tiempos

impolutos.

---Tan cierto como decir: ahora, en este momento hemêra estî---dice el didâsca-

los filosôfico.

----Pero ese ideal ya fue mencionado y mâs de una vez; o sea, que no hay inver-

siôn ninguna, segûn ustedes, a favor de la salud del logos de un sistema---suelta

Perrasiestes.

----Câspita, cenutrio, que ese ideal lo reconocemos, pero no es precisamente pa-

nosotros (el sistema) el plato fuerte---señala Kosmos.

----Hay una palabra que se parece a eso que dijo el didâscalos filosôfico.

----Cuâl, Kosmithôs, cuâl?

----Kaloyatakîa!!, didâscalos..

----Y risas de los conocedores de la palabra.

----Se puede saber el porquê de la risa?----fisga Kosmithôs.

----Porque no es Kaloyatakîa, sino Kalokagathîa---clara el didâscalos filosôfico.

----Otro ideal---agrega Asonis.

----De realizaciôn personal, Asonis.

----Kosmos, regia tu frase inicial como para grabarla en un muro---dice el vate.

---Del que no cuelgan pedûnculos, como si fuesen sonajeros; que serîan, y a su

vez, un impedimento para la tinta de un marchamo.

----Vaya magîn, vaya!!

----Êsa es la res, vate, êsa!!

----Kosmos, el dîa que tu escribas un novelôn no serâ fâcil de leer...

----Temîganes, fâcil o difîcil depende de la preparaciôn que tenga el lector.

----Y hay que tener preparaciôn para leer lo fâcil?

----Cave con lo fâcil, cave!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Captô usted, Temîganes, la respuesta?

----Sabe usted, Temîganes, que yo en mis clases en la colina de Apragôpolis

enseñâbale a los alumnos a leer lo difîcil de lo fâcil.

----Cômo voy a saberlo si jamâs fui su alumno?

----Eureka, thymôs zoquete!!

----Usted me quiere decir lerdo?

----Se lo quise no, se lo dije....

----Y por quê?

----Porque no era una pregunta en sî, como tal, sino mâs bien una revelaciôn de

algo que hacîa que usted ya sabîa...

----Allende que el thymôs con interrogativa---agrega Kosmos.

----Que yo sabîa, de dônde?

----De dônde va a hacer, Temîganes, si usted no fue mi alumno?

----De aquî, Didâscalos, de aquî.

----Quê es esto, Temîganes, una afirmaciôn o una pregunta?

----Y risas de Kosmos.

----Esto es el dejar una cosa para volverla a tener----dice Asonis.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que regresamos al dê-

prise y reprise----dice Kosmos.

----Y a quê no se regresa aquî si se aplica la inversiôn?

----El viraje hace volver a lo mismo utilizado, pero con otro color y sentido...

----Temîganes, cûpula del trabajo o baricentro del pincelar!!---exclama el vate.

----Con las obligaciones cumplir: al avîo, al avîo!!---afirma Kosmos.

----Por un lado el noûmenon; por el otro, las propiedades que se pierden y se re-

cuperan---dice el didâscalos filosôfico.

----Solvento contra la atrabilis y lo plañidero?

----Una buena pregunta, Kosmos, una asî.

---Y quiên la responde?---pregunta el tîo de Kosmos que advierte: cave canem y

tambiên. 

----Menos mal que aquî no existe la Kunogamia, que si no...

----Imprescindible el bozal---dice Kosmos mirando al didâscalos filosôfico.

----Cômo, quê usted ha dicho, didâscalos?----pregunta Kosmithôs.









Donnerstag, 18. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (825)

 

       A hurtadillas (excepto Prixeletes que estaba al tanto) Jancia acercôse a la

casa con la numeral 460, situada en el barrio de los Sigilarios. Al asomarse y

por una de sus ventanas sin cortina, allende que cerrada para eludir que no sa-

liera con soltura el guacamayo, es testigo visual de que del lado izquierdo del

salôn el flamen conversaba con una señora desconocida para ella (Lacrusea) y

que a su vez acariciaba al guacamayo; como si fuera, metido entre sus brazos,

un niño de poca edad; del derecho, de que Antîmaco de Ocamitân tocaba los y

dos instrumentos a la misma vez (el sistro y el crôtalo) y otras dos personas se

entregaban a una danza ( Konfuza y Gaye Macinas), que lo mismo podîa ser y

griega que oriunda de otra regiôn, y las que al mismo tiempo emitîan unos gri-

tos con reciedumbre y continuos, como si fuese una evocaciôn o algo con cier-

ta analogîa, siendo êsta la razôn del bullicio escuchado. Mas si algo dejôla atô-

nita, menos que por lo que sucedîa y mâs por una cuestiôn intempestiva, fue la

presencia del flamen en una cuadratura como êsa, en un recinto muy disîmil al

que por ethos en las horas y en los dîas hace factible una monotonîa especîfica

en el templo de Jano Quirino, la que de facto forma parte de la subrutina con la

que cuenta el flamen, la que imprescindible ofrêcele a su oficio un mirîfico de-

sarrollo con el telos de precisar (o acentuar) cuestiones fundamentalîsimas que

de ôrdago ayudan al que urgente las necesita, sea ya por precariedad de una da-

dora ilusiôn que por exceso (o desbordamiento) de una pejiguera de marfil. No

por otra razôn que por êsta descolla la pregunta: quê hace el flamen aquî?, mas

por no ser relevante para Jancia la respuesta, que hallada clararîa como fanales

en un puerto, quedô exenta del intento de buscarla a todo trance. 

      Gaye Macinas, el que ya sâbese que fue controlador del navîo en los viejos

tiempos, en los de Vologeso, a su vez que ex-novio de Konfuza, penetrô inespe-

radamente en la casa con la numeral 460 por razones de resonancia, ya que y al

estar la casa con la numeral 459 ( la de los difuntos) en medio de la de êl ( la de

con la numeral 458), el sonido de los instrumentos traspasaba las paredes como

una flecha tirada a un blanco, como si Diana con garbo sacara su arco en musi-

calîsima funciôn de engendrar melodîas con zumbido, y no tanto con el medita-

do objetivo o propôsito de traspasar la piel de algûn animalejo que desafîa y su

tiro con fuga, con un escape cêlere por la punta que periclitar hace su esbozado

existencial de cuatro patas. Tal resonancia acarreô en Gaye Macinas una moles-

tia, un acopas desespero, un empellôn capaz de hacerlo salir de su casa; eficaz y

pudientemente basto, como para que abandonara su casa y dirigiêrase a la habi-

tada por Antîmaco y Konfuza, aun ignorando si êstos lo dejarîan pasar; mas co-

mo dice el dicho: quien no arriêsgase no triunfa, mas analizando triunfo para y

quê o en quê examinarîa alguien con ya experiencias de contingencia, pero co-

mo Nadie perdiô el ojo expuesto a un pernicio esperado ( o supuesto), la en co-

locaciôn o nombrada contingencia es tan sôlo un color simbôlico al servicio de

un magîn con talento (re)presentando una escena que ludica sin tramoya a pre-

sentarse volitivamente sin aplausos por su histrionismo. Pero entonces toques y

en la puerta con la numeral 460, y el no tanto aceptado fue dejado pasar, el que

una vez adentro ni fue rechazado ni alcanzado por vituperios de Konfuza  [con 

confusiôn tâcita], y debidos a tildamientos analîticos por razones de un pasado, 

de la alcheringa que resuena como matraca china.

