Sonntag, 21. Februar 2021

La cazuela de Vitelio (828)

     Dilucidâbale el cazador a Kosmos, que cuando conociêronse en el navîo eran

tanto los tiempos de intensa magia, como asimismo los mâs fuertes en lo atinen-

te a la disciplina del navîo---la actual no es endeble, mas por parangôn tiene una

gran diferencia----, de la que êl responsable era, como sabe Kosmos, por tanto y

debido a lo cual tanto detalles como datos les estaban vedados darlos, a no ser o

bajo la condiciôn de que con el tripulante que entrara en contacto tuviese la con-

fianza basta, o la certeza suprema de que su mutismo fuese como el de una tum-

ba. Ahora bien, que dentro de lo factible funcionaba a las tres mil maravillas, sa-

cando de circulaciôn la cantidad como algo imprescindible, que en realidad mâs

bien funciona como un pedûnculo, tanto la magia como la disciplina eran garan-

tes de mantener las conductas exentas de alteramientos, de que la menester tran-

quilidad sostuviesen sin imitaciôn alguna con las de forâneas deidades---quê de-

cîr de entre êstas una de las mâs destacadas; que a saber no es otra, que la que y

por sapiencia fue destinada al portador del epîteto (doble) hecatebeletes: tañedor

de cîtara y que arroja lejos sus tiros: de flecha?---que incitan lo mismo a la emo- 

ciôn que al rompimiento de la calma, Esta forma especial de metodismo, que asî

puede considerarse ( o la considero), fue subrayada y aceptada por el capitân or-

civo, por lo que la exigencia de ella latente resonaba en mis oîdos cada dîa y con

vigor, por lo que podrâs entender que violarla para mî mismo resultarîa pernicio-

so, porque entrarîa en lûdico igual que mi funciôn en el navîo el no poder dormir

a consecuencia de lo plûmbeo de un regaño del mismîsimo capitân. Tû has dicho

siempre: Incitato, el que encontrô al gato; mas te puedo asegurar, por lo mismo y

que vas escuchando, que el gato se dejô encontrar por Incitato, que no es lo mis-

mo, si suena igual, pero igual es lo mismo que lo sigas creyendo, que creyêndolo

sigas amplificando lo igual: no queda entonces plausible el hecho de que tanto la

magia, como la disciplina, forman parte de un mêtodo que por extensiôn resuena

fortuito, de tal guisa que no estâse en el navîo? Previo a mi trabajo en el navîo, y

aûn con edades frescas en el ârbol arraigado a una diseñada tierra, que no era otra

que la de la aldea de Kôrcha, yo leîa bastante sobre polêmica, sâtira, ironîa y pa-

rodia, mêtodos literarios o formas tîpicas que me fueron conduciendo al ampulo-

so estudio de la magia, por quê?, porque en ellos el cambio, si no que la transfor-

ciôn, me fueron despertando ciertas y determinadas inclinaciones dormidas, algo

como decir tildantes dadas que en el silencio descansan hasta dar con lo que y de

sopetôn saca de un solaz que no es eterno, que sôlo tiene duraciôn mientras que y

no reluzca la aurora de  los pudientes predicados, amanecer que le da al sujeto un

colorido mayor, de relevancia formal sin astillas en el camino, el que otro no pue-

de ser que el que a uno le toca, que entonces la participaciôn en las riquezas de la

conductual ni puede prorrogarse ni quedar expuesta a los contingentes sellados a

la superficie de los ajenos desvîos, y que asî no son los nuestros por si acaso unas

razones o quereres escondidos, por la voliciôn per se deslizândose al desafîo que

invitan a tener las piedras, que ni saben de magia ni tampoco de disciplina, menos

aûn de un capitân con danza por ahî en la sombra: tû me entendiste, Kosmos?

       

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...