El polîcromo guacamayo de Konfuza de confusiôn comenzaba a padecer; es-
taba ya desde hacîa unos dîas dando calaña de equîvoco, por lo que como tal al
sonar el sistro parecîale que era el crôtalo y al revês. Konfuza con certeza creîa
que el motivo del padecimiento debîase a su senilidad, por lo que entonces que-
dâbale descartada la posibilidad de que fuera por razones acarreadas por alguna
tupiciôn brutal. Sin entrar en liza con Konfuza, que si no una parte del barrio de
los Sigilarios enterarîase tanto del aumento de su voz como de la ringlera de in-
sultantes atropellos verbales que saldrîan en tropel por su bocona, Antîmaco sa-
ca a relucir, propone, transmite la idea de tocar los dos instrumentos a la vez, al
mismo tiempo, juntos, con el propôsito de saber cômo el guacamayo reacciona-
rîa a raîz de oîr una sonoridad fusionada y como tal totalmente desconocida por
êl hasta el hemêra de hoy----y cômo no, si es nueva? Konfuza entonces estando
de acuerdo le da el beneplâcito correspondiente para que pase a la acciôn, al ta-
ñer de los dos instrumentos, dejândole a Antîmaco la decisiôn de si tocarlos de
pie o sentado, de si con una sola mano los dos juntos o uno en la mano derecha
y el otro en la izquierda. Empero en lo que prepârase Antîmaco para el traslado
de su idea del hontanar de donde surgiô a lo empîrico, de la fuente que con sol-
tura engendrôla a un existencial actual, unos golpes en la puerta de la casa [con
la numeral 460] danle pâbulo a Antîmaco de que abandone lo hacedero, e ipso
facto o sin dilaciôn dirîjase al componente de la vivienda que protege la intimi-
dad, la costumbre y estatus pertinente de la oculaciôn o curiosidad ajenas.
---Ah, es usted, flamen, vaya visita que tengo teolôgica!!, y eso que usted vuel-
ve a tocar a mi puerta, porque esta vez no habîa bullicio adentro de la casa?
----Donde hay mutismo hay creatividad, Antîmaco, porque el pensar no carece
de movimiento, de estaticismo---señala el flamen.
----No entro en suspicacia por sus palabras, porque precisamente estaba prepa-
rândome en funciôn de lo engendrativo---revela Antîmaco de Ocamitân que se-
guido pregunta: y quiên es esta señora que lo acompaña?
----Una reciente llegada a Bedriaco que se llama Lacrusea, la que conociô a un
viejo compinche mîo del colegio de los sacerdotes Salios. Le dejo saber que si
estoy aquî es precisamente por ella.
----Por lo que entiendo que si ella estâ aquî es por un motivo, no?
----Usted ha entendido bien, Antîmaco, ademâs que râpido.
----Disculpe usted, flamen, que me salga un poco de lo que fluye; pero, que me
resulta increîble, usted montando un caballo?
----La incredulidad no es ûnica en usted; muchos pudieran tenerla; pero bueno,
hoy me montê en uno.
----Y de dônde sacaron los caballos?
----Nos los prestô el magister equitum.
----Entonces vienen ustedes de palacio, no?
----De allî mismo, Antîmaco, de allî.
----Bueno, y de regreso a lo que corresponde, por quê la señora Lacrusea estâ en-
frente de la puerta de mi casa?
----Porque conoce a Konfuza de los viejos tiempos, de cuando estuvo presa en la
cârcel de Apragôpolis.
----Cômo?, que Konfuza estuvo presa?, eso yo no lo sabîa, verdad?
---Asî es, Antîmaco, y yo hablê con ella varias veces, o cuando podîa--dice la sig-
nora Lacrusea.
----No sê cômo reaccionar, si con un asombro o con una sonrisa....
----La que si acaso debe reaccionar es Konfuza, no usted---dice el flamen.
----Konfuza, una visita para ti!---anuncia Antîmaco de Ocamitân.
Raudo, como un tiro de flecha, Konfuza arrumba sus pasos hacia la puerta, pe-
ro no sola, sino portando entre sus brazos al polîcromo guacamayo.
----Pero si es usted el que me visita, flamen, usted----dice la signora Konfuza.
----Soy yo, que me reconozco como tal, no me he olvidado, pero no soy yo quien
la visita, si esta signora que me concomita---dice el flamen señalândola.
----Y quiên es ella, de quiên se trata y por quê viene a visitarme?
----Quê alegrîa volverte a ver despuês de tantos años, Konfuza----dice la signora
Lacrusea.
----Señora, estâ usted en sus cabales?
----Claro que sî!!, pero como ha pasado mucho tiempo es normal que de mî no te
acuerdes....
----No me diga, y de dônde nos conocemos?
----De la prisiôn de Apragôpolis! Mîreme bien, Konfuza, mîreme!!
---No puede ser, verdad que sî!!, aquella muchacha acusada de un crimen que no
cometiô....
----La misma, Konfuza, la misma, êsa soy yo!!
---Pero esto merece no uno, sino tres brindis, un pronto tintineo de copas. Y vino
usted a Bedriaco solamente por ese motivo?
----Yo ni sabîa que estabas aquî, si aûn vivîas [....] mi venida aquî fue por otra co-
sa...
----Y cômo supo entonces de mi destino?
----Por una conversaciôn que tuve con Dido.
----Creo que vamos a tener una conversaciôn larga, con extensiôn, amplia.
----El tiempo no es un impedimento, porque suficiente tengo.
----Pero entren, entren, traspasen el umbral de la puerta---pide Konfuza que dîce-
le a la vez a Antîmaco de Ocamitân: puedes ir en busca, para empezar, de tres si
no que de cuatro botellitas de vino?
----A su edicto, Konfuza, al suyo!!----afirma Antîmaco riendo.
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