Insôlitamente y, por primera vez, el guacamayo retorna a la casa con la nu-
meral 460, creyendo Konfuza que tratâtabase totalmente de un milagro, y como
tal hecho factible por el garbo divino de alguna deidad de Heliôpolis, ciudad de
donde ella era oriunda; y con razôn, como su ônoma indica, lumbrada muy bien
naturalmente por la redondez de un astro. En cambio, cual diferencia radica cla-
ramente en cuestiones creenciales, Antîmaco de Ocamitân no le resta ni le subs-
trae al suceso la parte crîpitica que correspôndele; mas sin llegar, como Konfuza,
a considerarlo absolutamente un milagro, sino mâs bien algo que en su momento
tempestivo tendrîa que pasar, lo que pudiera revelar ( o traducir) que al verlo asî,
desde esta perspectiva, mâs bien la forma de entenderlo es musical, la que preci-
sa, justa y exacta encaja con el oficio que tiene. Gaye Macinas daba calaña de in-
diferencia total, lo que es lo mismo a decir que importâbale tres quênices el cômo
Konfuza creîalo y Antîmaco lo valoraba, muestra que no era la misma si hablâra-
se de tagarnas, las que de facto fumarlas significaba imprescindible e ingente pla-
cer. La signora Lacrusea estaba de acuerdo con Konfuza, pero pensando en un dî-
sîmil panteôn de deidades, ya que el de la ciudad del ocio no era el mismo que el
de Heliôpolis. Indubitablemente la creencia del flamen, por lo que entonces sobre
ella hablar serîa una perogrullada, un subrayar lo que evidente no necesita trazos
rojos, un punto a la raya para que continûe la letra. Seguido a esta llovizna cosia-
ta de letras, el flamen le dice a la signora Lacrusea que ya era hora de regresar al
punto de partida, a palacio con los caballos, ya que no podîa darse el lujo de per-
manecer mucho tiempo fuera del templo de Jano Quirino; que êl, como teolôgico
oficio, tiene uno que cumplir de suma responsabilidad y relevancia. Por parte de
la signora Lacrusea no hubo oponencia de ningûn tipo, un decir: no, vâyase usted
que yo me quedo un rato mâs acariciando y al guacamayo. Non plus ultra de siete
minutos de lo anterior dicho, mas no antes de la despedida que por educaciôn dê-
bese dar, âbrese de nuevo la puerta de la casa y salen la signora Lacrusea y el fla-
men arrumbando sus pasos adonde estaban los caballos. Al llegar a êstos despuês
de caminar el tramo que mediaba separable entre ellos y la casa, la signora Lacru-
sea menos que ser testigo de un milagro, lo es visual de que al cuadrûpedo de ella
faltâbale el arreo de cuero grueso, por lo que sûbito pregûntale al flamen:
----Y ahora quê hacemos, tiene usted una idea?
----Vaya pregunta que usted me hace, ni que yo fuera jinete, pero me parece que y
podemos hacer algo.
----Quê, flamen, quê?
----Trêpese usted en el mîo, detrâs de mî, y nos vamos a palacio...
----Y quê hacemos con este caballo?
----Dejarlo aquî, y yo le digo al magister equitum que envîe a un soldado bâtaro a
buscarlo.
----Sî, me parece que es lo ûnico que podemos hacer..
----Y si lo sabe por quê me preguntô quê hacer?
Ya estaban en Albula Jancia y Prixeletes. Êste abre los ôculos como si corusca-
ra frente a êl una perla de Constantinopla, ya que aquêlla, semidesnuda, exhibîa su
valor cândido sin estar en un mercado. Sin dilaciôn alguna, y por la razôn de que y
la sangre no pegârase a la tela de su vestido, como ya habîa anticipado, es que rau-
do Jancia mete en el agua su ropa con el fin de quitar la macula. Una vez cumplida
con la tarea, y para que secârase, cuelga el vestido en la rama de un ârbol, el que no
era otro que el mismo donde ella y sus amigas âcraticas amarraron al colosero, cual
ya sâbese en funciôn de quê fue el hecho (de)jarlo inmôvil. Esta reminiscencia acti-
vô la idea de una posible fruiciôn, de entrar en gozo, en deleite, en humedad, segui-
do a que las manos del concomitante la tocasen de norte a sur. Como unas castañue-
las por lo que tenîa en mente, Jancia recostada al tronco del ârbol pregûntale, enton-
ces, a Prixeletes:
----Antes de que me hagas el busto no te gustarîa amarrarme a este ârbol y disfrutar
de tu modelo con las manos, no con la vista?
----Nunca me habîan hecho una pregunta como êsa, pero si es lo que deseas...
----Yo sî!!, tû no?
----Quê hombre se resistirîa a una beldad como la tuya, a dejar sin tocar esos sobre-
salientes elementos...
----Ah, entonces te gustarîa, no?
----Claro, pero con quê te amarro?
----Regresa al lugar donde me ayudaste a bajar la cremallera y allî encontraras una
cosa: el arreo de cuero que le quitê a uno de los caballos.
----Cômo, y cuândo tû hiciste eso que no te vi?
----Olvîdate ahora del cuândo y ve en busca de êl.
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