En lo que Rubrîa, en palacio, ocupaba su tiempo con la labor de atenciôn a sus
queridas plantas (el trêbol de cuatro hojas, el jazmîn de Arabia y la hierbaluisa),
actividad que por antonomasia realizaba tres veces en la semana, Jancia con cier-
to embullo, como por analogîa parecido al de una alseide al revelar su behavioris-
mo en el bosque a raîz del encuentro con un sâtiro lujurioso, acêrcasele para la si-
guiente pregunta hacerle:
---Tû crees que de yo pedirle a Prixeletes que me haga un trabajo artîstico no me
diga que no?
---Y cômo yo voy a saber eso, Jancia; entonces, por quê me lo preguntas?
---Rubria, porque tû lo conoces, por lo que pensê que pudieras saberlo...
---No, espera, al que yo conozco es a su padre Kifisodoto, del que aûn espero que
me haga el busto que le pedî, y te digo que esta peticiôn es viejîsima. Pero una co-
sa dime: en el caso de que te diga que sî, cômo tû vas a pagarle?
---Mira, ven acâ, acêrcate, escucha---dice Jancia cogiendo por el brazo izquierdo a
Rubria y pegândose a ella---. Tengo un diamante que me regalô Flacius Ilyricus el
mismo dîa en que muriô....
---Cômo que Flacius Ilyricus te dadivô tal cosa, verdad?
---Pues sî!!, como lo acabas de oîr.
---Vaya suerte que tuviste, porque el susodicho tenîa fama de tacañôn, segûn las ex-
plicaciones de Vercingetorix, que lo conocîa.
--Al parecer yo le caî en gracia y le estimulê su gusto; tal vez otra cosa, pero êsa sî
que no la vi---dice Jancia y rîe.
---No hace falta que me expliques respecto a la cosa otra, que es de nosotras la co-
sa, mas a nivel universal por fêminas ser. Por lo que me preguntaste, por quê no le
preguntas directamente a Prixeletes?
---Es que no quiero ir sola a la Kosmona, me acompañas?
---Ahora no puedo, no ves que estoy ocupada? Por quê no le preguntas a una de tus
amigas âcraticas?
---Porque a ninguna de ellas le agrada ese lugar.
---Bueno, yo ahora no puedo, asî que discûlpame y no te pongas brava...
---Claro que brava no me pongo, En fin, que voy sola, aunque te acabo (de)cir que
no querîa ir asî, Te dejo entonces que sigas con lo que haces, y adiôs!!
---Adiôs, Jancia, adiôs!!
El la Kosmona, y por las resonancias que ya habîan en lo atinente al dêprise y re-
pise, asimismo que por lo retocado por el didâscalos filosôfico, que corresponde al
tema (o perîstasis)- allende que con longitud e inextricabilidad, porque al pastichar-
se ciertos y determinados componentes con peso y complejidad, los responsables y
encargados de una cascada de oposiciones y del ampulamiento de la verba, la com-
pleja titularia rimbomba como vaya a saber quiên quê cosa, aunque pudiera por pa-
rangôn aparecer alguna, pero que por ser la que serîa siendo aparecida, no quedarîa
exenta de la cuchilla de la facundia--de la inversiôn necesaria para la salud del lo-
gos de un sistema, lo que incluye aquî la palabra inversion tanto cambio de conduc-
tuales como de significancia y sentido mûltiples a partir de una colaboraciôn breve
o participaciôn general de los contertulios lenguajeros
El tîo de Kosmos enfrentaba (pacîficamente) al didâscalos con el dominio de su y
arma latinizada; pero a la vez que lo hacîa, lo que ademâs dâbale otra colorizaciôn
a la perîstasis en curso, veîase en la obligaciôn de traducir lo dicho, ya que êl ûnico
que bastamente captaba la emisiôn era Kosmos, aunque el didâscalos de algo se en-
teraba que por ser poco no es mucho, en el caso de que su reminiscencia no fallara
y con êsta pudiera acordarse de algunas palabras de jaez inveteradas. Empero el he-
cho de la susodicha traducciôn a su vez proporcionâbale una pejiguera en la gargan-
ta debido (al)zamiento de la voz, algo menester porque si hablan todos a la vez quê?
En medio de las dilucidaciones y lo prôximo que viene despuês de ponerle punto
a la raya, el vate siente la presencia apolînea, como si viniera a dictarle con soltura
olîmpica una sumilla verbal, de lo que sale (entonces) que raudo hunde la punta de
la pluma en la tinta y escribe:
Atibôrrase el espacio con silâbicos disparos.
del orgasmo de la palabra que de facto feliz
hace),
puesto en centro con su ampo que sin duda y
pertenece)
al deseo de las lenguas que no cesa ni fenece,
al deleite cupular que conduce a las auroras.
Non plus ultra de siete minutos de estas colorantes fêbicas, una inesperada fê-
mina voz resuena en la Kosmona, oyêndose entonces:
----Vengo sôlo a preguntarle una cosa a Prixeletes, menos que con el objetivo de y
si acaso entretenerlos, de interrumpir por mi venir sin previo aviso.
----Câspita, Jancia, que la penetraciôn en la Kosmona ni necesita cita ni un apunta-
miento de cuândo es posible o no traspasar el umbral de su puerta---clara Kosmos.
----Bueno, de todas maneras no quiero molestar.
----A ver, Jancia, quê es lo que quieres preguntarme?---pregunta Prixeletes.
----Puedo preguntarte sin que lo oigan los demâs?
----El perfume de cerca mata!!---afirma Kosmos y rîe.
----Quê si no va a decir? Ya me la tiene.....
----Cômo têngotela, Kosmithôs, cômo?----indaga Kosmos.
----Claro que puedes!, a ver, de quê se trata?---responde Prixeletes yendo hacia Jan-
cia.
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