Escuchada la dilucidaciôn de la signora Lacrusea, no es a trancas y barrancas
sino con un educir concreto, que Dido no descarta la posibilidad de que de ma-
nera alguna, con mâs precisiôn la de a hurtadillas, ya que no trâtase de otra co-
sa que de un problemilla de jaez considetarivo por incluir tanto una actitud ser-
vil frente a una ayuda sumamente beneficiosa como dinero, que Tircano Cilati-
no y Akalistôn hâyanse vuelto a encontrar sin que existiera entre ellos un posi-
ble de un pôstumo acuerdo pacîfico, de ahî que naciera un rescoldo infinitivo y
la idea de asesinato, De examinarse coralinamente, menos que somera una co-
sa como êsta, y aparte de la referente al peculio pagado por el rey de Ferencia,
hay un nuevo motivo para que entre los dos complîquese aûn mâs la cosa: por
parte de Akalistôn el querer volver con la signora Lacrusea, la que no lo acep-
ta por estar de vuelta con Tircano, ademâs de haberle dicho que no querîa tener
hijos; por la de Tircano el de saberse estêril, y, para no perder a Lacrusea, en el
que tener que aguantar las visitas de Akalistôn en la tarde, cosa que sabîa sin y
decîrselo a Lacrusea. Pensar entonces que Akalistôn fue el responsable de la y
muerte de Tircano Cilatino no estâ muy lejos de lo que viênese eyectando, en
fluencia o curso, aunque no hayan pruebas concretas, porque eso de la desapa-
riciôn de Akalistôn tal vez lo confirma, aunque crîptico quede el hecho de ha-
berse esfumado sin llevarse la maleta con el dinero pagado, algo que sigue sin
encajar y dejante de laguna. Hasta cierto punto; o mejor dicho, hasta el que pu-
diera ser sensato, partiendo del fundamento de lo que es asî para Dido, para no
verse en que retenta voluntariamente, prefiere no decir nada de lo que piensa y,
para entonces no poseer en su predio lo que no le pertenece, pregûntale por cu-
riosidad a la signora Lacrusea:
----Y cômo usted no intentô hacer nada por la sentencia a quince años en la y
cârcel?
----Dido, porque primeramente, para eso, deberîa tener un buen abogado; y se-
gundamente, de dônde iba a sacar yo el dinero para pagarlo...
----Y cômo la trataron en la prisiôn?
----A pesar de ser una de la ciudad del ocio no tan mal, aunque algunas veces,
sobre todo por la noche, los guardias venîan a buscarme y me llevaban a un sa-
lôn que tenîa sôlo una mesa y una luz encima.
----Un salôn asî, y cuâl era el objetivo de llevarla allî?
----El de interrogarme estando desnuda y amarrada encima de la mesa.
----Desnuda, y por quê?
----Porque esos guardias eran unos perversos; intentaban con eso que yo me sin-
tiera incômoda y maltratada întimamente, una forma o metodologîa aplicada con
un fin preciso: el de debilitarme y una vez endeble sacarme la confesiôn que que-
rîan.
----La de si usted habîa apuñalado a Tircano Cilatino?
----Êsa, Dido, êsa!!
----Pero alguna vez la violaron, signora Lacrusea?
----No, eso no, pero si me miraban el sexo y secreteaban entre ellos. Pero sabe y
usted una cosa, Dido?
----Cuâl, signora Lacrusea?
----Que eso, en parangôn con tener que confesar algo que no habîa hecho, mucho
mejor era, algo con lo que yo nada tuve que ver, aunque exista un motivo, mas no
pruebas...
----Pruebas imposibles porque usted no lo hizo.
----Ya estâ dicho, porque no.
----Y quê hacîa usted en la prisiôn para no sentirse tan prisionara?
----Leîa y conversaba, cuando podîa, con una mujer que ganâbase la vida siendo y
concubina, la que a su vez contâbame historias de sus relaciones.
----Quê, siendo concubina la vida se ganaba?
----Sî, porque pedîa un precio a cambio de la relaciôn extramatimonial; su nombre
es Konfuza,
----Konfuza, la novia de Antîmaco actual y exconcubina de Gaye Macinas?
----Flamen, y quiênes son esos?
----Antîmaco de Ocamitân es un mûsico que vive en el barrio de los Sigilarios; Ga-
ye Macinas el controlador del navîo en los tiempos de Vologeso, el rey de Bedriaco
antes que Dido.
----El nombre de Antîmaco me suena, pero el de Gaye no---dice Dido.
----Pues sabe una cosa, Dido, êl sî lo conoce a usted de su primer viaje a la ciudad
del ocio---dice el flamen que agrega: por ser el controlador del navîo.
----Entonces Konfuza aûn vive?, quê buena noticia para mî!!
---Desearîa usted verla, signora Lacrusea?----indaga el flamen.
----Claro que sî!!, me lleva usted a ese barrio de los Sigilarios?
----Cuando salgamos de palacio la llevo.
----Y por quê, signora Lacrusea, Konfuza estuvo presa?---fisga Dido.
----Nunca me lo dijo claramente, sôlo que por buscarse problemas.
----No claramente pero no tan oscuro, porque aclara el porquê, no?
----Si de mirarse desde ese ângulo sî.
----Pero signora Lacrusea, disfrute usted de estas delicias que sustentan que estân
a su alcance; son ûnicas por ser de palacio...
----Quê, mayestâticas?, quê si no?
----Y risas de Dido.
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