Donnerstag, 18. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (825)

 

       A hurtadillas (excepto Prixeletes que estaba al tanto) Jancia acercôse a la

casa con la numeral 460, situada en el barrio de los Sigilarios. Al asomarse y

por una de sus ventanas sin cortina, allende que cerrada para eludir que no sa-

liera con soltura el guacamayo, es testigo visual de que del lado izquierdo del

salôn el flamen conversaba con una señora desconocida para ella (Lacrusea) y

que a su vez acariciaba al guacamayo; como si fuera, metido entre sus brazos,

un niño de poca edad; del derecho, de que Antîmaco de Ocamitân tocaba los y

dos instrumentos a la misma vez (el sistro y el crôtalo) y otras dos personas se

entregaban a una danza ( Konfuza y Gaye Macinas), que lo mismo podîa ser y

griega que oriunda de otra regiôn, y las que al mismo tiempo emitîan unos gri-

tos con reciedumbre y continuos, como si fuese una evocaciôn o algo con cier-

ta analogîa, siendo êsta la razôn del bullicio escuchado. Mas si algo dejôla atô-

nita, menos que por lo que sucedîa y mâs por una cuestiôn intempestiva, fue la

presencia del flamen en una cuadratura como êsa, en un recinto muy disîmil al

que por ethos en las horas y en los dîas hace factible una monotonîa especîfica

en el templo de Jano Quirino, la que de facto forma parte de la subrutina con la

que cuenta el flamen, la que imprescindible ofrêcele a su oficio un mirîfico de-

sarrollo con el telos de precisar (o acentuar) cuestiones fundamentalîsimas que

de ôrdago ayudan al que urgente las necesita, sea ya por precariedad de una da-

dora ilusiôn que por exceso (o desbordamiento) de una pejiguera de marfil. No

por otra razôn que por êsta descolla la pregunta: quê hace el flamen aquî?, mas

por no ser relevante para Jancia la respuesta, que hallada clararîa como fanales

en un puerto, quedô exenta del intento de buscarla a todo trance. 

      Gaye Macinas, el que ya sâbese que fue controlador del navîo en los viejos

tiempos, en los de Vologeso, a su vez que ex-novio de Konfuza, penetrô inespe-

radamente en la casa con la numeral 460 por razones de resonancia, ya que y al

estar la casa con la numeral 459 ( la de los difuntos) en medio de la de êl ( la de

con la numeral 458), el sonido de los instrumentos traspasaba las paredes como

una flecha tirada a un blanco, como si Diana con garbo sacara su arco en musi-

calîsima funciôn de engendrar melodîas con zumbido, y no tanto con el medita-

do objetivo o propôsito de traspasar la piel de algûn animalejo que desafîa y su

tiro con fuga, con un escape cêlere por la punta que periclitar hace su esbozado

existencial de cuatro patas. Tal resonancia acarreô en Gaye Macinas una moles-

tia, un acopas desespero, un empellôn capaz de hacerlo salir de su casa; eficaz y

pudientemente basto, como para que abandonara su casa y dirigiêrase a la habi-

tada por Antîmaco y Konfuza, aun ignorando si êstos lo dejarîan pasar; mas co-

mo dice el dicho: quien no arriêsgase no triunfa, mas analizando triunfo para y

quê o en quê examinarîa alguien con ya experiencias de contingencia, pero co-

mo Nadie perdiô el ojo expuesto a un pernicio esperado ( o supuesto), la en co-

locaciôn o nombrada contingencia es tan sôlo un color simbôlico al servicio de

un magîn con talento (re)presentando una escena que ludica sin tramoya a pre-

sentarse volitivamente sin aplausos por su histrionismo. Pero entonces toques y

en la puerta con la numeral 460, y el no tanto aceptado fue dejado pasar, el que

una vez adentro ni fue rechazado ni alcanzado por vituperios de Konfuza  [con 

confusiôn tâcita], y debidos a tildamientos analîticos por razones de un pasado, 

de la alcheringa que resuena como matraca china.

----Y entonces, quê viste por la ventana?---pregûntale Prixeletes a Jancia.

----Ven, sigamos dando la vuelta y te digo--responde Jancia a la vez que agarra

la mano derecha de Prixeletes.  




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