----Y entonces, quê viste por la ventana?---pregûntale Prixeletes a Jancia.

----Ven, sigamos dando la vuelta y te digo--responde Jancia a la vez que agarra

la mano derecha de Prixeletes.  




Mittwoch, 17. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (824)

 

     Desde que fue hecha la tempestiva pregunta por Prixeletes, de que si ella te-

nîa prismâticos, Jancia exenta de dudas y sospechas supo inmediatamente, que

el ûnico que podîa haber barruntado sobre eso era Kosmithôs, La chanza era la

precisa (o el instante el adecuado) para confirmar su saber, escuchar del propio

Prixeletes la afirmaciôn esperada con un SI mayûsculo, empero como acordôse

de la declaraciôn de que lo que sâbese no se pregunta, olvidôse de lo que tenîa

en mente, y al respecto no volviô ni tan siquiera con alusiôn, que ya encargarîa-

se mâs tarde de ajustar la cuenta con Kosmithôs; allende, claro estâ, de comuni-

carle que era un chismoso. Prixeletes, en cambio, caminaba tan pegadito a ella,

que de soslayo rozaba su cuerpo; hacîase el artista, mas tambiên los artistas no

eluden las ganas, un deseo, que la carne por sensible participe del gozo indefec-

tible o del longevo placer, aunque hayan otros con duraciôn mas no estân tan y

acentuados. Jancia, con el roce, bien sentîase mujer, deseada, contenta; aunque

no dejô saber ningûn tipo de querella, sî controlaba lo que sucedîa con determi-

nada pericia; agradâbale Prixeletes desde que lo vio con los prismâticos en fun-

ciôn de acicalar su cuerpo, pero como fêmina sabîa cômo trabajar su innegable

gusto sin caer en rauda entrega.

----Sabes, Jancia, que me dio tristeza saber lo de la desapariciôn de la isla de la

Espuma, que las olas gigantes la hayan hundido en la mar---revela Prixeletes.

----Ah sî, y eso por quê?----pregunta Jancia.

----Porque yo la visitaba de vez en cuando y por razones de trabajo artîstico.

----Ahora que recuerdo tu padre me hablô de eso, de que ibas allî porque una de

las âcraticas querîa un trabajo como el que acabas (de)cir....

----Y cuândo mi padre te dijo eso?

----No mucho antes de tu llegada a Bedriaco. Quê, te molesta que me lo dijo?

----No no, nada de molestia, pero me resulta extraño que êl hable de mî....

----Pero, Prixeletes, no es normal que un padre hable de su hijo?

----Claro que lo es, mas sê lo que te digo, quê si no?

----Bueno sabrâs tû de tus cosas, como yo de las mîas, Y dime: quê siente un ar-

tista al utilizar una mujer como modelo para su trabajo?

----Yo te dirîa que es una cuestiôn de costumbre; al principio el sentir es bastan-

te profundo, mas con el pasar del tiempo una modelo es sôlo eso....

----Quê quieres decir con eso de que al principio el sentir es asî?

----Que no ves una modelo sino una mujer.

----O sea, que atraen las formas, los elementos, las curvas fêminas?

----Eso, Jancia, eso!!

----Y si yo; que serê tu prôximo modelo, y a pesar de la experiencia que ya tie-

nes con tu trabajo, me desnudo frente a tî para la pose, no me verîa tocada por 

tus artîsticos ojos, lo que vendrîa siendo como un masaje visual?

----Quê dices, Jancia?, claro que no!!

----Seguro?

----Claro que sî!! Ah mira, me hace falta eso que ese vendedor vende...

----Y quê es eso, Prixeletes?

----Plastilina y resina de poliêster.

----Resina de poliêster, para quê es eso?

----Para la base del busto; facilita la adhesiôn de la plastilina...

----Cosa de tu oficio. Sabes en el barrio en que estamos?

----En el de los Sigilarios, no?

----Exacto!!, aquî en esta feria comprô Nausica la estatuilla con la imagen del 

rey de Îtaca. Ya habîas estado anteriormente en este barrio?

----Lo conozco por mencionarse en la Kosmona; es el barrio de los artistas.

----Sî, eso me dijo Nausica.


      Seguido a la compra de la plastilina y la resina de poliêster, Jancia percâtase

de  la presencia de dos caballos amarrados a un ârbol, cosa que sucede estando y

cuasi en el corazôn del barrio susodicho; no podîan ser otros que los pertenecien-

tes  a la guardia bâtara de  Dido, por caracterizarles no sôlo el color sino tambiên

el tipo de arreo, que descolla frente a la vista por el grosor del cuero y por la ima-

go de una serpiente estirada.

----En alguna de estas casas hay soldados de la reina---dice Jancia.

----Y cômo tû sabes eso?---pregunta Prixeletes.

----Ves esos caballos amarrados a ese ârbol?

----Claro que los veo y?

----Que pertenecen a la guardia de palacio, a ella...

----Si tû lo dices, que vives en la corte [....] y quê importancia tiene eso?

----Ninguna!, pero me despierta la curioidad.

----Y en quê te beneficia la curiosidad?

----En saber en cuâl casa estân esos soldados bâtaros.

----No entiendo quê ganas con saber eso.

----Ganar?, nada!!, sôlo saciar la curiosidad....

----Quê, te entregas a una pesquisa?

----Espera, espera!! [.....] no oyes el bullicio que sale de esa casa?

----De cuâl?

----De êsa con el nûmero 460---dice Jancia señalando.

----Sî, cierto, sale de ella, y ?

----Que me acerco a ver el porquê del estrêpito....

----Serâs chismosa?

----Quê preguntas?, sôlo por curiosidad, sôlo por eso.

----Pero conmigo no cuentes; me quedo aquî.

----Pues quêdate donde estâs, que pronto regreso.





 

Dienstag, 16. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (823)

 


        Antes de llegar Prixeletes a la verticalizada posiciôn de Jancia, Kosmos dî-

cele al vate:

------El deleite cupular que conduce a las auroras, el que tal vez si no en un peri-

quete, paulatinamente lo padecerâ Prixeletes.

------Invirtiendo sentido, Kosmos?, me parece que coges el ûltimo verso de la y

reciente aportaciôn poiêsica para tus cosas.

------Kalôs kaî agathôs!!, vate, Ka-lôs-kaî-a-ga-thôs...

-----No refutarê su afirmaciôn, didâscalos, con un contr(a)taque verbal---acentûa

el vate.

-----Câspita, vate!!, inversiôn a favor de la salud del logos de un sistema---suelta

Kosmos.


