Dienstag, 9. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (816)

 

      Seguido al cumplimiento con celeridad del edicto de Dido, el magister equi-

tum le da los caballos al flamen y a la signora Lacrusea, con el propôsito de êsta

de satisfacer su deseo (no tan apremiante mas por razones de nemôsine un tanto,

un algo menester) de ir a visitar a Konfuza, de la quien dîjole el flamen---fresco

barrunte por ser reciente en la conversa sostenida en palacio con la reina-----que

vivîa en el barrio de los Sigilarios, en la casa con la numeral 460 y con su novio

Antîmaco de Ocamitôn, a raîz de abandonar a Gaye Macinas, cual situaciôn dio-

le la posibilidad de cambiar su estatus de concubina a relaciôn formal. Antes de

que  salieran de la corte los cuadrûpedos entregados, y ya encima de êstos los ji-

netes, dîcele el magister equitum al flamen a modus de advertencia:

---Agarre fuerte el arreo con las dos manos, no vaya a ser que se quede dormido

 y se caiga del cuadrûpedo, que despuês la responsabilidad es mîa.

----Quedarse dormido, y por quê?----pregunta la signora Lacrusea.

----Porque la velocidad que le darâ al cuadrûpedo es la misma que con la que êl

camina, o sea, parsimônica.

---Omnis motus quo celerior eo magis motus!!, por eso al ser lento el movimien-

to cuasi que no hay---sostiene el flamen.

----Ya hasta usted estâ contagiado con los contertulios por su expresiôn con jue-

go...

----Quê dice usted, magister, que yo no entro en ese ludus? Bueno nos vamos y

despreocûpese usted, magister, que no me quedarê dormido.

----Ya veremos, flamen, ya veremos!! Que tengan buen paseo!


     Arrumbados los cuadrûpedos hacia la conductual correcta, la que directamen-

te hacia posible llegar al destino señalado, el que a su vez posibilitarîale a la sig-

nora Lacrusea si no quedar poseîda por una taciturnidad (pudiêrase dar el caso o

la situaciôn, de que Konfuza no la recuerde por motivo de tiempo), alcanzar pa-

ra su beneficio un estado de jovialidad, con el que entonces del pasado hablarîa-

se con mâs soltura, con mâs fluencia y disposiciôn. Ahora bien, algo que por de-

cisiôn mutua fue factible, en el instante preciso y con las personas que son, si el

flamen conducîa el cuadrûpedo por la izquierda; por la derecha la signora Lacru-

sea, sin que ora tuviese rol la diferencia crîptica, lo que no quiere decir que por y

esto desconocida por los que interêsanse en saber sobre las caracterîsticas con fi-

jeza que tanto la izquierda como la derecha tienen; en sûmula son los pocos o los

mâs decididos a enfrentar consecuencias o desafios, ya que lo mismo por la dere-

cha pudiêrase sentir un saludo amigo que toma una mano jocosamente, que por y

la izquierda una que porta un jâculo invitando a un combate senil; contraposicio-

nes aplicadas, allende, por un tejemaneje que ya no estâ mascarado. Esta perîsta-

sis  no fue tocada, sacada a  puesto o a colocaciôn por ninguno de los dos jinetes,

ya que ambos mâs bien escrutaban el paisaje que desde una pequeña altura podîa

examinarse, aunque por la parte del flamen ya oculado con mâs veces que alguno

forâneo con asimismo policromîa, tamaños arbolados sobresalientes, âridos hier-

bajos y espacio basto como para erigir nuevas fachadas. Acopas la signora Lacru-

sea interêsase en saber quiên era la criatura que al parecer buscaba algo agachada,

y del mismo lado que ella decidiô tomar. Tal curiosidad le da pâbulo (de)tener al

cuadrûpedo una vez estando al lado de la criatura, y sin abandonar la albarda rau-

do pregûntale:

---Señor, me puede decir usted quê hace con este Sol que afogara en esa adopata-

da posiciôn?

----No mâs que lenificando la tenencia de un calambre en las piernas que me mo-

lesto para seguir andando----responde la criatura dejando ver su rostro.

----Ah, pero si es usted, Golemo, el arquîatra Golemo---dice el flamen.

----No puedo creerlo, usted, de nuevo usted, señor?---pregunta atônita la signora

Lacrusea.

----De dônde lo conoce, signora Lacrusea, de dônde?---fisga el flamen.

----Eso mismo me pregunto yo---dice el arquîatra Golemo.

----Señor, mîreme bien, verdad que no me reconoce?

----Primera vez que la veo, nunca la habîa visto, jamâs!!

----No se acuerda de cuando en la prisiôn de la ciudad del ocio usted me miraba 

y desnuda amarrada a una mesa?

----Cômo, êste era uno de esos guardias que la interrogaban?----indaga el flamen.

----Asî es flamen, su semblante no se me olvida. Y de dônde usted lo conoce?

---Signora Lacrusea, êl no hace mucho me proporcionô un solvento contra un ma-

lestar estomacal: cuerno de ciervo rallado mezclado con agua.

---Pero de eso hace cantidad de tiempo, y de su rostro no me acuerdo---dice al ar-

quîatra Golemo.

----Vaya quê reencuentro, vaya tal!!---afirma el flamen que pregûntale a Golemo:

y desde cuândo es usted entonces lo que es?

----Flamen, eso tiene extensiôn para contarlo ahora; necesita de una cantidad de y

palabras tremenda para explicarlo, mas puedo simplificarlo de la siguiente mane-

ra: decidî cambiar de oficio.

----Insôlito!!, quiên me dirîa que lo volveria a ver---dice la signora Lacrusea.

----Señora, yo sôlo cumplîa, en aquel entonces, con edictos superiores, sôlo eso.

----Vaya edictos, quê de perversos y o de enfermos, de malos....

----No dejo de reconocerlo, mas eran asî, yo no podîa cambiarlos, ya que fui sim-

plemente un guardia; pero sî pude hacer una cosa: renunciar a seguir siendo eso,

un guardia.

----Nadie puede participar de algo, o en algo, que por naturaleza no tiene...

----Quê usted me quiere decir, que mi naturaleta es perversa?

----Se lo dije, acabo de decîrselo, sin metâforas alguna, no?

----Quê usted puede decir, flamen, al respecto de eso?

----Que yo, Golemo, soy un flamen, menos que un juez para dictar sentencia por

su pasado; que si quiere confesarse, la puerta del templo de Jano Quirino estâ pa-

ra todos abierta, dependiendo de usted que traspase su umbral o no, de su querer.

----Sin duda sabe usted cômo hablar, expresarse bonito, sî eso!!

----Logos spermatikos funcional con resonancia magna!

----Esta criatura no merece perdôn alguno, salvaciôn de ningûn tipo---dice la sig-

nora Lacrusea.

----Signora Lacrusea, dêjeme eso a mî, que es mi oficio, de acuerdo?

----En fin, sigamos camino, que ya sufrî bastante por causa de la acusaciôn falsa

y por lo sâdico de esta criatura.

----No puedo cambiar mi pasado, asî que tômelo usted como quiera---dice Gole-

mo mirando a la signora Lacrusea.

----Golemo, seguimos camino y, ya sabe, la puerta del templo estâ abierta---dice

el flamen.    



   

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