Montag, 15. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (822)

    En lo que Rubrîa, en palacio, ocupaba su tiempo con la labor de atenciôn a sus

queridas plantas  (el trêbol de cuatro hojas, el jazmîn de Arabia y la hierbaluisa),

actividad que por antonomasia realizaba tres veces en la semana, Jancia con cier-

to embullo, como por analogîa parecido al de una alseide al revelar su behavioris- 

mo en el bosque a raîz del encuentro con un sâtiro lujurioso, acêrcasele para la si-

guiente pregunta hacerle:

---Tû crees que de yo pedirle a Prixeletes que me haga un trabajo artîstico no me

diga que no?

---Y cômo yo voy a saber eso, Jancia; entonces, por quê me lo preguntas?

---Rubria, porque tû lo conoces, por lo que pensê que pudieras saberlo...

---No, espera, al que yo conozco es a su padre Kifisodoto, del que aûn espero que

me haga el busto que le pedî, y te digo que esta peticiôn es viejîsima. Pero una co-

sa dime: en el caso de que te diga que sî, cômo tû vas a pagarle?

---Mira, ven acâ, acêrcate, escucha---dice Jancia cogiendo por el brazo izquierdo a

Rubria y pegândose a ella---. Tengo un diamante que me regalô Flacius Ilyricus el

mismo dîa en que muriô....

---Cômo que Flacius Ilyricus te dadivô tal cosa, verdad?

---Pues sî!!, como lo acabas de oîr.

---Vaya suerte que tuviste, porque el susodicho tenîa fama de tacañôn, segûn las ex-

plicaciones de Vercingetorix, que lo conocîa.

--Al parecer yo le caî en gracia y le estimulê su gusto; tal vez otra cosa, pero êsa sî

que no la vi---dice Jancia y rîe.

---No hace falta que me expliques respecto a la cosa otra, que es de nosotras la co-

sa, mas a nivel universal por fêminas ser. Por lo que me preguntaste, por quê no le

preguntas directamente a Prixeletes?

---Es que no quiero ir sola a la Kosmona, me acompañas?

---Ahora no puedo, no ves que estoy ocupada? Por quê no le preguntas a una de tus

amigas âcraticas?

---Porque a ninguna de ellas le agrada ese lugar.

---Bueno, yo ahora no puedo, asî que discûlpame y no te pongas brava...

---Claro que brava no me pongo, En fin, que voy sola, aunque te acabo (de)cir que

no querîa ir asî, Te dejo entonces que sigas con lo que haces, y adiôs!!

---Adiôs, Jancia, adiôs!!


    El la Kosmona, y por las resonancias que ya habîan en lo atinente al dêprise y re-

pise, asimismo que por lo retocado por el didâscalos filosôfico, que corresponde al

tema (o perîstasis)- allende que con longitud e inextricabilidad, porque al pastichar-

se ciertos y determinados componentes con peso y complejidad, los responsables y

encargados de una cascada de oposiciones y del ampulamiento de la verba, la com-

pleja titularia rimbomba como vaya a saber quiên quê cosa, aunque pudiera por pa-

rangôn aparecer alguna, pero que por ser la que serîa siendo aparecida, no quedarîa

exenta de la cuchilla de la facundia--de la inversiôn necesaria para la salud del lo-

gos de un sistema, lo que incluye aquî la palabra inversion  tanto cambio de conduc-

tuales como de significancia y sentido mûltiples a partir de una colaboraciôn breve

o participaciôn general de los contertulios lenguajeros

   El tîo de Kosmos enfrentaba (pacîficamente) al didâscalos con el dominio de su y

arma latinizada; pero a la vez que lo hacîa, lo que ademâs dâbale otra colorizaciôn

a la perîstasis en curso, veîase en la obligaciôn de traducir lo dicho, ya que êl ûnico

que bastamente captaba la emisiôn era Kosmos, aunque el didâscalos de algo se en-

teraba que por ser poco no es mucho, en el caso de que su reminiscencia no fallara

y con êsta pudiera acordarse de algunas palabras de jaez inveteradas. Empero el he-

cho de la susodicha traducciôn a su vez proporcionâbale una pejiguera en la gargan-

ta debido (al)zamiento de la voz, algo menester porque si hablan todos a la vez quê?

   En medio de las dilucidaciones y lo prôximo que viene despuês de ponerle punto

a la raya, el vate siente la presencia apolînea, como si viniera a dictarle con soltura

olîmpica una sumilla verbal, de lo que sale (entonces) que raudo hunde la punta de

la pluma en la tinta y escribe:


       Atibôrrase el espacio con silâbicos disparos.

       del orgasmo de la palabra que de facto feliz

                                                                    hace),

      puesto en centro con su ampo que sin duda y

                                                            pertenece)

      al deseo de las lenguas que no cesa ni fenece,

      al deleite cupular que conduce a las auroras.


      Non plus ultra de siete minutos de estas colorantes fêbicas, una inesperada fê-

mina voz resuena en la Kosmona, oyêndose entonces:


----Vengo sôlo a preguntarle una cosa a Prixeletes, menos que con el objetivo de y

si acaso entretenerlos, de interrumpir por mi venir sin previo aviso.

----Câspita, Jancia, que la penetraciôn en la Kosmona ni necesita cita ni un apunta-

miento de cuândo es posible o no traspasar el umbral de su puerta---clara Kosmos.

----Bueno, de todas maneras no quiero molestar.

----A ver, Jancia, quê es lo que quieres preguntarme?---pregunta Prixeletes.

----Puedo preguntarte sin que lo oigan los demâs?

----El perfume de cerca mata!!---afirma Kosmos y rîe.

----Quê si no va a decir? Ya me la tiene.....

----Cômo têngotela, Kosmithôs, cômo?----indaga Kosmos.

----Claro que puedes!, a ver, de quê se trata?---responde Prixeletes yendo hacia Jan-

cia.



  

 

 


 


 





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