       Frente por frente a Jancia, Prixeletes sintiô, como una resonancia en su inte-

rior, uno de los epîmones de Kosmos (el perfume de cerca mata), mas sometiên-

dose a un autocontrol logrô el menester equilibrio, aunque ignorando totalmente

si  Jancia habîa captado, fijândose en sus ojos, alguna muestra o señal de que no 

dichamente deseaba poseerla, o el impulso revelante de algo mâs que de somera

simpatîa, empollamiento secreto que no cree en la sensatez, ya que son la puerta

los ôculos exclusiva por donde salen y entran las atingencias correspondidas, de

lo que por tanto sostiênese con certeza regalada, que lo que no entra por los ojos

no entra por ninguna otra parte; lo que no sale, que por carencia de satisfacciôn

o debilidad de suficiencia deleitosa da calaña de que no continûa un querer. En-

tonces o en fin, que pregûntale Prixeletes a Jancia:

-----Quê es lo que quieres preguntarme?

-----Que si me puedes hacer un trabajo artîstico.

-----Te refieres a una escultura?

-----Sî eso, una...

-----Y de quê tipo: de bulto redondo, bajorrelieve, busto o torso?

-----Y la cinêtica no entra en lista?----pregunta Kosmos desde lejos.

-----Me dejarâs conversar con esta criatura, Kosmos?----indaga Prixeletes.

-----Age, Prixeletes, age!!

-----Quê oîdos que tiene Kosmos, increîble!!---afirma Jancia que le pregunta y a

Prixeletes: Bueno, en realidad no sê de esos tipos, mas usted que tiene la debida

experiencia, cuâl cree que me venga mejor?

-----La de bulto redondo o la de busto; pero eso sî, por el trabajo que lleva y el y

tiempo que necesita, la segunda es mâs râpida que la primera, algo que debes sa-

ber porque determina el precio.

-----Me gustarîa una como êsa, la que estâ en medio de la mesa redonda---Jancia

dice señalando.

-----De acuerdo!!, entonces ya sê lo que quieres...

-----Y cuânto me costarîa?

-----De eso hablamos mâs tarde, ya que ademâs del tiempo, tengo que ver quê y

precio tienen acâ las cosas que necesito para hacerla.

-----Y cuândo empezamos?

-----En cuanto tenga lo que me hace falta.

-----Entonces usted me avisa, no?

-----Eso harê, Jancia, eso!! Te puedo preguntar una cosa?

-----Sî claro!, cuâl es la pregunta?

-----Tû tienes unos prismâticos?

-----Sî, Prixeletes, sî!! Y dîgame usted ahora a mî: Se sentirîa usted molesto; si, por

ejemplo, lo ven desde lejos cuando estâ bañandose?

-----Al contrario, porque si me miran algo represento para quien lo hace...

-----Ah, se nota que es usted un artista; quiero decir, que su forma de pensar es mâs

amplia, mâs abierta, menos acosada por los prejuicios habituales.

-----Pudiera ser que tengas razôn.

-----Pudiera?

-----Es que a pesar de ser artista aûn no me conoces...

-----Mire, tiene usted ahora tiempo para dar una vuelta, y de paso le explico?

-----Tiempo es lo que me sobra, Jancia. 

-----Entonces nos vamos a dar la vuelta?

-----Con gusto, cômo no?

-----Muy bien, con gusto y todo, quê bien!!

-----A quiên no le gustarîa dar una vuelta con una mujer hermosa?

-----Gracias, Prixeletes, gracias!!

-----Kosmos, no digas nada, que regreso mâs tarde----dice Prixeletes yêndose a 

dar la vuelta.

-----No me llames, que me cayo!!---afirma Kosmos.


      Sacando lascas y utilizando las partes sacadas de la masa, el didâscalos filosô-

fico aprovecha el kairos para amplificar, y respecto a la tematizaciôn que fluia con

soltura acostumbrada, que el caso de Prixeletes quedaba exento de la considerativa

de que desposêese para volver a poseer, ya que previo al suceso de que Jancia ines-

peradamente viniera a la Kosmona, Prixeletes jamâs la poseyô,  a no ser con las in-

ventivas provenientes del phântasma, lo que significarîa entrar (a)nalizar chispazos

estimulantes tanto de la dôkesis como de la aisthesis, algo asî como causa y efecto

desarrollando un potencial soterrado, o que en el mutismo cumple con una especîfi-

ca funciôn, con una pudiencia que, dada a su forma y fijeza caracterîsticas, no tan y

fâcil hâcele a un detractor embalarse con el objetivo de acentuar una crîtica, exhibir

su contrariedad sin quedar expuesto al apabullamiento de un interlocutor con desta-

cada verborrea, asimismo que por su ingenio repetido sin detrimento causado por la 

sûmula de sus edades que, con florecimiento y vigor conspicuos, convierten su fac-

tible lozanîa en âureo fundamental, algo sumamente meritable porque no fue trans-

formaciôn lograda a raîz de hallarse la pêtrea filosofal, la que serîa para un pensan-

te irresoluto una bûsqueda banal; menos que para un supersticioso un ôbice, o si no

que un declararîsimo malum futurum a partir de una gnosis solapada con pañales y

de la parte menos vista de su manceba dôkesis, suposiciôn arraigada a una tierra sin

humedad, al riso sin lo humectante que favorablemente la lluvia deja.     




 


 

Montag, 15. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (822)

    En lo que Rubrîa, en palacio, ocupaba su tiempo con la labor de atenciôn a sus

queridas plantas  (el trêbol de cuatro hojas, el jazmîn de Arabia y la hierbaluisa),

actividad que por antonomasia realizaba tres veces en la semana, Jancia con cier-

to embullo, como por analogîa parecido al de una alseide al revelar su behavioris- 

mo en el bosque a raîz del encuentro con un sâtiro lujurioso, acêrcasele para la si-

guiente pregunta hacerle:

---Tû crees que de yo pedirle a Prixeletes que me haga un trabajo artîstico no me

diga que no?

---Y cômo yo voy a saber eso, Jancia; entonces, por quê me lo preguntas?

---Rubria, porque tû lo conoces, por lo que pensê que pudieras saberlo...

---No, espera, al que yo conozco es a su padre Kifisodoto, del que aûn espero que

me haga el busto que le pedî, y te digo que esta peticiôn es viejîsima. Pero una co-

sa dime: en el caso de que te diga que sî, cômo tû vas a pagarle?

---Mira, ven acâ, acêrcate, escucha---dice Jancia cogiendo por el brazo izquierdo a

Rubria y pegândose a ella---. Tengo un diamante que me regalô Flacius Ilyricus el

mismo dîa en que muriô....

---Cômo que Flacius Ilyricus te dadivô tal cosa, verdad?

---Pues sî!!, como lo acabas de oîr.

---Vaya suerte que tuviste, porque el susodicho tenîa fama de tacañôn, segûn las ex-

plicaciones de Vercingetorix, que lo conocîa.

--Al parecer yo le caî en gracia y le estimulê su gusto; tal vez otra cosa, pero êsa sî

que no la vi---dice Jancia y rîe.

---No hace falta que me expliques respecto a la cosa otra, que es de nosotras la co-

sa, mas a nivel universal por fêminas ser. Por lo que me preguntaste, por quê no le

preguntas directamente a Prixeletes?

