De sopetôn, frente a frente o acopas, la primerîsima impresiôn que llevôse su
majestad Dido no fue otra, que la de encontrar en el semblante de la signora La-
crusea un cierto parecido con el de su madre Lolia Paulina. Con la excepciôn de
la nariz roma, como la de los melinôfagos o la de las meliades (aunque tambiên
melias [del fresno] nacidas de las gotas de sangre de Urano), el resto de los com-
ponentes ( o partes de la jeta) analogâbanse muchitanto con los de la progenitora
susodicha, mas ya fenecida, como sâbese. Esto diole pâbulo de soltar en tropel la
exclamaciôn dos veces de Albricias, Albricias!!, tras la cual o gracias a la que in-
terrumpe la signora Lacrusea el momento de alegrîa demostrada con la pregunta
siguiente que hâcele a la reina:
----Usted, Dido, con ortogrâfico signo dos veces exclama eso, cuando serîa lôgi-
co que fuera yo la que deberîa exclamarlo por tener la oportunidad de conocerla
a usted?
----Puedo entender su pregunta, signora Lacrusea, mas si lo exclamê fue porque
usted parêcese bastante a mi madre Lolia Paulina, la que ya por razones de un y
destino programado no la tengo en este mundo.
----Acabo ahora de entenderla a usted, majestad, por lo que dîgole entonces, que
la exclamaciôn no fue intempestiva, sino que debido a lo que la impulso a de su y
boca salir estâ justificada, tiene su motivo y razôn.
-----Escucho que usted se expresa con una destacada facundia, de unos pocos ca-
racterîstica estimulante para el interlocutor oyente.
---Gracias, Dido, gracias!!, pero es que el tiempo que llevo leyendo es tanto, que
cuasi se me ha olvidado cuânto, Sabe usted una cosa?
----Cômo saberla si usted acaba de llegar?
----Que me encantô, quedê fascinada por el cômo se expresa su hijo Kosmos, uno
de esos pocos con esa caracterîstica a que usted hizo alusiôn, aunque reconozca y
que su facundia es compleja, engendra laberintos....
----Es que Kosmos, y desde que estaba en mi barriga, cosas que ya saben todos los
que rodêanle, oîa letras por las lecturas que yo hacîale. Entonces, signora Lacrusea,
usted ya pasô por la Kosmona?
----Acabo de salir de ella, acâ el flamen me llevô.
----No he podido saludarla, porque usted no ha parado de hablar---dîcele el flamen
a Dido.
----Si no fuera usted un viejo amigo mîo, ya lo hubiese mandado (a)rrestar por lo y
que acaba (de)cir---dice Dido, rîe y agrega: pero pase usted mâs a menudo por pala-
cio, que desde el âgape ûltimo no lo vi mâs.
----Es que los deberes y las obligaciones teolôgicas me mantienen ocupado, cada y
vez son mâs los que quieren confesarse, revelarme secreticos que les perturban re-
petidamente la conciencia dejando resonancia en el per se o en el ipsum,
----Comprendo la razôn de su ausencia, de su no-venir, flamen, comprêndola!!
----A buen entendedor con pocas palabras basta!!
----Por eso es que yo con usted semânticamente soy breve...
----Y risas del flamen que dîcele a Dido: Hay novedad, Dido, hay.
----Pues dîgala de una vez, flamen, de cuâl se trata?
----De que la signora Lacrusea es la madre de Nausica.
----Cômo, quê ha dicho usted?, y vaya quê novedad!!
----Asî es, Dido, y acâ a mi hija la tengo nuevamente, pasaron muchos años pero
la vuelvo a ver ya hecha una mujer--dice la signora Lacrusea abrazando a Nausica.
----Y tû cômo te sientes, Nausica?---pregunta Dido.
----Aûn no he encontrado la palabra justa, Dido, no sumo palabras para describir lo
que siento...
---Yo pasê, Nausica, por algo parecido, ya que estuve bastante tiempo sin ver a mi
madre Lolia Paulina...
----Cômo olvidar esos tiempos, Dido, cômo?
----Usted mejor que nadie los conoce, flamen, supo de cerca mis mâs întimos secre-
ticos---dice Dido que añade: yo tuve que sobrevivir a dos desapariciones: la de mi y
madre y la de mi esposo...
----Patêtico, Dido, patêtico!!, como mujer y madre puedo entenderla perfectamente.
----Le creo, signora Lacrusea, le creo.
----A su esposo lo acabo de ver en la Kosmona, y de su madre sê por Akalistôn, asi-
mismo que de la corte de Cotisôn Alanda Coto---revela la signora Lacrusea.
----Ese rey de Ferencia fue la causa de la desapariciôn de mi madre, pero cômo sa-
be usted eso?
----Porque mi novio, Tircano Cilatino, trabajô por un tiempo para Cotisôn como in-
formante secreto, y en su corte conociô a Akalistôn.
----Entonces, signora Lacrusea, sabe usted de las Correspondecias de mi madre Lo-
lia Paulina?
----No! Akalistôn no supo de ellas, pero de tales Correspondencias hablô Kosmos.
----Pero de Tircano Cilatino no habla mi madre en las Correspondencias...
----Yo acabo de contar en la Kosmona lo que realmente sucediô...
----Pues sabe usted una cosa, signora Lacrusea, que me lo va a contar de nuevo y a
mî, porque esto sî que es algo sumamente inesperado.
----Si usted lo desea con gusto se lo cuento, Dido.
----Pues venga conmigo a los pulvinares, donde la comodidad es la ideal para la es-
cucha----dîcele Dido a la signora Lacrusea y pregûntale a Nausica y al flamen: quê
van a hacer ustedes, vienen con nosotras o se van?
----Yo me acomodo con ustedes----dice Nausica.
----Y yo tambiên, que quantum satis la distancia recorrida a pie de la Kosmona has-
ta aquî para sentirme exhausto---dice el flamen.
-----Entonces a los pulvinares, a ellos!!----afirma Dido.
----Y dônde estâ tu amiga Sunev?----pregûntale la signora Lacrusea a Nausica.
----Debe estar en su cuarto o en busca de la campesina para recuperar ese libro y de
ella de La vida erôtica de los griegos antiguos.
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