Dentro del liber La vida erôtica de los griegos antiguos encuentra la campe-
sina lo dos siguientes versos: Del pezôn cuelga una gota/ la que no quiere caer pa-
ra no romperse. Pensô que habîan sido escritos por la propietaria del liber (Sunev)
en un dîa de emociôn o de inspiraciôn regalada, mas si de algo queda atônita si no
que con la boca abierta, fue el ver la firma del compositor de los versos: la de Kos-
mithôs. A raîz de verla con la boca abierta, como si por antojo o deseo de un espe-
cîfico tipo quisiera transmitir o dejar saber una necesidad apremiante, no dilaciona
el colosero en hacerle la pregunta adecuada y con el objetivo de raudo satisfacerla,
pero al penetrar por sus oîdos el porquê de no tener su boca cerrada, algo que indu-
dablemente eludirîa que las retinas visualizaran dientes y lengua dentro de un orifi-
cio que pudiera hospedar o acoger a la fruiciôn de una intimidad compartida, entre
dos en un instante mâs al servicio del agitamiento que de la soprosine, entonces dî-
cele:
----Pero tû seguro que lo olvidaste, porque tu hermano te dijo hace tiempo ya de la
escritura de esos versos.
----Verdad que me lo dijo, verdad?
----Pues sî, claro que te lo dijo; y ademâs, que al parecer tambiên lo olvidaste, es-
tando tû en la Kosmona mâs de una vez esos versos salieron a colocaciôn, a pues-
to, como dice los contertulios.
----Creo entonces que mi memoria, para algunas cosas, estâ fallando. Pero igual y
dime: quê te parecen estas imâgenes, que dices?
----Vaya pregunta que me haces siendo yo el colosero que ya conoces y no que te
lo imaginas, ya que son dos cosas diferentes [...] creo que te encanta provocarme
con un ataque muy sutil....
----Pero no para herirte, sino para comprobar mi propia fuerza de naturaleza fe-
menina.
----Y por quê necesitas comprobar esa fuerza, si ya sabes, conoces que la tienes?
----Dêjame a mî la comprobaciôn que yo sê porque la compruebo.
----Quê pesada que te pones cuando no logras tu objetivo. Me voy, que no estoy y
para tus malas respuestas, salgo a dar una vuelta...
----Vaya quê pretexto para escaparte un ratico, liberarte por un tiempo breve de la
cobertura de onda de mi dominio...
----Cobertura de onda de tu dominio, verdad?
----No estoy para discusiones, que estâ mucho mejor el liber.
Media hora despuês cuasi que estaba el colosero llegando a Albula. Un agrada-
ble pneuma de un viento de paso engendrâbale un olvido, el motivo de que su pen-
samiento no concentrârase en imâgenes de corte taciturnas, sino mâs bien en lo to-
talmente contrario que es dador (beneficiantemente) de algo mâs que de alegrîa de
apellido efîmera, que dura lo que un brinco de sapo en una hoja de malanga (como
dirîa Kosmos), ya que como toda causa tiene su efecto, todo lo posible es corto por-
que otro posible le sigue como consecuencia. En fin, que de sopetôn o acopas sus y
retinas captan a un individuo que agâchase para recoger algo del suelo; al que reco-
noce, seguido a mirarlo bien, como no a otro que al hijo de Kifisodoto.
----Pero, Prixeletes, quê es eso que usted recoge del suelo?
----Ah, colosero, eres tû [....] un arreo de un caballo de la guardia bâtara.
----Cômo que un arreo...
----Ven, acêrcate, que te explico, que no quiero que lo oiga Jancia.
Dilucidado lo preciso y acentuado lo correcto dice entonces el colosero:
----Conozco muy bien que esas âcraticas son amanantes de nudos o lazos, cômo y
no, si yo salî por eso repleto de arañazos estando atado a ese ârbol...
----Arañazos, y por quê?
----Porque se ponen como leonas al servicio del sexo oral...
----Cômo, que te....
----Eso mismo, Prixeletes, eso mismo!!
----Y cuânto hace de eso?
----Eso es igual, la cosa es que sucediô.
----Y cômo hiciste para que la campesina no viera los arañazos?
----Si le cuento no me a creer, nadie me creerîa.
----Colosero, si quieres puedes agregarte, que se forma el trîo----dice Jancia espe-
rando en el ârbol a Prixeletes.
-----Y quê usted dice, Prixeletes?---pregunta el colosero.
----Que para mî es algo nuevo, una no tenida experiencia...
----Quien prueba todo tiene una gran experiencia. Pero dîgame: cômo es que estâ
aquî, en el camino, un arreo de un caballo de la guardia bâtara?
----Te doy la respuesta yendo hacia donde estâ Jancia. Y dime: fue de tu parte pro-
gramado el encuentro con las âcraticas?
----No no!!, vine a este lugar a buscar unas pechinas que querîa la campesina, y las
vi que bañâbanse desnudas; tambiên estaban Klonariôn y Nausica.
----Ah, eso! Bueno, respecto al arreo es que....
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