---Es que no quiero ir sola a la Kosmona, me acompañas?

---Ahora no puedo, no ves que estoy ocupada? Por quê no le preguntas a una de tus

amigas âcraticas?

---Porque a ninguna de ellas le agrada ese lugar.

---Bueno, yo ahora no puedo, asî que discûlpame y no te pongas brava...

---Claro que brava no me pongo, En fin, que voy sola, aunque te acabo (de)cir que

no querîa ir asî, Te dejo entonces que sigas con lo que haces, y adiôs!!

---Adiôs, Jancia, adiôs!!


    El la Kosmona, y por las resonancias que ya habîan en lo atinente al dêprise y re-

pise, asimismo que por lo retocado por el didâscalos filosôfico, que corresponde al

tema (o perîstasis)- allende que con longitud e inextricabilidad, porque al pastichar-

se ciertos y determinados componentes con peso y complejidad, los responsables y

encargados de una cascada de oposiciones y del ampulamiento de la verba, la com-

pleja titularia rimbomba como vaya a saber quiên quê cosa, aunque pudiera por pa-

rangôn aparecer alguna, pero que por ser la que serîa siendo aparecida, no quedarîa

exenta de la cuchilla de la facundia--de la inversiôn necesaria para la salud del lo-

gos de un sistema, lo que incluye aquî la palabra inversion  tanto cambio de conduc-

tuales como de significancia y sentido mûltiples a partir de una colaboraciôn breve

o participaciôn general de los contertulios lenguajeros

   El tîo de Kosmos enfrentaba (pacîficamente) al didâscalos con el dominio de su y

arma latinizada; pero a la vez que lo hacîa, lo que ademâs dâbale otra colorizaciôn

a la perîstasis en curso, veîase en la obligaciôn de traducir lo dicho, ya que êl ûnico

que bastamente captaba la emisiôn era Kosmos, aunque el didâscalos de algo se en-

teraba que por ser poco no es mucho, en el caso de que su reminiscencia no fallara

y con êsta pudiera acordarse de algunas palabras de jaez inveteradas. Empero el he-

cho de la susodicha traducciôn a su vez proporcionâbale una pejiguera en la gargan-

ta debido (al)zamiento de la voz, algo menester porque si hablan todos a la vez quê?

   En medio de las dilucidaciones y lo prôximo que viene despuês de ponerle punto

a la raya, el vate siente la presencia apolînea, como si viniera a dictarle con soltura

olîmpica una sumilla verbal, de lo que sale (entonces) que raudo hunde la punta de

la pluma en la tinta y escribe:


       Atibôrrase el espacio con silâbicos disparos.

       del orgasmo de la palabra que de facto feliz

                                                                    hace),

      puesto en centro con su ampo que sin duda y

                                                            pertenece)

      al deseo de las lenguas que no cesa ni fenece,

      al deleite cupular que conduce a las auroras.


      Non plus ultra de siete minutos de estas colorantes fêbicas, una inesperada fê-

mina voz resuena en la Kosmona, oyêndose entonces:


----Vengo sôlo a preguntarle una cosa a Prixeletes, menos que con el objetivo de y

si acaso entretenerlos, de interrumpir por mi venir sin previo aviso.

----Câspita, Jancia, que la penetraciôn en la Kosmona ni necesita cita ni un apunta-

miento de cuândo es posible o no traspasar el umbral de su puerta---clara Kosmos.

----Bueno, de todas maneras no quiero molestar.

----A ver, Jancia, quê es lo que quieres preguntarme?---pregunta Prixeletes.

----Puedo preguntarte sin que lo oigan los demâs?

----El perfume de cerca mata!!---afirma Kosmos y rîe.

----Quê si no va a decir? Ya me la tiene.....

----Cômo têngotela, Kosmithôs, cômo?----indaga Kosmos.

----Claro que puedes!, a ver, de quê se trata?---responde Prixeletes yendo hacia Jan-

cia.



  

 

 


 


 





Sonntag, 14. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (821)

    Retomaba Kosmos lo amplificado por su tîo: dêprise y reprise; pero esta vez, 

 que es por ser la de ora un tanto disîmil a las anteriores trabajadas de acuerdo a

un telos especîfico al servicio de un consenso general, para aplicarle su idea del

ojos asomante, lo que por lo tanto indica, si no que ôntico subraya-----acentûase

lo individual sin concomitancia de campanazos o trompetas-----, que la verba no

se desposee para volverla a poseer, sino que por eliminaciôn por el mecanismo y

de volverla a ver es sacada de funciôn volitivamente o ex profeso, dos condicio-

nes [del gustillo del ser ante factores paliativos que por lo que son carecen de în-

clito alargamiento] conspicuas (bastamente) responsables tanto de la seductiva y

atrapante coloridades del prôximo discurso, como de lo melôdico y el ritmo fac-

tibles que sugestionan al oyente, zalagarda que de facto imanta y da pâbulo limi-

tado de refutaciôn fresca, no ya de una senil porque la conocen todos los conter-

tulios y que por ser la repetida contr(a)taques lûdicos propicia, aunque êstos son

[el ethos incesante y la pomada elixir] por metodologîa el tejemaneje prâctico en

fluencia en la instituciôn, si no que la razôn impepinable de que brûñase una po-

lêmica con la lija de la verba, como si êsta fuera el metal de una êgida de un po-

lymathês; que desprende, por reflejo, un conocimiento no restringuido a una ex-

clusiva o ûnica âreas.

    Tempore vel natura lo que empôllase es garante de lumbre como de estrellas;

asimismo que de causantes que no encajan en la conducta de un hoffnar, ya que

entre el tiempo y la physis las (correlaciones?) dadorîas equilibran cantidades o

sûmulas ingentes que conducen a un jovial, a especiosas maravillas que si acaso

lleva Polimnia a sacarlas a (re)presentaciôn, sea ya con mîmica o coro en las ta-

blas de un escenario tan inveteradas como ella misma, si es que Febo con garbo

se lo permite y no que tôcale su lira para que tenga que transformarse para bene-

ficiantemente quedar protegida de los acosos musicales, caricias de lo que son y

notas pudientes con longevidad asegurada, allende que transferencia febril de lo

que no tiene impuestos, ganancia subrepticia que sâcasele a un consumidor que 

impulsado no calcula sus gastos considerables, los que al final son el producto y

que ya no puede geometrizarse con una conciencia clara o con un pensar positi-

vo, algo deplorable que en pejiguera conviêrtese, pernicio para un sueño, como

tambiên  para el esbozo de una idea con ocio, aunque no sea Apragôpolis la per-

tinente ciudad que lo acepte como es: paradigma significante del que no tener y

que muchitanto hacer es ejemplo descollante? Y en fin, que tempore vel natura

para con estos predicados que forman (pudieran considerarse como) parte conti-

nuante de una oraciôn?

  


    


Samstag, 13. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (820)

      Sostenîa Vercingetorix, que entre la compleja titularia y Coblynau, el espîritu

galês de las minas, existe una atingencia pero de corte anunciativo, mediando la

diferencia en que si aquêlla avisa de las riquezas que van a encontrarse ( o ser y

encontradas) con el golpe de la palabra; êste con el golpe de sus nudillos.

---Por el oro de las  retamas y la  pûrpura de los brezos, Vercingetorix, vaya pas-

tiche o batiburrillo el que usted acaba de amplificar; que a mî encântame, empe-

ro no sê si a los otros tambiên, a los (de)mâs oyentes por sus orejones sensibles.

---Vaya tamaño el de su magîn, Vercingetorix; aunque tambiên el que posee el y

que tiene atingencia con la compleja titularia---señala el tîo de Kosmos.

----Concreta, precisa, justa y exactamente 45 centîmetros---dice Vercingetorix.

----Me parece que lo anunciativo avisa de la prôxima parrhêsia...

----Didâscalos, y usted cree que en la Kosmona esa prôxima necesite aviso?

----Usted ya se ha ido, Asonis, acostumbrando a la instituciôn, y êsta es la sobre-

saliente ponoi de eso.

---Pero cômo puede tener atingencia con una cosa grande otra muchîsimante pe-

queña?---indaga Perrasiestes.

----Perrasiestes, su magîn a funcionar ponga!!---afirma Kosmos.

----Desde arriba no se ve un grano de arena; desde abajo, a Casiopea no la alcan-

za el ojo----dice el didâscalos filosôfico.

----Cuâl de las dos Casiopeas, la constelaciôn boreal o la madre de Andrômeda?

----Candelejôn, y eso es relevante, si tanto una, como la otra, estân arriba?

----Kosmos, ya no me dices cenutrio?---pregunta Perrasiestes.

----Ora desposeo la verba para despuês volverla a poseer!

----Dêprise y reprise!!----afirma el tîo de Kosmos.

----No voy (a)mplificar: êsa es la res, êsa!!

----Verdad, Kosmos, que no lo amplificaste?

----Verdad que los saltos son considerables; sûmulan montôn; con ellos atibôrra-

se el espacio de aquî---puntualiza Temîganes de Alejandrîa.

---En realidad se responde poco, y mascarada la forma de formularla, la pregunta

se hace mâs----dice Asonis.

---Mascarada no siempre, Asonis, sôlo cuando es menester o intempestivo...

---Intempestivo, Kosmos?

---Lo que estâ fuera de sitio, al integrarse a lo que en puesto estâ, engendra lo y

prôtido que sustenta a la compleja titularia. 

---Tañe el campanôn que acarrea atrape!---exclama el vate.

---Porque la resonancia del susodicho campanôn al interlocutor  llega (a)presar?,

pregunta Kosmos.

---El efecto creante del infinitivo de que algo apresa, en este caso la resonancia,

---Câspita, didâscalos, vaya compleja titularia!!

---Y se olvidaron de Coblynau---dice Vercingetorix.

---Que crezca para que sea visto!!----afirma Perrasiestes.

---Señor, si ya no estuviese acostumbrado al lûdico, tendrîa un duelo conmigo y

por candelejôn---anuncia Vercingetorix.

----Y risas de Kosmos.



 




Freitag, 12. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (819)

   El polîcromo guacamayo de Konfuza de confusiôn comenzaba a padecer; es-

taba ya desde hacîa unos dîas dando calaña de equîvoco, por lo que como tal al

sonar el sistro parecîale que era el crôtalo y al revês. Konfuza con certeza creîa

que el motivo del padecimiento debîase a su senilidad, por lo que entonces que-

dâbale descartada la posibilidad de que fuera por razones acarreadas por alguna

tupiciôn  brutal. Sin  entrar en liza con Konfuza, que si no una parte del barrio de

los  Sigilarios  enterarîase tanto del  aumento de su voz como de la ringlera de in-

sultantes  atropellos  verbales que  saldrîan en tropel por su bocona, Antîmaco sa-

ca  a relucir, propone, transmite la  idea de tocar los dos instrumentos a la vez, al

mismo  tiempo, juntos, con el  propôsito de saber cômo el guacamayo reacciona-

rîa  a raîz de oîr una  sonoridad fusionada y como tal totalmente desconocida por

êl  hasta el  hemêra de hoy----y cômo no, si es nueva? Konfuza entonces estando  

de  acuerdo le da el  beneplâcito correspondiente para que pase a la acciôn, al ta-

ñer  de los dos  instrumentos, dejândole a Antîmaco la decisiôn de si tocarlos de

pie  o sentado, de si  con  una sola mano los dos juntos o uno en la mano derecha

y  el otro en la  izquierda. Empero en lo que  prepârase Antîmaco para el traslado

de  su idea del  hontanar de donde surgiô a lo empîrico, de la fuente que con sol-

tura  engendrôla a un existencial actual, unos golpes en la puerta de la casa [con

la  numeral 460] danle  pâbulo a Antîmaco  de que  abandone  lo hacedero, e ipso

facto  o sin  dilaciôn  dirîjase al  componente de la  vivienda que protege la intimi-

dad, la costumbre y estatus pertinente de la oculaciôn o curiosidad ajenas.

---Ah, es usted, flamen, vaya visita que tengo teolôgica!!, y eso que usted vuel-

ve a tocar a mi puerta, porque esta vez no habîa bullicio adentro de la casa?

----Donde hay mutismo hay creatividad, Antîmaco, porque el pensar no carece

de movimiento, de estaticismo---señala el flamen.

----No entro en suspicacia por sus palabras, porque precisamente estaba prepa-

rândome en funciôn de lo engendrativo---revela Antîmaco de Ocamitân que se-

guido pregunta: y quiên es esta señora que lo acompaña?

----Una reciente llegada a Bedriaco que se llama Lacrusea, la que conociô a un

viejo compinche mîo del colegio de los sacerdotes Salios. Le dejo saber que si

estoy aquî es precisamente por ella.

----Por lo que entiendo que si ella estâ aquî es por un motivo, no?

----Usted ha entendido bien, Antîmaco, ademâs que râpido.

----Disculpe usted, flamen, que me salga un poco de lo que fluye; pero, que me 

resulta increîble, usted montando un caballo?

----La incredulidad no es ûnica en usted; muchos pudieran tenerla; pero bueno, 

hoy me montê en uno.

----Y de dônde sacaron los caballos?

----Nos los prestô el magister equitum.

----Entonces vienen ustedes de palacio, no?

----De allî mismo, Antîmaco, de allî.

----Bueno, y de regreso a lo que corresponde, por quê la señora Lacrusea estâ en-

frente de la puerta de mi casa?

----Porque conoce a Konfuza de los viejos tiempos, de cuando estuvo presa en la

cârcel de Apragôpolis.

----Cômo?, que Konfuza estuvo presa?, eso yo no lo sabîa, verdad?

---Asî es, Antîmaco, y yo hablê con ella varias veces, o cuando podîa--dice la sig-

nora Lacrusea.

----No sê cômo reaccionar, si con un asombro o con una sonrisa....

----La que si acaso debe reaccionar es Konfuza, no usted---dice el flamen.

----Konfuza, una visita para ti!---anuncia Antîmaco de Ocamitân.


     Raudo, como un tiro de flecha, Konfuza arrumba sus pasos hacia la puerta, pe-

ro no sola, sino portando entre sus brazos al polîcromo guacamayo.

----Pero si es usted el que me visita, flamen, usted----dice la signora Konfuza.

----Soy yo, que me reconozco como tal, no me he olvidado, pero no soy yo quien

la visita, si esta signora que me concomita---dice el flamen señalândola.

----Y quiên es ella, de quiên se trata y por quê viene a visitarme?

----Quê alegrîa volverte a ver despuês de tantos años, Konfuza----dice la signora

Lacrusea.

----Señora, estâ usted en sus cabales?

----Claro que sî!!, pero como ha pasado mucho tiempo es normal que de mî no te

acuerdes....

----No me diga, y de dônde nos conocemos?

----De la prisiôn de Apragôpolis! Mîreme bien, Konfuza, mîreme!!

---No puede ser, verdad que sî!!, aquella muchacha acusada de un crimen que no

cometiô....

----La misma, Konfuza, la misma, êsa soy yo!!

---Pero esto merece no uno, sino tres brindis, un pronto tintineo de copas. Y vino

usted a Bedriaco solamente por ese motivo?

----Yo ni sabîa que estabas aquî, si aûn vivîas [....] mi venida aquî fue por otra co-

sa...

----Y cômo supo entonces de mi destino?

----Por una conversaciôn que tuve con Dido.

----Creo que vamos a tener una conversaciôn larga, con extensiôn, amplia.

----El tiempo no es un impedimento, porque suficiente tengo.

----Pero entren, entren, traspasen el umbral de la puerta---pide Konfuza que dîce-

le a la vez a Antîmaco de Ocamitân: puedes ir en busca, para empezar, de tres si

no que de cuatro botellitas de vino?

----A su edicto, Konfuza, al suyo!!----afirma Antîmaco riendo.












 

 


  


   

Donnerstag, 11. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (818)

   

       El tîo de Kosmos, y debido a las verbalizantes anteriores tanto del didâscalos

filosôfico como las de Kosmos --por las del vate ni se interesô por quedarles ininte-

ligibles--,puntualizando la de aquêl lo de las inversiones necesarias para la salud

de un sistema; y acentuando la de êste el lascamiento en funciôn del hallazgo del

sustento  amigable, de lo  prôtido, recuêrdase de un  [inveteradîsimo] mêtodo nor-

malizado [ que utlizaba un orador para ganarse el  apoyo de la audiencia] de cons-

tuir o  tratar perîstasis y argumentos, y el que parte  formaba de la clâsica retôrica

aquea, asimismo que  [mâs tarde explotadîsimo por su eficacia seductiva y su pu-

diencia  subrayada por los  oficiantes del palabrôn: por paradigma Cicerôn?] ofre-

ciente  de la posibilidad de  bruñir hasta lo  mâs cosiato con la lija del vocabulario

bueno, por no decir que por êse con largo alcance o amplitud destacada.

---Eureka, que su lêgein saca a puesto, a colocaciôn el topos---dice el didâscalos

filosôfico.

---Exacto, didâscalos, correcto!!---afirma del tîo de Kosmos.

---Câspita!, que ustedes invîtanme a ponerle punto a la raya para que continuê la

letra---amplifica Kosmos.

----Y cuâl es la que sigue, Kosmos?---pregunta el tîo de êste.

----El topos en el campo de los câlculos y los signos de suma, resta, multiplica-

ciôn y divisôn...

----No me extraña que por ser el que te gusta lo hayas tenido en cuenta...

----De acudimiento a lo pluralizante: topoi o toposes!!---dice el didâscalos filosô-

fico.

----Te quedaste con la verba corta, Kosmos?

----Prepârese para lo que viene----dîcele el didâscalos al tîo de Kosmos.

----Dirîase muchitanto mejor que fui interrumpido inexorablemnete---acentûa Kos-

mos.

----Indirectamente me dices interrumpidor!!

----Canje direccional: fue recta (mente) exenta la consideraciôn de lamentable mo-

ralia.

----Kosmos, acabarâs de decir?---indaga Temîganes de Alejandrîa.

----Un tipo categôrico como el de elementos combinados; mâs generalmente, como

uno que actûa sobre un espacio topolôgico,

----O sea, como el de conjunto---dice el didâscalos filosôfico.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!!---afirma Kosmos.

----Sobre un espacio topolôgico; o sea, que entrarîa en rol lo que se trata de la con-

tinuidad y de otros generales conceptos?

----Estâ ostensible usted, Temîganes, ostensible---dice Kosmos.

----Sobre un espacio parte de las matemâticas---suelta el didâscalos filosôfico.

----Perîstasis complicada para el que no le guste la topologîa---dice Temîganes.

----Yo no creo que sea fâcil aun para el que le gusta; tiene sus dificultades y como

tal engendra tropiezos, lo que eso sî, el gusto acarrea otra actitud, otro repaso con

mejor ânimo, otra disposiciôn al servicio de lo numeral...

----Si lo dices, Kosmos, que te gusta---dice Temîganes de Alejandrîa.

----Por generalidad creo que nos pega mejor el mêtodo normalizado---puntualiza el

tîo de Kosmos.

----No escapes en el instante que tu pregunta respôndese mejor.

----Kosmos, quê quieres decir con eso?---pregunta el tîo de êste.

----No me preguntaste de que si me habîa quedado con la verba corta?; pues bien, y

ahora que un poco alôngola, con eso de que es mejor el mêtodo normalizado porque

pêganos, no mantienes fijeza por lo que querias saber, lo que traduzco, entonces, por

fuga, a raîz de una complejidad, de la compleja titularia: la topologîa.

----Analîtico por naturaleza!!---afirma Asonis.

----Ecuanimidad ante todo, que la ataraxia engendra verborrea circunspecta---suelta

Kosmos.

----Ah, uno de tus epîmones favoritos, que rato hace que no oîa.

----Verborrea circunspecta lûdica---precisa el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos.

----La compleja titularia solapa la piel de mis dos versos---dice el vate.

----Es que no se entienden; incomprensibles son---revela el tîo de Kosmos.

----Al fin soy vate, al fin!!----afirma el vate mirando hacia abajo.

----Captado, vate, captado!!, que ya sê de dônde usted sacô lo acabado de decir.

----Quê si no, una novedad?

----Y risas del vate y de Kosmos.





    

Mittwoch, 10. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (817)

     El didâscalos filosôfico olvidôse de lo del scurra, mas con el objetivo ûnico

y preciso de centralizar lo de inversiones necesarias para la salud de un siste-

ma, amplificaciôn por êl mismo soltada sin la contra-oposiciôn o la correspon-

diente trompetilla refutable de alguna lengua musical; y ajustada, por planifica-

ciôn, a tonificar con una sola nota. Mas el vate a la vez escribîa: 

  tiempo rellenado con la sâtira pueril de cascarilla verde,/ la colgante aûn del

  ârbol erigido en el magîn,

por lo que piensa el didâscalos que esto era calaña metaforizada de un bene-

volente con duraciôn breve y carâcter relajado, si no que con pacificidad ejem-

plar, lo que claramente termina en ocasionar un pensamiento libre de la pôlvo-

ra de las fumbinas, de las invitaciones a un conflicto y de la mîmesis de proma-

quia; alterante, por consecuencia, de los disparos al por mayor contra una pared

reflejante de una proyecciôn ontolôgica.

     Kosmos, en cambio, y de las inversiones necesarias para la salud de un sis-

ta, saca lascas en busca de lo prôtido, de lo que sustenta amigablemente menos

que peyorativo, que no es el caso de este rimbombante -----tômese como un re-

curso metodolôgico en lo que tiene de un procedimiento en funciôn del mante-

nimiento de la posibilidad de que aparezcan los alicientes----dador verbalizado

con cierto tempestivo soplido que embrisa favorablemente; aunque pudiera sus-

tituirse, de acuerdo a la imaginaciôn, en un acto de asperjamiento que bienveni-

do humedece a la yesca que sufre por carencias de lloviznas; piensa, como lo y

siguiente entonces, que lo protêico ludica un rol fundamental en la escena de la

Kosmona, igual si mascarado ex profeso o con pericia, que descaradamente ad

hoc dejando ver su câscara, candidez que no embadurna ninguna tinta forânea,

ninguna sorna repasada que en mutismo persevera con acercarse a su calculada

meta, a su telos punto fijo ubicado en lontananza, sitio que ademâs inmôvil im-

pide la inversiôn; de tal guisa que, para un sistema, es truncar vaporado en una

hirviente cazuela: si las burbujas saltan como sapos, los sapos buscan burbujas

en lo adusto de una hoja, divisa una y otra vez bruñida sin tedio desfavorable y,

canciôn de arlequîn que un polichinela no entona, quedando (entonces) dejado

saber que, concisa y acentuadamente, queda solapado el scurra, lo que decir no

quiere que, por truco o estrategia, no vuelva (a)parecer.


 


    

Dienstag, 9. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (816)

 

      Seguido al cumplimiento con celeridad del edicto de Dido, el magister equi-

tum le da los caballos al flamen y a la signora Lacrusea, con el propôsito de êsta

de satisfacer su deseo (no tan apremiante mas por razones de nemôsine un tanto,

un algo menester) de ir a visitar a Konfuza, de la quien dîjole el flamen---fresco

barrunte por ser reciente en la conversa sostenida en palacio con la reina-----que

vivîa en el barrio de los Sigilarios, en la casa con la numeral 460 y con su novio

Antîmaco de Ocamitôn, a raîz de abandonar a Gaye Macinas, cual situaciôn dio-

le la posibilidad de cambiar su estatus de concubina a relaciôn formal. Antes de

que  salieran de la corte los cuadrûpedos entregados, y ya encima de êstos los ji-

netes, dîcele el magister equitum al flamen a modus de advertencia:

---Agarre fuerte el arreo con las dos manos, no vaya a ser que se quede dormido

 y se caiga del cuadrûpedo, que despuês la responsabilidad es mîa.

----Quedarse dormido, y por quê?----pregunta la signora Lacrusea.

----Porque la velocidad que le darâ al cuadrûpedo es la misma que con la que êl

camina, o sea, parsimônica.

---Omnis motus quo celerior eo magis motus!!, por eso al ser lento el movimien-

to cuasi que no hay---sostiene el flamen.

----Ya hasta usted estâ contagiado con los contertulios por su expresiôn con jue-

go...

----Quê dice usted, magister, que yo no entro en ese ludus? Bueno nos vamos y

despreocûpese usted, magister, que no me quedarê dormido.

----Ya veremos, flamen, ya veremos!! Que tengan buen paseo!


     Arrumbados los cuadrûpedos hacia la conductual correcta, la que directamen-

te hacia posible llegar al destino señalado, el que a su vez posibilitarîale a la sig-

nora Lacrusea si no quedar poseîda por una taciturnidad (pudiêrase dar el caso o

la situaciôn, de que Konfuza no la recuerde por motivo de tiempo), alcanzar pa-

ra su beneficio un estado de jovialidad, con el que entonces del pasado hablarîa-

se con mâs soltura, con mâs fluencia y disposiciôn. Ahora bien, algo que por de-

cisiôn mutua fue factible, en el instante preciso y con las personas que son, si el

flamen conducîa el cuadrûpedo por la izquierda; por la derecha la signora Lacru-

sea, sin que ora tuviese rol la diferencia crîptica, lo que no quiere decir que por y

esto desconocida por los que interêsanse en saber sobre las caracterîsticas con fi-

jeza que tanto la izquierda como la derecha tienen; en sûmula son los pocos o los

mâs decididos a enfrentar consecuencias o desafios, ya que lo mismo por la dere-

cha pudiêrase sentir un saludo amigo que toma una mano jocosamente, que por y

la izquierda una que porta un jâculo invitando a un combate senil; contraposicio-

nes aplicadas, allende, por un tejemaneje que ya no estâ mascarado. Esta perîsta-

sis  no fue tocada, sacada a  puesto o a colocaciôn por ninguno de los dos jinetes,

ya que ambos mâs bien escrutaban el paisaje que desde una pequeña altura podîa

examinarse, aunque por la parte del flamen ya oculado con mâs veces que alguno

forâneo con asimismo policromîa, tamaños arbolados sobresalientes, âridos hier-

bajos y espacio basto como para erigir nuevas fachadas. Acopas la signora Lacru-

sea interêsase en saber quiên era la criatura que al parecer buscaba algo agachada,

y del mismo lado que ella decidiô tomar. Tal curiosidad le da pâbulo (de)tener al

cuadrûpedo una vez estando al lado de la criatura, y sin abandonar la albarda rau-

do pregûntale:

---Señor, me puede decir usted quê hace con este Sol que afogara en esa adopata-

da posiciôn?

----No mâs que lenificando la tenencia de un calambre en las piernas que me mo-

lesto para seguir andando----responde la criatura dejando ver su rostro.

----Ah, pero si es usted, Golemo, el arquîatra Golemo---dice el flamen.

----No puedo creerlo, usted, de nuevo usted, señor?---pregunta atônita la signora

Lacrusea.

----De dônde lo conoce, signora Lacrusea, de dônde?---fisga el flamen.

----Eso mismo me pregunto yo---dice el arquîatra Golemo.

----Señor, mîreme bien, verdad que no me reconoce?

----Primera vez que la veo, nunca la habîa visto, jamâs!!

----No se acuerda de cuando en la prisiôn de la ciudad del ocio usted me miraba 

y desnuda amarrada a una mesa?

----Cômo, êste era uno de esos guardias que la interrogaban?----indaga el flamen.

----Asî es flamen, su semblante no se me olvida. Y de dônde usted lo conoce?

---Signora Lacrusea, êl no hace mucho me proporcionô un solvento contra un ma-

lestar estomacal: cuerno de ciervo rallado mezclado con agua.

---Pero de eso hace cantidad de tiempo, y de su rostro no me acuerdo---dice al ar-

quîatra Golemo.

----Vaya quê reencuentro, vaya tal!!---afirma el flamen que pregûntale a Golemo:

y desde cuândo es usted entonces lo que es?

----Flamen, eso tiene extensiôn para contarlo ahora; necesita de una cantidad de y

palabras tremenda para explicarlo, mas puedo simplificarlo de la siguiente mane-

ra: decidî cambiar de oficio.

----Insôlito!!, quiên me dirîa que lo volveria a ver---dice la signora Lacrusea.

----Señora, yo sôlo cumplîa, en aquel entonces, con edictos superiores, sôlo eso.

----Vaya edictos, quê de perversos y o de enfermos, de malos....

----No dejo de reconocerlo, mas eran asî, yo no podîa cambiarlos, ya que fui sim-

plemente un guardia; pero sî pude hacer una cosa: renunciar a seguir siendo eso,

un guardia.

----Nadie puede participar de algo, o en algo, que por naturaleza no tiene...

----Quê usted me quiere decir, que mi naturaleta es perversa?

----Se lo dije, acabo de decîrselo, sin metâforas alguna, no?

----Quê usted puede decir, flamen, al respecto de eso?

----Que yo, Golemo, soy un flamen, menos que un juez para dictar sentencia por

su pasado; que si quiere confesarse, la puerta del templo de Jano Quirino estâ pa-

ra todos abierta, dependiendo de usted que traspase su umbral o no, de su querer.

----Sin duda sabe usted cômo hablar, expresarse bonito, sî eso!!

----Logos spermatikos funcional con resonancia magna!

----Esta criatura no merece perdôn alguno, salvaciôn de ningûn tipo---dice la sig-

nora Lacrusea.

----Signora Lacrusea, dêjeme eso a mî, que es mi oficio, de acuerdo?

----En fin, sigamos camino, que ya sufrî bastante por causa de la acusaciôn falsa

y por lo sâdico de esta criatura.

----No puedo cambiar mi pasado, asî que tômelo usted como quiera---dice Gole-

mo mirando a la signora Lacrusea.

----Golemo, seguimos camino y, ya sabe, la puerta del templo estâ abierta---dice

el flamen.    



   

Montag, 8. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (815)

 

         El vate ubicândose en el carril apolîneo, mas sin aûn precisar un punto fijo o

una meta, porque mâs bien fue por un impulso que posicionôse en la lînea conduc-

tual, menos que por una imago concisa con serpentines y fiesta en su ôntico magîn,

celebrâbale a Kosmos una pincelada recientemente amplificada, siendo como tal la

siguiente: 

  Que lo mismo câsase un beodo con una cortesa en el paîs de los bienaventurados 

que un valdense con una carrusiana en una catedral de Lyon.


       Kosmos aûn en belebele por el soliloquio, como si êste engendrârale una cora-

lina resonancia o si no que un claveteo orbital (relevante calaña de que un determi-

nado y preciso sonido pertenece a una sensibilidad captativa con mucho mâs incli-

naciôn por las significantes ornamentadas que por la misma cosa en-sî, aunque êsta

sea la simiente que proporciona [o facilita] la sûmula correspondiente de tales signi-

ficancias), empero no tan a lontananza ido como para (des)preciar un contenido con

farfullamiento misquito, que es lo mismo a decir que con verborrea forânea, vuêlve-

se (a)comodar en la silla y, como un disparo de flecha, sin que a trancas y barrancas

cumpliera con la acciôn de estirar la cuerda del arco, dîcele al vate:

----Quiên si no que usted, vate, para captar mi emisiôn, como un zahorî un elemen-

to primordial a raîz de cortar una rama de avellano silvestre en forma de horquilla?

----Elûdele su flexibilidad un rompimiento casual, que su forma se dirima.

----Sale a puesto, a colocaciôn materia de un rabdomânico, ya no la de un hiperôs-

mico---interrumpe el didâscalos filosôfico que agrega: agkhinoia contra las syrphe-

todôn de las lenguas con baja dimensiôn.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, didâscalos!!,  que la res la

amplificô usted mirîfica.

----Puedo preguntar algo, Kosmos?---pregunta Perrasiestes.

----Age, cenutrio, age!

----Ya me acostumbrê a oîr la palabrita, asî que no me querello. Quê tû quisiste de-

cir con esa frase celebrada por el vate?

-----Refiêrese a un ponderamiento entre lo que estâ arriba y lo que abajo.

----Pues yo no me doy cuenta del ponderamiento tal....

----A fortiori no deberîa de volverle a decir cenutrio, sin atañer la incomprensiôn y 

del hablante?

----Scurra doble!!

----Câspita!!, que la risa no llega a imperio.

----La risa del scurra domina a los demâs. Kosmos riêse, pero no es un scurra.

----Eso, didâscalos, suena a silogismo---reconoce Perrasiestes.

----Suena?

----Y risas de Kosmos.

----Alguien me dice quê es scurra?----pregunta Kosmithôs.

----Alguien, por quê no pregûnta(s)elo al cenutrio?----pregunta Kosmos.

----Bufôn, Kosmithôs, bufôn---responde Perrasiestes.

----Vaya (des)composiciôn, Kosmos, vaya!

----Descompongo para componer, completo la cosa: ser de rigor?

----El rigor del ser de una cosa o la cosa con su rigor de ser!

----La substancia y la identidad; capatado, vate, captado.

----Eureka!!, la su(b)stancia: alusiôn al philosophus gloriosus----dice el didâscalos

filosôfico a su vez que al vate: pero ha entrado usted en el campo de la filosofîa.

----Y no pudieran entrar los filôsofos en el de la poesîa?---fisga el vate.

----No es imposible porque...

---Y no me mire, didâscalos, porque eso, lo repetido, lo vuelto a puesto y a coloca-

ciôn---clara Kosmos.

----Saca êgida el scurra!!

----Scurror ipse mihi, populo tu!!----afirma el tîo de Kosmos.

----Perîstasis Epîstolas horacianas----reconoce Kosmos.

----Quê me dicen de la bômolokhia?----pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Que estâ usted trayendo de vuelta al philosophus gloriosus---responde el didâs-

calos filosôfico.

----El que segûn habla de los vicios asociados a la conversaciôn.

----La humildad irônica y la bufonerîa, vicios que ya usted dijo con una palabra.

----Y cual palabra es êsa, porque aquî palabras llueven?---pregunta Kosmithôs.

----Kosmithos, no estâs concentrado---dice el didâscalos filosôfico.

----Ah, boboloquîa?

----Y risas del didâscalos que rectifica: no, boboloquîa no, sino bômolokhia.

----Palabrilla saliente de la Êtica----agrega Kosmos.

----Correcto, Kosmos, correcto!----afirma el didâscalos filosôfico.

----Câspita!, que si uno no engendra risa para su propio beneficio, cômo para la mul-

titud---dice Kosmos en lo atinente a la frase amplificada por su tîo.

----Entra en tu ludus la significante de la frase.

----Vaya perogrullada!!, quê si no?

----Inversiones necesarias para la salud del logos de un sistema!

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!, que el vientre es el maestro de las artes...

----Te deberîa decir scurra, por trasladar a Persio a tu sistema?

----Y risas de Kosmos.








   



 



 

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...